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7 de noviembre de 2018

Joaquín Guillén o la cooptación política capitalista en el mundo del rock

El ex cantante de Shaila es hoy un funcionario macrista en Quilmes.

La sorpresa tocó a la puerta de muchos: a partir de una publicación de quien suscribe en las redes sociales, se viralizó que Joaquín Guillén, cantante de la banda Shaila (por años de las más destacadas del Hardcore Punk local), es hoy un funcionario macrista de alto rango, para ser más exactos Director de Desarrollo Territorial del Anses en el municipio de Quilmes, donde el también macrista Martiniano Molina es intendente. 

¿Por qué la sorpresa? Sucede que la mayoría de las letras que escribía Guillén para la banda (formada en 1994 y por el momento en inactividad) tenían como particularidad una politización clara y explícita, con una denuncia constante al sistema capitalista, guiada por una cosmovisión que combinaba elementos del marxismo, latinoamericanismo y el anticlericalismo. 

¿Cómo pasar, entonces, de ser la cara y voz de una banda “contestataria” de uno de los géneros más combativos que nació del rock a un funcionario de un gobierno derechista, represor y hambreador del pueblo? ¿Lo que la banda pregonaba siempre fue una mentira que nunca creyeron o, simplemente, “se vendió” al sistema? Sea como fuera, es importante que quede claro que no es un simple empleado, sino que tiene un cargo de poder. A partir de la viralización han aparecido denuncias de distintos compañeros que involucran despidos y ñoquis por parte de Guillén. Más claro echale agua.

La cooptación por parte del Estado en el mundo del punk y del rock no es nada nuevo: el tristemente célebre Cristian Aldana, hoy preso por violación y abuso a distintas mujeres, era el ejemplo más claro de este fenómeno, en su caso por parte del kirchnerismo, que hizo de este método un arte en sí mismo. Con su candidatura a diputado, Aldana pretendió demostrar que al sistema “hay que cambiarlo desde adentro”. Los 12 años de kirchnerismo en general, y en particular en el ámbito cultural, demostraron que al sistema no se lo cambia desde adentro porque está completamente podrido. Así le terminó indicando la experiencia a los compañeros de los medios comunitarios que confiaron en la Ley de Medios para luego darse cuenta que en verdad no había espacio ni financiamiento alguno por parte del gobierno para ellos, sino todo lo contrario: la ley había sido planteada a medida del pedido de Teléfonica había hecho a CFK por el ingreso al Triple Play.
Cuando un músico decide dejar de lado su independencia política y de clase para entrar de lleno como político y formar parte de un Estado que representa los intereses opuestos al de los trabajadores, como en el caso de Guillén y Aldana, se convierte ya no en espectador de las políticas nefastas de los gobiernos de turno sino en partícipe e ideólogo de estos. Es decir: ponen su trabajo y su intelecto al servicio del poder y del capitalismo que supieron criticar (Joe Strummer de The Clash se retuerce en su tumba en este momento). Ni las líricas anticapitalistas ni las luces del escenario eximen a los artistas de estar expuestos a las presiones de los partidos y gobiernos de los empresarios.

Por todo lo explicado, es necesario que los artistas construyamos organizaciones de lucha independientes del Estado para, junto a toda la clase obrera, hacer crecer una alternativa política socialista, y así dar pelea con un solo puño a un sistema que tiene sumido al mundo entero en una crisis brutal. 

Para concluir este artículo con claridad, utilizaré las palabras que el mismo Guillén escribió para la letra de la canción de Shaila llamada Farsantes, ya que no hace falta aclarar nada más: “Los intereses decretan la afiliación/y el comentario al dorso del conspirador/ del abrazo fiel de Caín a Abel, como el Casio de otro Bruto de forma que cena con Judas siendo el anfitrión./Así viven, así fingen, así reptan los farsantes/siembran miedo, odio y grises/que sonríen mientras nos dividen.”
 

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