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22 de marzo de 2019

“Nosotros”: un fantasma recorre los United States

La nueva película de terror del perspicaz Jordan Peele – director de ¡Huye!– escarba en el lado B del sueño americano.

Tijeras, manzanas, espejos, conejitos blancos, conejitos negros, cadenas, fuego, máscaras, vidrios, escaleras, jaulas y la lista sigue.

Us (“Nosotros”) está cargada de símbolos, y no por casualidad: si el símbolo es ese doble extraño de la cosa, atado a ella por la semejanza pero privado del color de la vida, el recientemente estrenado film hace de la figura del doble el corazón de su relato, cimentado en un tema clásico del cine de terror hollywoodense: el lado oscuro (¿o más bien el lado B?) del “sueño americano”.

La segunda y esperada película de Jordan Peele, tras su debut como director con ¡Huye! (Get Out), tiene varios comienzos. Pero partamos del presente. Es el capítulo de verano de la cómoda vida pequeño-burguesa de Adelaide (interpretada por Lupita Nyong'o), sus dos hijos y su marido socarrón, en su confortable casa de vacaciones cerca de la costa. A poco de llegar allí, y con más fuerza tras la visita de esta familia negra y sus amigos blancos a la playa, Adelaide siente la presencia de ese perturbador episodio de 1986, cuando vio a una niña igual a ella en un oscuro laberinto de espejos. Y lo siente mucho más por la noche, cuando una enigmática familia vestida de overol naranja se aparece en el patio de entrada de la casa.

Tal es el punto de partida de una trama intensa y exorbitada, cargada con referencias cinéfilas, que Peele narra con mano maestra: modela y remodela los espacios a través de la puesta en escena, explota las vicisitudes de la voz y de la música, siembra repeticiones, despierta los ojos inolvidables de la inolvidable actuación de Nyong’o…

Us, que puede traducirse por “Nosotros” pero ser también las siglas de United States, es una película eminentemente política, con una fibra que recuerda a la Huelga General (ese genial cuento de Jack London que presentaba una gesta obrera desde el apocalíptico punto de vista de un burgués). Va sobre la opresión y la venganza, más preocupada por la fidelidad y la tensión que por la “sutileza” que algunos críticos recetan como único camino posible: Peele pone las metáforas tan de frente que las hace carne, a la manera de Kafka, recordándonos como este que lo monstruoso está en la vida de todos los días. En todo ello, afortunadamente, nos ahorra el viso demócrata de otros progresistas de Hollywood, sin por ello retacearles palos a los republicanos.

Cómico de origen, el director vuelve a hacer sonar la nota irónica de su película anterior, ya desde la pieza documental con la que arranca la película: la bizarra publicidad de Manos alrededor de América, una campaña nacional de caridad de 1986, cuya imagen volveremos a ver. No faltó quien recordase las notas de repudio hacia Ronald Reagan, en ese entonces presidente, por sumarse al caretaje benéfico mientras hacía recortes millonarios a los programas para homeless.

En esta misma línea, los permanentes pases de comedia parecen convocar al espectador a no hacer de lo siniestro un morbo (algo bien distinto a ser, como algunos acusaron, distractivos), al tiempo que vehiculizan apuntes sutiles sobre la misoginia y la xenofobia.

Con la seguidora de la brillante Get Out, podemos decir que definitivamente tenemos ante nosotros a un autor.

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