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15 de abril de 2019

Pussy Riot pasó por Buenos Aires y se tiñó de verde

La banda de Nadya Tolokonnikova fue recibida con entusiasmo por un público activista.
Por Corresponsal

Unas 700 personas –un aguerrido puñado de fans militantes con pañuelo verde, pero también muchos curiosos y periodistas– se reunieron el domingo pasado en Niceto para presenciar el debut porteño de Pussy Riot, la banda liderada por la activista y performer rusa Nadya Tolokonnikova.

La presentación estaba rodeada de cierta incógnita. Pussy Riot es una banda formada en 2011, pero aún no ha publicado un solo álbum. Su obra consta, hasta ahora, de un puñado de singles, más algunos covers y colaboraciones que andan dando vueltas por distintas plataformas. En estos ocho años, sin embargo, la banda se hizo conocida a nivel mundial por sus denuncias y sobre todo por algunas audaces intervenciones, como el improvisado concierto de 40 segundos que dieron en el púlpito de la catedral de Moscú en 2012 –y que les costó 18 meses de prisión a Tolokonnikovala y sus compañeras– y la invasión del campo de juego durante la final del último mundial de fútbol.

Más cerca de la performance que del formato clásico de un concierto de rock, la noche comenzó con una entrevista pública a Tolokonnikova. En un inglés perfecto y la ayuda de una traductora, Tolokonnikova se refirió durante poco menos de una hora al régimen represivo de Putin y su alianza con la Iglesia Ortodoxa, a la censura y represión alrededor del mundo y al feminismo (“Cualquiera puede ser feminista: hombre, mujer, alienígena”, diría más tarde, durante el show).

A la charla le siguió la música. La encargada de abrir el fuego fue la ex modelo –o mejor dicho, la disidente del mundo de la moda– Naomi Preizler, quien sufrió algunos inconvenientes técnicos al comienzo de su set. Siguió una breve, pero intensa arenga de una militante del colectivo de mujeres que reivindicó la lucha contra los femicidios, por el aborto legal y la separación de la Iglesia y el Estado; llamó a apoyar la nueva presentación del proyecto legislativo impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y la realización del Encuentro Nacional de Mujeres. Su intervención cerró con un mini-pañuelazo. Entonces, por fin, Pussy Riot tomó el escenario.

Con los rostros cubiertos con pasamontañas y una puesta sobria pero potente, las cuatro mujeres (la cantante Tolokonnikovala, secundada por una música que disparaba los beats y aportaba algunos ramalazos de guitarra eléctrica, más dos bailarinas) descargaron unas veinte canciones en ruso y en inglés durante poco más de una hora. Una pantalla en el fondo del escenario apoyaba los temas con imágenes, efectos y textos que ampliaban la lírica del grupo. Su estilo, que algunos definen como “punk digital”, transita de la calma a la euforia a caballo de ritmos y texturas sintéticas más algunas guitarras, prestándose más al baile que al pogo. La lista incluyó la célebre “Virgen María, fuera Putin”, apoyada con imágenes tomadas durante su ya mencionada intervención en la catedral de Moscú, y dejó afuera “Make America great again”, su himno anti Trump. En cualquier caso, ambos presidentes fueron vapuleados en escena, ya sea a través de letras, discursos o imágenes. La descarga de canciones solo fue interrumpida por un potente monólogo a cargo de la actriz y directora mexicana Wendy Moira, que acompaña a la banda en su gira.

Las Pussy Riot se definen como un movimiento antes que una banda. Durante la entrevista que precedió al show, Tolokonnikovala dijo que al comienzo ellas eran tres con ideas radicales y por eso recurrieron al punk. “Pero si tenés un movimiento de masas quizás no es necesario recurrir al arte”, señaló refiriéndose al movimiento de mujeres que se hizo fuerte en nuestro país. En 2013, Tolokonnikovala fundó Media Zone, una agencia de noticias independiente, y a la salida de prisión –donde fue sometida a condiciones durísimas–, Zona Prava, un observatorio sobre los derechos de los presos. Es claro que para ella la música es, antes que nada, un canal para expresar sus ideas políticas. Las pantallas advertían que las canciones que sonaron anoche irían a parar a un disco “que podría costarles la cárcel”. Hasta ahora sus logros musicales son módicos, pero contundentes para transmitir su mensaje.

“Afortunadamente, en Rusia muchas feministas en este momento están conectando el tema de género con las desigualdades sociales, porque las mujeres sufrimos una exponencial y creciente inequidad”, dijo Tolokonnikovala en una entrevista para Infobae realizada poco antes del show. “Sucede que mi país es uno de los más desiguales del mundo, lo que obviamente afecta cuestiones vinculadas con la agenda feminista. Las mujeres aún cobramos menos que los varones por el mismo trabajo, aún estamos excluidas de ciertos empleos -de hecho en Rusia hay más de 400 empleos a los que oficialmente, por ley, no podemos acceder-, y nos ocupamos del trabajo no remunerado vinculado a las tareas del hogar, entre otras cosas. Por todas esas cosas es que yo soy una feminista de izquierda, y soy socialista”.

Las Pussy Riot pasaron por Buenos Aires y dijeron lo suyo.

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