17/03/2021

50 años de La Biblia de Vox Dei: Dios es argentino pero atiende en Quilmes

Hablar de rock y religión es un tema incomodo y hasta sacrilégico.

Difícilmente se puede evitar imaginar a un grupo de músicos, contratados en un local evangelista de barrio, tratando de crear –entre melodías de pop dietético hasta impostados riff al estilo Steve Vai-  el clímax necesario para edulcorar los histéricos sermones del pastor a la hora de solicitar el diezmo a sus feligreses. O inclusive dejar de recordar los recitales de grupos como Rescate y Kyosko, verdaderos festivales anti-derecho disfrazados de rock chabón y “cultura del aguante”.

No obstante, como “en la viña del señor hay de todo” hubo un disco que, sin tantas pretensiones religiosas, iluminó la escena rockera nacional en su génesis –allá por el 15 de marzo de 1971- y que dio a luz al primer álbum conceptual argentino: La Biblia de Vox Dei, el cual elevó la vara tanto en lo poético como en los estándares de grabación de aquellos tiempos, poniéndolo a la altura de piezas internacionalmente consagradas como Tommy de los Who.

Disco es cultura (y concepto)

No hay duda que un trabajo tan complejo, tanto por sus 150 horas de grabación (algo inédito en un país, donde el promedio era de tan solo 20), por sus disputas legales y portazos previas a su edición, como así la fuerte presión por evitar la censura del poder eclesiástico, solo podía ser eclipsado el mismo día de su lanzamiento por el “Viborazo”, considerado en la historia argentina como “el segundo Cordobazo”. Mientras que estos cuatro pibes de zona sur esperaban las repercusiones de lo que sería una obra monumental, el país entero estaba en vilo por los sucesos históricos que ponían a la clase obrera como factor de la situación política.

Pero para entender el por qué un grupo de rock -en épocas de censura estatal, pacatería moral y estigmatización de la juventud- se inspiro en el icono de una institución tan conservadora como la Iglesia Católica, debemos remontarnos a 1970.

Por entonces Vox Dei ya había grabado -después de ser persuadidos por Spinetta a dejar de cantar en ingles- su disco debut Caliente, una placa de sonido rustico con algunas reminiscencias a la psicodelia y principalmente a la escena de blues rock británica con bandas como Ten Years After, Cream y Led Zeppelin. El mismo daría a luz el hit que musicalizaría por años las despedidas de 5to año de la secundaria: “Presente”. De un día para el otro, estos cuatro pibes de Quilmes habían logrado hacerse escuchar en una época donde las principales discográficas les cerraban las puertas a la emergente escena rockera argentina, haciendo de Mandioca Records el único canal de difusión posible.

Fue entonces en ese contexto que, cruzando el viaducto de Sarandí en el colectivo 98, nació el proyecto de interpretar las santas escrituras del Viejo y Nuevo Testamento en un álbum de rock inspirándose en la estructura de la banda de sonido de 2001, Odisea del Espacio. Un proyecto ambicioso pero además colectivo gracias a las colaboraciones con equipos e instrumentos de los grupos Almendra y Los Gatos. Colaboraciones que fueron vitales para lograr un brillo sonoro que inclusive se ganaría las ovaciones de los propios ingenieros de sonido del mítico estudio fundado por Jimi Hendrix, el Electric Lady de Nueva York.

La idea de hacer un álbum doble conceptual en la Argentina era todo un desafío que ponía al grupo  a la altura de la escena internacional. Desde fines de la década del ´60, el rock había comenzado a crear sus primeras obras conceptuales u operas-rock como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club de los Beatles, The Who Sell Out y Tommy de los Who, S.F Sorrow de The Pretty Things y Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) de The Kinks. Inclusive los “charrúas” Shakers hicieron su intento en la otra orilla del Río de la Plata con La conferencia secreta del Toto’s Bar en 1968, toda una evolución para esos Beatles uruguayos que en 1965 había sacudido a la región con la naif “Rompan todo”.

El concepto de crear un arte unificado se había transformado en una tendencia que emergía junto a la complejidad y la exploración sonora, buscando así superar la noción del disco como un simple envase de canciones sueltas e inconexas.

A imagen y semejanza

Entre los siete “versículos” que componen a esta “biblia eléctrica”, el culto por el blues es atravesado por elementos que van desde el folklore, el hard rock y los arreglos orquestales de cuerdas y coros de la mano del director Roberto Lar, reconocido por haber musicalizado “La Hora de los Hornos”. Arreglos que le dan al disco un clímax desértico y místico que por momentos se asemejan al Live at Pompeii de Pink Floyd de 1972.

Mas allá de estar ante una obra tan unificada, tal vez sea “Libros Sapienciales”  la canción que mejor sintetice los ocho meses de grabación del disco, donde la impronta folklórica de Willy Quiroga se fusionaba con el intenso blues de Godoy y la poética pluma de Soulé, todos ellos acompañados por unos sutiles arreglos de vientos de Roberto Lar. La misma se fue armando de forma itinerante entre la sala de ensayo, los estudios TNT, la casa de los padres de Rubén Basoalto en Lanús y la casa de Soulé en Quilmes.

Sus letras son una interpretación que buscan “humanizar” los diferentes personajes que, de forma cronológica, recorren todos los textos canónicos desde “Génesis” (cuya intro emula al bajo de “Come Together” de los Beatles) hasta “Apocalipsis”. El propio Ricardo Soulé, autor de las mismas, opto por buscar un lenguaje tan simple como poético que no estuviera cargado de los dogmas propios de un libro tan pétreo como la Biblia, como en su momento lo confesaría en la Revista Pelo: “Al principio pensé que debía encarar los textos de la Biblia en forma dogmática. Sin poner nada de mí. Decidí entonces que tenía que jugarme. Dar un poco la cara ya que había decidido afrontar el tema. No tenía otra salida que elaborar mi propia interpretación de las escrituras. Contar lo que ocurre en la Biblia pero tal como yo lo sentí al leerla”.

Inclusive estas interpretaciones no se escapaban al contexto de 1971, como en la canción “Las Guerras”, la cual –en plan de hard rock- a simple vista parece focalizarse en el enfrentamiento entre David y Goliat pero que entre líneas se puede encontrar una certera crónica de la guerra de Vietnam.

No era para menos, por ese entonces la Misa Criolla, los curas tercermundistas y la teología de la liberación parecían alimentar un hibrido donde convivían desde las santas escrituras, los textos de Marx y la esperanza por la vuelta de Perón. Una estrategia plagada de contradicciones (las cuales terminaron costándole la vida a un cura del cristianismo revolucionario y el peronismo de izquierda como el Padre Mujica en manos de la Triple A) en la que muchos jóvenes que se enrolaron en la misma, abrazaron con entusiasmo el atrevido proyecto de los músicos quilmeños.

Sin embargo los que en un principio no tomaron con entusiasmo el disco fueron los jerarcas de la propia Iglesia Católica, la cual le exigió a Vox Dei una copia de todas las letras para evaluarlas y ver si el grupo pasaría la misma suerte del resto de bandas que debían sobrellevar la censura estatal. Mas allá de las alabanzas recibidas por el secretario de la Vicaria Castrense Monseñor Emilio Teodoro Graselli (acusado años después por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar), la banda se vio obligada, en los primeros quinientos ejemplares del LP, en adosar una carta donde la iglesia recomendaba a la juventud escuchar el álbum a fin de mostrar públicamente que La Biblia tenia la venia de la Iglesia y así disipar cualquier polémica con los sectores más reaccionarios y religiosos.

Fue así, que entre las presiones de la iglesia, el quiebre de Mandioca Records (y las condiciones leoninas de la nueva discográfica, Disc Jockey) como así el portazo de Juan Carlos “Yudi” Godoy -que transformo al grupo en un trío- la “Voz de Dios” pudo lanzar, entre cierta desazón por grabaciones y arreglos excluidos por la discográfica y un clima de tensión, el primer disco doble conceptual del rock argentino.

Todo un hito que proyectarían al grupo a escala nacional e inclusive internacional a través de un proyecto de editar el álbum en los EEUU, situación que se vio frustrada por las condiciones del contrato firmado con la discográfica local.

Vox populi, vox Dei

A lo largo de los 50 años que siguieron, la historia supo mitigar el accidentado devenir de este álbum, reinterpretándolo con mayor o menor justeza en numerosas ocasiones, tanto por los propios Vox Dei como por otros artistas como el súper grupo Ensamble Musical en 1974 o Soda Stereo, el cual tocó «Génesis» en su galáctico Unplugged de MTV en 1996.

La sencillez poética con que logra interpretar textos a los que un teólogo le sería difícil resumir, lo hacen un disco único en la música contemporánea muy a pesar de la precariedad de los estudios de grabación y equipos disponibles en la Argentina de ese momento.

En definitiva, en una época donde el concepto del disco ha desaparecido y la industria discográfica contabiliza visitas y escuchas de temas subidos de manera inconexa, pensar hoy en La Biblia nos recuerda en la capacidad del arte en revolucionar los sentidos son infinitas, inclusive en las condiciones más adversas y hasta a través de uno de los más preciados símbolos del poder oscurantista de la Iglesia Católica.

 

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