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5 de enero de 2019

Colonia de verano en el Teatro Colón: una opción para (muy) pocos

El mayor teatro lírico del país ofrece actividades para niños a altos aranceles. El correlato de una política privatista y precarizadora.

Las autoridades del Teatro Colón han lanzado un programa de actividades artísticas para niños de entre 6 y 13 años de edad.

Divididos en diferentes currículos que van desde Canto, Danza, Caracterización teatral (maquillaje) y visitas guiadas, los asistentes tomarán clases de mano de alumnos egresados o próximos a egresar del prestigioso instituto de arte del Teatro Colón, el ISA.

La forma de contratación de los docentes es la ya fuertemente establecida contratación por obra o de locación de obra. De esta manera se evita establecer una conexión directa entre el ente y los trabajadores que en este caso se desenvolverán como docentes de carrera.

Los pequeños alumnos tomarán estas clases en el Salón Dorado, en la Sala Bicentenario (sala de orquesta y de escena), en la Sala 9 de Julio (ballet) y también se utilizará el comedor para el personal del 1º sub suelo destinado a los trabajadores de la casa.

Pero estos cursos no son gratuitos, sino arancelados. Ni siquiera podría decirse que sean tarifas accesibles para los hijos de los trabajadores del teatro o de la Ciudad, que han cerrado una paritaria a la baja.

Se detalla en una tabla de aranceles: la semana a 4.000 pesos ó dos semanas consecutivas 7.200 pesos por cuatro horas de actividades de lunes a viernes.

Esta nueva idea provino del riñón más íntimo, sino de la mismísima directora Gral. María Victoria Alcaraz y el aspecto llamativo e indignante de estas actividades es que desde hace dos años se les prohíbe a los trabajadores –más de mil– el ingreso el establecimiento con hijos o con menores a su cuidado tomando como excusa los seguros médicos o la falta de ellos para los niños. Esta prohibición se agrava en cuanto no hay guardería para los hijos de los trabajadores y las disponibilidades horarias no son nada fáciles de conjugar,ni siquiera recurriendo a establecimientos por fuera del teatro. Por ejemplo, un bailarín o bailarina pueden entrar a clase a las 9 de la mañana, tener ensayo por la tarde hasta las 17 y función de 20 a 24. Lo mismo sucede con el Coro Estable o las dos orquestas de la casa. Es decir que si hay un negocio o un arancel de por medio, los chicos pueden ingresar. Si no, no.

Cabe añadir que la prohibición del ingreso de los hijos de los trabajadores al teatro para acompañar a sus padres a ensayos y funciones contradice usos y costumbres del coliseo. Una cantidad nada despreciable de los actuales trabajadores del teatro aprendieron el arte o las labores de mano de sus padres en el metier (profesión). Naturalmente, un trabajador que conoce el teatro desde su infancia se conecta mucho más íntimamente con éste. Son numerosos los ejemplos en este sentido.

Esta iniciativa, impulsada por la misma Alcaraz, se conecta con toda la política privatista y precarizadora del macrismo, que se traduce en el desmantelamiento progresivo de los cuerpos estables y talleres, la sustitución de los trabajadores de planta por monotributistas y la transformación del teatro en una sala de alquiler. Este aspecto es la cabal demostración de un modelo educativo privativo al que apunta Larreta y la ministra Acuña al cerrar veintinueve institutos de formación docente y las escuelas nocturnas de la Ciudad.

Las direcciones sindicales permanecen vaciadas e inmóviles. Si hubiera habido una respuesta a este ataque o si el sindicato único de trabajadores tuviera el más mínimo interés en la calidad de vida de los trabajadores y trabajadora, esta avanzada no hubiera pasado.

Es necesario que este aspecto se revierta de manera favorable con la creación de guarderías o sectores maternales y lactarios que son inexistentes hoy en día.

Es necesaria la discusión con perspectivas a dar una lucha en este aspecto. Por la organización independiente de las y los trabajadores del Teatro Colon y de la Ciudad.

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