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10 de septiembre de 2015 | #1380

Prensa Obrera, cultura e industria

En un artículo de julio pasado cuestioné que en Prensa Obrera se insistiera en una crítica al carácter industrial de la producción cultural capitalista, por la simple razón de que sin industria el socialismo es inconcebible. Un desarrollo de las fuerzas productivas que permita una existencia material más allá de las necesidades inmediatas de supervivencia, es imposible sin la gran industria, sin la sustitución del músculo por la máquina, sin el reemplazo del esfuerzo físico por la mecánica inanimada.
 
La industria como tal es una cultura; es el legado de una larga evolución civilizatoria. El hombre es una especie única por este motivo. Puede desarrollar un vínculo consciente con la naturaleza. La labor del más bruto de los tejedores humanos se distingue de la tela de una araña "perfecta" porque el hombre la concibe primero en su cabeza, según la repetidísima definición del trabajo que aportó Marx.
 
La gran industria, la labor colectiva de masas, la escala de la producción moderna, el desarrollo tecnológico, la ciencia aplicada, la automatización... son las condiciones para que el hombre se emancipe del trabajo impuesto por la necesidad. Esta cultura de la industria es la que dará al hombre el tiempo libre para desarrollar sus posibilidades espirituales; sin esto, es una quimera la aspiración a una sociedad sin explotación, de hombres libres y directamente asociados por el desarrollo consciente de las potencias de su trabajo social. La industria, liberada del yugo impuesto por la explotación capitalista, es la medida del hombre en el porvenir.
 
En comprender esto consiste la clave del socialismo científico.
 
Oponer la cultura artesanal -individual- a la cultura "industrial" (como plantean los compañeros que baten la tecla de la crítica a la "industria") es precientífico y presocialista. No es bueno hacer gala de esto en nombre de la cultura. La conquista de una individualidad humana plena es, contradictoriamente, el punto más alto del desarrollo del hombre como potencia social y colectiva, lo que plantea la posibilidad concreta de establecer una "una asociación (de los hombres) en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos" (Manifiesto Comunista).
 
El compañero Eduardo Mileo defiende la "artesanía" en el ámbito de la cultura (Prensa Obrera N° 1371) de un modo se diría que brutal. "La industrialización de las ideas -dice-, conduce inexorablemente (sic) al fascismo". Sin embargo, sólo se pueden "industrializar" ideas porque por ahora las máquinas no piensan. Es lo que acabamos de citar de Marx acerca de lo que distingue a nuestra especie. La cultura de la industria es el requisito de una nueva era histórica.

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