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26 de julio de 2012 | #1232

Caos y orden en Ciudad Gótica

Final para la trilogía Batman, de Nolan

Un tribunal frente a un público fervoroso juzga a los ricos y poderosos de Ciudad Gótica para que elijan entre el exilio o la muerte. ¿Se trata de la tormenta que lo limpiaría todo, según Gatúbela, esa ágil y hermosa ladrona de espíritu robinhoodesco? ¿Del "incendio" que reclama con mirada iluminada un miembro del grupo terrorista liderado por el villano Bane antes de inmolarse? El furor social y una violencia arrasadora se convierten en factores centrales en la última entrega de la saga de Batman dirigida por Christopher Nolan: “El Caballero de la Noche asciende”. Ciudad Gótica transcurre sus días en calma luego del encarcelamiento de los grupos mafiosos y criminales que la asolaban debido a una ley lograda de modo oscuro, incidente por el que Batman debió abandonar su actividad parapolicial y "heroica". Sin embargo, esa calma es sólo aparente: mientras la burguesía local, sus políticos y autoridades -grupo al que pertenece Bruce Wayne, el hombre detrás de la máscara del traje de murciélago- celebran la paz social, las inequidades sociales siguen causando estragos y, también, rabia -que cobra forma a través de canales subterráneos. El grupo terrorista de Bane, antiguo miembro de La Liga de las Sombras, se pone a la cabeza de esa rabia, aunque sus fines no tengan nada que ver con la redención social, sino que apuntan al caos total. Para restablecer el orden y el status quo hace su reaparición el hombre murciélago: regresa en medio de una situación de preludio a la guerra civil en Ciudad Gótica. Aunque sea un outsider dentro de su clase social, la acción de Batman no se aparta de una misión de orden: es por eso que, ante la incapacidad policial o su corrupción, la reemplaza en actos individuales y megalómanos. En la disputa entre Batman y Bane y su grupo aparece el furor de los sectores populares, dispuestos a no dejar piedra sobre piedra; y que recuerda a los comités de sanidad de los sans culottes de la revolución francesa del siglo XVIII -pero desorientado y sin dirección. Quizás este fenómeno sea percibido por el comisionado Gordon, que pregunta: "¿realmente creen que esto es una revolución?". Batman construye una reflexión sobre las formas del orden, las amenazas de clase que lo desafían y las posibilidades de la acción derribadora de las masas -en directa relación con su dirección-. Que tales cuestiones subyazcan en una trama de hiperacción, de coreográficas peleas y de persecuciones y de un despliegue de producción descomunal sólo agregan disfrute a un fenómeno fílmico pleno de la magia del cine que llega a su fin luego de tres entregas. Judas  

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