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11 de diciembre de 2018

Crass: el cachetazo punk a Thatcher y el mainstream

Romper el statu quo, enfrentarse al mainstream y al poder y luchar de manera inclaudicable por mantener una postura política y dar el ejemplo. Eso fue, en pocas palabras, Crass, banda de punk inglés. Sus integrantes fueron pioneros en la ideología de la producción musical independiente, que es hoy es común en este género y el rock independiente. Olvidados en la mayoría de los libros de la historia de la música, son sin dudas una de las más grandes bandas de rock político que haya existido.

Vanguardia, rupturismo y militancia

La historia de Crass está llena de vanguardia, rupturismo y militancia. La banda fue fundada por Penny Rimbaud y Steve Ignorant a principios de 1977 en Londres, Inglaterra, pegándole un cachetazo a los artistas más reconocidos del punk, denunciando a The Clash y Sex Pistols por vender rebeldía y ser en realidad “una promoción del negocio de la música” (Autobiografía del disco Best Before).

Desde un comienzo, la música nunca fue lo más importante en su “carrera musical”. De hecho, dentro de su postura, sus miembros nunca vieron a Crass como un típico grupo de amigos que se junta a tocar, sino como una vía de activismo y de concientización, que durante los años fue extendiéndose a miles de personas.

Fueron ellos quienes, por ejemplo, comenzaron a utilizar la A anarquista dentro de un círculo como bandera y símbolo en sus shows, insignia que se fue engrandeciendo hasta hacerse parte sustancial del punk mundial y su idiosincrasia. Su ideología era el anarcopacifismo, motivo por el cual apoyaban causas como la CND (Campaña por el Desarme Nuclear), organización que resurgió de las cenizas y se transformó en un movimiento de masas gracias a la difusión que Crass le dio. Por acciones como estas fueron adelantados en el rock en apoyar a organizaciones políticas, más allá de sus limitaciones. Tan a fondo iba el activismo de la banda que ya para 1980, con el segundo disco titulado Stations of the Crass vendiéndose a mansalva y llevando gran cantidad de público a sus shows, decidieron tocar solamente en conciertos benéficos o por causas sociales. Su visión de denuncia contra todo tipo de injusticia los hizo ser censurados y atacados por los medios de comunicación por ser uno de las pocas agrupaciones en oponerse a la guerra de Malvinas y lanzar el primer álbum abiertamente anti sexista del punk, Penis Envy, en 1981, que llegaría al puesto 15 en las tiendas de todo Reino Unido. Sin embargo, mientras Crass iba radicalizando su militancia y enfrentándose al poder de turno, la persecución del Estado británico se haría cada vez más grande.

Hazlo Tú Mismo, persecución política y disolución

Si hay algo que se le debe a Crass es el reconocimiento por ser uno de los mentores de la verdadera ideología del Hazlo Tú Mismo, que luego se extendería como reguero de pólvora. Hazlo Tú Mismo (“Do It Yourself”), es un movimiento que se caracteriza por prescindir de sellos multinacionales, en el que las bandas se encargan de todo lo que hace al desarrollo de las mismas (producción de shows, management, gráfica, etc.). Hoy en día esto es algo completamente normal, pero en esos días sin recursos como internet (y más teniendo en cuenta el hecho de que Crass era seducido por EMI y otras grandes empresas para firmar jugosos contratos frente a su rotunda negativa) llevarlo al extremo, como lo hizo la banda, fue un puntapié inicial transcendental para el HTM. Como ejemplo está todo el material de muchos artistas editado por Crass Records y el hecho de que vivieran en comunidad en una granja llamada Dial House.

Crass fue víctima directa de la persecución del gobierno de Margaret Thatcher. Uno de los métodos era por medio de diversas agencias represivas, hostigando a quienes editaran o vendieran su material o a quienes estuvieran relacionados con la organización de sus shows. Pero lo peor comenzó luego de la guerra de Malvinas, en 1984, con Crass enfrentándose en soledad, sin ninguna organización política que los respalde, al Estado. Y es que, ya en el pico de su popularidad, el Estado estaba cansado de soportar que, por ejemplo, hubiesen divulgado información confidencial sobre la guerra que les había llegado a través de un informante o de que lanzaran material discográfico como How Does It Feel To Be The Mother Of 1000 Dead? (¿Cómo se siente ser la madre de 1000 muertos?) y otras denuncias directas a Teatcher. Desgastados por varias demandas judiciales y un acoso constante, el gobierno derechista logró su cometido: Crass se disolvió luego de dar el 7 de junio de 1984, emblemáticamente, un concierto en Gales a favor de la extraordinaria huelga minera -que el gobierno enfrentaría duramente y lograría derrotar un tiempo después, en un ataque hacia toda la clase obrera británica.

Lecciones de los guerreros pacifistas

La historia de Crass es única en la música contemporánea. Su visión y su legado ha servido a generaciones venideras (lo sepan o no) para politizarse, formar sus bandas sin depender de compañías o realizar experiencias parecidas de la que ellos fueron pioneros.

Es importante, sin embargo, tomar una lección de esa historia de Crass, de sus méritos y sus límites: ninguna banda, por más vanguardista y revolucionaria que sea, puede pelear sola contra un Estado. Los ideales que perseguía la banda no se pueden alcanzar mediante el anarco-pacifismo que ellos profesaban: la transformación de la sociedad requiere de una revolución, y para ello es necesaria la organización de las y los trabajadores y la construcción de su propio partido, un partido obrero. Los artistas que procuren construir un mañana distinto tienen planteado unirse a esa formidable tarea.

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