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14 de diciembre de 2018

“Narcos: México”: el libreto de la DEA

En su primera temporada, la nueva edición de la serie se centra en la cartelización del negocio y va a tono con la línea del imperialismo norteamericano.

En los últimos tiempos han ido ganando cada vez más lugar las producciones cinematográficas, audiovisuales y de entretenimiento vinculadas al fenómeno del narcotráfico.

Gran parte de este atractivo cultural se aloja en figuras destacadas y controversiales como la de Pablo Escobar Gaviria. A él refieren decenas de películas, literatura, documentales y series como la popularizada producción colombiana Escobar, el patrón del mal. Lo siguen historias como la de Amado Carrillo (El señor de los cielos), J. J. Velásquez (Sobreviviendo a Escobar) y Joaquín “El Chapo” Guzmán (El Chapo), entre otras.

El interés popular por estas historias puede vincularse a la fascinación por quienes desde una posición plebeya llegaron a liderar imperios económicos y organizativos. El narcotráfico se ha transformado en uno de los mayores negocios del mundo, dando cuenta de la descomposición capitalista.

Narcos y Narcos: México

Sobre estas bases Netflix nos ofrece tres temporadas de la serie Narcos -dos de ellas dedicadas al Cartel de Medellín y la historia de Pablo Escobar y la tercera a sus enemigos del cartel de Cali- y el reciente lanzamiento de Narcos: México, que desarrolla la evolución del narcotráfico mexicano de pequeños caudillos individuales a la conformación del Cartel de Guadalajara. Su primera temporada transcurre en la década de los ’70.

En Narcos: México el salto de calidad se ve impulsado por la necesidad de los narcotraficantes de salir de su esquema rudimentario y evitar las requisas policiales, sobre los términos de construir una organización mancomunada que les permita negociar con las cabezas del poder político y las fuerzas de seguridad y filtrarse así en el normal funcionamiento de las instituciones del régimen.

Tanto en esta última producción, como en las anteriores, se logra retratar con fidelidad los vínculos del narcotráfico con el poder político local, financiando candidaturas y posiciones de gobierno, integrando oficiales en la nómina del Cartel, sobornando periodistas, jueces, diputados, etc. Los Cárteles crecen como un tumor en el organismo del régimen democrático burgués, su crecimiento acelerado se debe a la propia descomposición del sistema y a su misma naturaleza, donde el capital, sea cual fuere su forma, domina los principales aspectos de la sociedad.

El rol de la DEA

Pese a estas virtudes la serie presenta un defecto intencionado. El hilo de las responsabilidades nunca llega a lo más alto del poder político, a los principales destinatarios de la producción de los Cárteles, el imperialismo norteamericano. En sus cuatro temporadas, la DEA aparece como un organismo inmaculado, ajeno a toda negociación institucional con los narcotraficantes. Aunque bien es conocida la asociación de la DEA y el Bloque de Búsqueda con los narcotraficantes conocidos como los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) para capturar a Pablo Escobar, en la serie la responsabilidad le es endilgada personalmente a un oficial de la DEA, y justificada por su afán de capturar al capo del Cartel de Medellín. Narcos: México no solo cuenta la historia del origen de los Cárteles sino que también se ocupa de los inicios de la DEA. Los ángulos vuelven a ser los mismos: la perseverancia individual e incorruptible de los agentes norteamericanos contra el narcotráfico y la corrupción local.

Acentuando esta línea, Narcos nos propone la justificación ideológica de las intervenciones militares en Latinoamérica. Así visto, los gobiernos locales serían incapaces de actuar por su cuenta debido a que sus endebles democracias serían más vulnerables al narcotráfico y la corrupción. De allí que los Estados Unidos se erijan como los guardianes de la democracia y la lucha contra el narcotráfico.

Lejos de esto es sabido que el imperialismo utiliza al narcotráfico como un pretexto para justificar sus incursiones militares, la instalación de bases propias por todo el subcontinente y para inmiscuirse en los asuntos internos de dichos países. A su vez, la Cartelización le ha significado el beneficio de imponer las condiciones de un negocio multimillonario que alimenta las arcas de los bancos y la economía mundial en declive. La dialéctica en el vínculo entre la DEA, los narcos y los gobiernos, se retrata con mayor fidelidad en la serie El Chapo, donde el narcotráfico es promovido y sancionado desde la propia mesa del Departamento de Estado norteamericano, y donde las bajas y extradiciones son parte de la lógica de reciclado del negocio del narcotráfico.

 

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