13/12/2020

40 años de “Sandinista!” de The Clash

El "álbum blanco" de los rojos del punk.

Cuatro décadas atrás, los 70´s habían finalizado en una tragedia total. Mientras que en las potencias imperialistas emergía la llamada “revolución conservadora” encabezada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, en América Latina las diferentes experiencias nacionalistas terminaron abriéndole las puertas a las más sangrientas dictaduras militares. Atrás parecían haber quedado aquellas gestas populares del movimiento obrero y estudiantil que habían conmovido al mundo entero una década atrás.

La contracultura y el sueño hippie había llegado a su fin con artistas aburguesados habituados a los millonarios contratos, y el punk, aquel movimiento que se había encargado de escandalizar y provocar a la flemática sociedad británica, se había estancado transformándose en una parodia de sí mismo, colándose en la alta costura y en el interés de las principales discográficas y tirando por la borda el sueño del “hazlo tu mismo”.

Pero de repente el siglo de las revoluciones sociales volvió a demostrar su vigencia histórica y en un pequeño país de Centroamérica llamado Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) –un frente popular conformado entre sectores campesinos, obreros y de la burguesía y la pequeña burguesía “anti-somocista”- daba fin a los más de 40 años de la dictadura pro imperialista de la familia Somoza.

Y en ese “de repente” hubo una banda que a través de su disco triple de 36 canciones y rompiendo los moldes y estereotipos del género punk, se transformo en casi la crónica periodística de aquel proceso revolucionario en ese agitado cambio de década en 1980.

Su nombre es “Sandinista!”, el cuarto disco de The Clash que el 12 de diciembre cumplió 40 años.

Realidad ´80

Corría el año 1980 y los Clash aun disfrutaban su consagración como banda después de su legendario disco doble “London Calling”, editado en diciembre de 1979 y cuya revista Rolling Stone lo catalogo como “mejor disco del año 1980” (en los Estados Unidos fue publicado recién en enero)

Aquel disco doble, además de lograr sortear las recriminaciones de la discográfica CBS a que el mismo sea vendido al precio de uno, también fue el inicio de una etapa experimental de la banda, rompiendo así los posibles prejuicios que un grupo punk edite un LP con la envergadura propia de una banda de Rock progresivo.

En cierta medida, para 1980  la escena punk se había estancado entre el culto por el nihilismo y el manoseo de la industria discográfica. La estética del No Future ya no escandalizaba y varios de los grupos pioneros como Siouxsie and the Banshees, The Damned, y el propio ex cantante de los Sex Pistols John Lydon habían huido hacia la naciente escena Postpunk con una propuesta más focalizada en una experimentación sonora más oscura desde una perspectiva individual, introspectiva y existencialista, poniéndole asi música a la densa niebla londinense de la era Thatcher.

Mientras que la segunda ola punk de 1980, en medio de un espectáculo callejero de moda con turistas buscando una foto al lado de jóvenes con camperas de cuero y peinados “Mohawk” a cambio de unas pocas libras, se dirimía, entre propuestas como The Exploited, GBH y UK Subs (todas ellas de corte nihilista con el agregado de un sonido más podrido y veloz) y la solitaria militancia anarco-pacifistas de los Crass, con “Sandinista!” The Clash se hizo eco de una revolución social en curso cuestionando asi el espíritu “No future” pesimista e incapaz de comprender algún tipo de salida superadora y colectiva de los explotados y la humanidad.

Como demostración de su interés por llegar a los miles de jóvenes de clase obrera, como en “London Calling” volvieron a exigirle a la discográfica CBS que el disco triple sea vendido al precio de uno amen inclusive de perder las regalías por el mismo en el Reino Unido.

This is Radio Clash

Si los dos primeros discos de The Clash fueron los testimonios crudos de la vivencia de la juventud británica de los barrios obreros entre la desocupación, el racismo y la represión como así el rechazo y el aburrimiento hacia las estrellas de rock, “Sandinista!” fue una crónica periodística y un manifiesto político ante las atrocidades cometidas por el capitalismo y el imperialismo en el mundo entero y la lucha de los oprimidos contra esta explotación.

A través de sus 36 canciones, el disco nos transporta hacia todos los confines del planeta denunciando las intervenciones políticas y bélicas de los Estados Unidos, las dictaduras militares en América latina, las secuelas de la guerra de Vietnam, las tensiones entre China y la URSS  como así la simpatía por rebeliones populares y procesos insurreccionales como la misma revolución nicaragüense y los levantamientos anti raciales del interior de Gran Bretaña. Todo esto unido a una búsqueda por captar las nuevas expresiones musicales y culturales desde los suburbios ingleses, pasando Jamaica hasta los barrios del Harlem y el Bronx entre un abanico de géneros y sonidos tan diversos como el punk rock y la new wave, soul, funk, calipso, reggae, roots reggae, dub, góspel, jazz bebop, rythmin and blues, rockabilly, disco y hip hop.

Su grabación, tan caótica como creativa, conto con varias escalas internacionales entre el Wessex y Pluto Studio de Londres y Manchester, el Electric Lady Studio de Nueva York de Jimi Hendrix y el Channel One Studios Kingston de Jamaica, una gira que testimonia la guerra de egos entre Joe Strummer y Mick Jones como músicos y productores del mismo Lp, una guerra que dejaría mal herida a la banda hasta no después de su muy consagrado disco “Combat Rock” (1982).

“Sandinista!” cuenta con colaboraciones artísticas que van desde el bajo y el teclado de Norman Watt-Roy y Mick Gallager de la banda Ian Dury & the Blockheads (conocida por su corte “Sex, drugs & rock´n roll”), el guitarrista Ivan Julian de Richard Hell (banda tan neoyorkina como el propio club CBGB) y la somnolienta voz de Mickey Dread con su dub repletos de delay y efectos de reverb.

La banda así comienza a evolucionar su inicial formato sonoro, el cual se había caracterizado con el desenfrenado rasgueo de Joe Strummer en su Fender Telecaster de sonido limpio, las poderosas pastillas “P90” de la Gibson Les Paul “Double cut” de Mick Jones, el estilo “contrapuntual” del Jazz Bass de Paul Simonon y la autodidacta batería de Terry Chimes.

Comentar y analizar la lista entera de canciones sería un acto de irracionalidad pero al mismo tiempo una justeza. Casi ninguna de las canciones se parecen entre si y aun así, entre ese bazar de géneros, el disco logra crear por momentos un ambiente similar a la ópera rock.

De ese caos salieron temas como “The Magnificent Seven”, considerado como el primer hip hop cantado por blancos, antes que Blondie, los Beastie Boys, que el crossover entre Aerosmith y Run Dmc y hasta el propio Vanilla Ice. Una pieza que logra captar la interacción de la banda con la emergente escena neoyorkina afroamericana la cual, como la juventud inglesa con el punk, hacía del Hip Hop y el break-dance un canal de expresión contra el racismo y la violencia policiaca sufrida en el Harlem y el Bronx. Una interacción que se fusionaría aun mas en los trabajos realizados por los Clash junto al artista grafitero Leonard Hilton McGurr, más conocido como “Futura 2000”, en canciones como “Radio Clash” o el muy pegadizo rap “The Escapades Of Futura 2000” en 1982.

Su letra, casi hermanada a la muy punk “Carrer Opportunities” del primer Lp de 1977, hace mención a la pesadez alienante de la sociedad de consumo y la explotación laboral, con algunas menciones tan irónicas y graciosas a personajes históricos desde Marx y Engels hasta Nixon y Platón.

Por otro lado, y en clave mas Jamaiquino, se encuentra “Charlie don´t Surf”, un agridulce y nostálgico reggae con algunos matices de Motown que relatan la cruda barbarie de la guerra de Vietnam desde el film “Apocalipsys Now”. La cadencia de sus sintetizadores y su sonido ambiental -junto al dúo de voces entre Strummer y Jones- transforman a la canción en una suerte de “Vuelo de Valkirias”, aunque en este caso lo que sobrevuela sobre el aires son los helicópteros del teniente coronel Bill Kilgore que arrasan las aldeas a punta de Napalm.

En la misma tónica antiimperialista, le siguen “Washington Bullets”, tal vez la más política de toda la discografía de los Clash, la cual es una crónica de la injerencia yanqui y británica en los golpes de Estado como el de Chile, haciendo honor al cantor Víctor Jara como así la heroica resistencia del pueblo cubano en Bahía de Cochinos y la propia revolución Nicaragüense, sin tampoco dejar de mencionar y cuestionar las incursiones militares de la burocracia estalinista de la Unión Soviética y China en Afganistán y el Tíbet.

Sin duda alguna las sugerencias de la cantante y activista feminista Viv Albertine, cantante de las “Slits” y ex pareja de Mick Jones, sobre “hacer canciones más politizadas” se transformo en la directriz del disco.

No obstante, como “de política no solo vive el hombre”, Sandinista también es una obra de ruptura musical contra los estereotipos de la industria no solo en la idea de ofertar un disco triple al precio de uno. El Lp está repleto de experimentos musicales, diálogos de estudio, canciones cantadas por niños y remixados de las mismas canciones entre reverbs y delay

Entre ellas se destaca una: “Mensforth Hill”.

A pesar de la dificultad de entender que pretendían hacer los Clash en más de tres minutos y medio de collage sonoro con cintas al revés, diálogos irracionales y un remix que incluyen a la canción “Something about England”, el resultante de la misma hace recordar con grandes similitudes a nada menos que “Revolution 9” de los Beatles, tema más precisamente de su disco experimental vulgarmente conocido como “El álbum blanco”.

Un dato curioso que, unido al nuevo look rockabilly de la banda, la utilización de la tipografía de un disco de Elvis para London Calling y la gran carga de música afroamericana en este disco cual al estilo Rolling Stones de 1964, parecía cuestionar aquel grito de guerra punk que la propia banda cometiera en su canción “1977”, cuando rezaban en su estribillo “No Elvis, no Beatles, no Rolling Stones en 1977”.

Evidentemente el “Romper todo y empezar de nuevo” con que décadas después el crítico de música caracterizaría al postpunk, tampoco le había sido ajena a la banda.

“Hijo nuestro podrido en el rio, hijo nuestro de nuestra pasión”

Hablar de Sandinista y su relación con el rock latino es hablar de su esencia.

Su influencia desde lo estrictamente musical como estético político traspasaron no solo las fronteras territoriales de Inglaterra sino inclusive en el tiempo, llegando a marcar el camino a grupos internacionales en los 90´s como Rage Against the Machine, Plastilina Mosh, Café Tacuba o yendo más atrás en el tiempo a bandas ochenteras de España como Seguridad Social, Radio Futura o en Chile con Los Prisioneros, sin dejar de olvidar a la plurinacional banda “Mano Negra” y al propio Manu Chao.

Pero particularmente la Argentina supo cosechar un fuerte culto por The Clash en toda clase de músicos, sean o no del palo del punk.

Además de los pocos vinilos que en la dictadura llegaban vía los hijos de los padres que disfrutaban el “deme dos” de la plata dulce o más modestamente los encargos que la legendaria disquería “El Agujerito” podía traer, el disco Sandinista tuvo un impacto profundo el rock argentino desde los principios de los 80´s.

El propio Charly García lo nombra en su sarcástica canción “No bombardeen Buenos Aires” como parte de una escena que pretende ironizar el creciente chauvinismo militarista de la guerra de Malvinas con las nuevas tendencias musicales y culturales que estaban haciendo mella en la juventud de 1982.

Pero es en los términos musicales donde el disco se hizo más fuerte en la escena rockera local.

Entre ellos se pueden encontrar a los Fabulosos Cadillacs con sus fusiones de Ska y música latina, por supuesto a gran parte de la escena punk argentina previa a la movida barrial de los 90´s como Los Violadores y con mucha más fuerza a la extinta banda “Todos tus Muertos”, la cual fusionaba la rabia escénica del hardcore-punk de los Bad Brains junto a la lirica y la experimentación rastafari. De ahí es que su tercer disco “Dale Aborigen” (1994) fue considerado por algunos como un especie de “Sandinista!” argentino.

Revolution Rock Cuatro décadas pasaron y de la Nicaragua Sandinista solo quedan algunos opacos murales panfletarios en las calles de Managua. Lo que los “contras” de Reagan no pudieron lo pudo el propio FSLN con su intento de crear una “burguesía de Córdobas” (moneda nacional de Nicaragua), negociando el pago de la deuda externa del régimen Somocista, restaurando el régimen democrático burgués a través del llamando a elecciones, un costo político que terminara llevando al Sandinismo a entregar el poder (y la revolución) a la conservadora Violeta Chamorro en 1990. El Sandinismo de hoy, con un Daniel Ortega como administrador de la miseria de los planes del FMI y represor del pueblo -con asesinatos y desapariciones- y cómplice del clero al impulsar la penalización total del derecho al aborto en 2017, bastante cerca esta de los Somoza como parte de la incapacidad e inviabilidad política de esas experiencias nacionalistas en poder llevar de forma consecuente la tarea de liberar a América latina del yugo imperialista. En cambio “Sandinista!”, con sus 36 canciones y sus interminables 135 minutos de música, su caótico bazar de géneros y su compromiso por la libertad en el arte como así en las causas por la liberación los oprimidos del mundo, bastante mucho más cerca esta (y quedará) de la miliciana sandinista llamada Blanca López Hernández, inmortalizada en aquella foto de 1984 mientras daba de amamantar a su bebe con su fusil Ak-47 y su espontanea sonrisa.

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