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18 de marzo de 2019

La Polla Records vuelve a la carga contra el poder

La emblemática banda de punk regresó luego de 16 años, con disco nuevo y una gira por el Estado Español, Argentina y otros países de América Latina.

En una rueda de prensa muy esperada desde Latinoamérica, el cantante Evaristo Páramos anunció el pasado miércoles 13 el regreso a los escenarios de La Polla Records (LPR), la banda punk más reconocida del planeta en habla hispana. Con una serie de recitales en el Estado Español para septiembre y octubre, y una gira en 2020 por varios países de Latinoamérica, daría, ahora sí, una despedida definitiva a su público.

La gira arrancaría por Córdoba o Buenos Aires, trayéndolos a la Argentina por primera vez desde 1999, cuando tocaron en Ramos Mejía para unas 3.000 personas.

El grupo retorna cuando se cumplen 40 años de su primera presentación en el pueblo vasco de Salvatierra, cuna de sus integrantes, y luego de un trabajo de recuperación de derechos de sus primeros tres álbumes (Salve, Revolución y No Somos Nada). Con temas de esos discos compusieron su nuevo disco, Ni descanso ni paz, que lleva también un tema inédito con el mismo nombre que ya puede escucharse online.

Con un juego de palabras contrario al “Que en paz descanse” dedicado a los muertos, LPR advierte que su vida de transgresiones contra absolutamente todo no puede ser despedida con deseos de descanso eterno y mucho menos de paz. Vale recordar que a Evaristo se lo ha visto en estos años con remeras en las que se leía “Obrero de derecha, tonto seguro” o, frente al fin de año de 2017, “Paz, amor y toda esa mierda”.

Décadas de denuncia

Como describíamos en otro artículo de Prensa Obrera, LPR pasó casi un cuarto de siglo, de 1979 a 2003 (luego Evaristo siguió cantando en Gatillazo), denunciando todo tipo de opresión hacia las masas en el mundo, con letras muy agudas y hasta visionarias para la época. Con la salida de su primer disco “Salve” y su crítica a todo lo establecido, no tardaron en llegar las réplicas fascistas y las acusaciones de que “no hacen música, sino política” –que ellos respondieron en su segundo disco, sin vueltas, con la canción Es política.

En los años de "apertura" política y cultural tras el fin del franquismo, LPR sentenció en la canción No somos nada (que dio nombre al disco de 1986) “Somos los nietos de los que perdieron la Guerra Civil” y denunció como traidores al Partido Popular y al PSOE, marcando –como muy pocos en el momento- el hilo histórico que unía a la llamada “Transición” con los 40 años de dictadura.

LPR pasó sus 24 años de actividad acusando de delincuentes a los banqueros, políticos y burgueses, tanto en la lírica agresiva de Delincuencia (una de sus canciones más emblemáticas) o por medio del humor sarcástico en El 7º de Michigan, El congreso de los ratones o El Alcalde. Tuvieron una "dedicación permanente" a la Iglesia (en temas como Salve, Lucky Man For You, Demócrata y Cristiano, Socios a la Fuerza, Los monos y La Secta) y cantaron contra el fascismo (Cara de Culo, Todos por la Patria, Otro militar, Ellos dicen mierda), el Rey (Envidia Cotxina), la represión y las fuerzas del orden (Fuego y cristal, Era un hombre, Solo un dedo, Series de Maderos) y por la libertad de los pueblos que oprime el Estado Español, como el vasco y el catalán (Sin país, OiOiOi).

También hay en su discografía grandes canciones a la revolución, como Así es la vida.

LPR fue uno de los primeros grupos que ha cantado contra el Estado de Israel y su masacre permanente contra el pueblo palestino (Memoria de muerte); tampoco ha ahorrado palabras para describir a la izquierda democratizante española (Erik el Rojo, Hoy haré la revolución) la burocracia sindical (El Sindicato) y al estalinismo (Odio a los partidos, Iván, Ven y Ve).

La “modernidad” del sistema capitalista es otro de los grandes ejes en sus últimos discos: LPR despotricó en tiempo real contra guerras imperialistas (Johnny, Fucking Usa), el control del sistema (Monopoly, Radio Crimen, El ojo te ve, Analizando, Carne para la picadora), el carácter alienante y los grandes negocios alrededor de las drogas, y un largo etcétera.

No hay grupo de rock con influencias en el punk en habla hispana que, por lo menos, no reconozca a LPR. Figura en innumerables relatos de bandas sobre su formación (tal vez la más conocida en Argentina sea Ska-P) y sus canciones han dado nombres a varios grupos, como el madrileño Envidia Kotxina y el vasco Radiocrimen. En Argentina, Cadena Perpetua hizo en sus primeros años varios covers en vivo de LPR, Mal Pasar grabó un tema con Evaristo (Cuatro Sudakas) y su influencia aparece en Los Bombarderos, El Sepulcro, Agente Feldon y muchos más.

“Ni descanso ni paz”: catastrofismo musical

Para su “última batalla”, La Polla nos trae en la canción Ni descanso ni paz una visión de la actualidad como un mundo apocalíptico (“Nuestro mundo civilizado se acaba”), con un capitalismo devorador de todo lo conocido. En el nuevo tema, sentencias como que “la 3ª Guerra Mundial dura demasiado tiempo” y que “los humanos residuales ya no somos reciclables” describen en imágenes crudas el avanzado proceso a la barbarie del presente, marcado por crisis y guerras imperialistas. A contrapelo de la izquierda europea “globalizada”, que deja de lado la lucha por acabar con el sistema capitalista en pos de reformas al “sistema de bienestar” La Polla sostiene que “El sistema del bienestar está muerto” –como podemos verlo cada día en las luchas en todo el planeta contra las privatizaciones de los sistemas de salud, de la educación y el sistema jubilatorio.

Parece una continuación de otra gran canción (Hombres de respeto, del disco de 2002 El último de La Polla), que describía una suerte de reunión de capitalistas para estabilizar un planeta atravesado por rebeliones populares.

LPR vuelve a los escenarios con una denuncia sin escrúpulos a los opresores, fiel a su estilo.

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