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11 de febrero de 2019

Sex education: una serie que muestra la necesidad de la ESI

Por Mica Lp

Sex education, serie británica cuya primera temporada de 8 capítulos se puede ver en Netflix, está protagonizada por estudiantes adolescentes que encarnan las inquietudes típicas de quien sale al mundo sin mucho más que la propia experiencia. Con un elenco encabezado por Gillian Andersen y Asa Butterfield (en el rol de madre terapeuta sexual e hijo con problemas represivos en ese aspecto) narra la vida cotidiana de jóvenes sin acceso a la Educación Sexual Integral (ESI) que, no sólo en la Argentina, son la regla y no la excepción en numerosos países.

La comedia dramática transcurre en una secundaria inglesa donde los alumnos, de diferentes clases sociales y orígenes étnicos, descubren su vida sexual del único modo en que pueden hacerlo dado el nulo nivel educativo que les provee el sistema: accidentalmente. En la escuela a la que asisten es tal esa carencia que su director ni siquiera se anima a decir en público: “toallitas higiénicas”. La falta de información provoca, incluso, consecuencias graves para algunos personajes. Se trata de una ausencia educacional a la que la juventud del mundo está expuesta permanentemente.

 

Otis (Buterfield) siente rechazo por la vida sexual propia (incluso a pesar de que su madre Jean –interpretada por Andersen–, una mujer muy invasiva, sea terapeuta sexual). En cambio, su compañera de curso Meave es una joven proveniente de los sectores más pauperizados (vive en un barrio de trailers, equivalente a una villa para la sofisticada e imperialista Inglaterra) y es una chica  culta, estudiosa de la problemática social de la mujer a la vez que algo antisocial y que mantiene una vida sexual muy activa. Formado por Jean, la sabiduría sexual teórica de Otis y la necesidad económica de Meave los une y forman una sociedad para dar consejos sexuales a los alumnos de la escuela a cambio de dinero. Así transcurre el núcleo narrativo de la serie, que tiene momentos excelentes en tanto los más diversos problemas son presentados a los “terapeutas” por sus pares a cambio de algunas libras. Pero no sólo impera el tono de comedia, sino que la serie muestra situaciones dramáticas como embarazos no deseados, la cuestión del consentimiento y el acoso, la represión que existe sobre temas como la masturbación femenina y hasta la violencia homo-transfóbica que se cierne sobre jóvenes con sexualidades no heteronormativas, que va desde la burla y el bullying a las golpizas callejeras. 

La serie deja entrever la ausencia de educación sexual no sólo en la escuela como asignatura regular (que aborde de forma científica completa desde la niñez hasta el fin del ciclo educativo la sexualidad) sino también en el seno de la mayoría de las familias, donde la falta de acompañamiento y la dificultad de abordaje del tema es recurrente, ya sea por falta de información o por el tabú que representa el tema.

Si bien no forma parte del relato de Sex education, se puede concluir que la serie pone de manifiesto la necesidad de desarrollar a fondo la lucha por la educación sexual integral, científica y laica. Es una tarea que enfrenta a los jóvenes contra un sistema que la niega, como se ve, no sólo en la Argentina. La ESI es un derecho básico para poder vivir una sexualidad plena y libre con los conocimientos necesarios sin exponerse ni exponer a otros a situaciones de riesgo o de violencia. Por eso la juventud debe organizarse contra el Estado y la Iglesia para lograr que se implemente en todo el país. Un consejo de lucha que debería ser compartido con los jóvenes de Inglaterra.

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