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7 de junio de 2019

Chernobyl, el desastre nuclear en manos de la burocracia stalinista

En la atrapante miniserie de HBO, sobresale el contraste entre los heroicos trabajadores y la ineptitud del gobierno.
Por Beita

Con un hilo muy delgado entre ficción y realidad, la miniserie Chernobyl, el último éxito de HBO (cuyo capítulo final se emite para Latinoamérica este viernes 7) nos adentra en la catástrofe ocurrida el 26 de abril de 1986, cuando el reactor nuclear RBMK número 4 explotó y ardió durante 10 días contaminando a más de 142.000 kilómetros cuadrados con partículas invisibles de radiación.

“¿Cuál es el precio de la mentira?”,  se pregunta el profesor y científico especialista en Química, Valeri Legasov, en el primer capítulo, “No es que la confundamos con la verdad. El verdadero peligro es que después de oír muchas mentiras dejamos de reconocer la realidad y entonces, ¿qué hacemos?”. Luego se suicida. Y así, con una fotografía pos-apocalíptica y un guión tenso, dramático y atrapante, nos encontramos inmersos durante cinco capítulos en la vida de esos habitantes de Prípiat, aquel pueblo trabajador ucraniano que se enfrentó de la noche a la mañana a la barbarie de un gobierno parasitario.

Profesor y científico especialista en Química, Valeri Legasov

De la mano de excelentes actuaciones de Emily Watson, Stellan Skarsgård y Jared Harris, entre otros, la historia muestra la ineptitud y la ignorancia de la burocracia stalinista en el poder, contrapuesta con un pueblo trabajador avanzado e inteligente. El héroe que sobresale es sin lugar a dudas la clase obrera: miles de trabajadores y trabajadoras, bomberos, mineros, científicos, científicas y doctoras pondrán sus conocimientos, salud y vida al servicio de controlar el desastre, que el gobierno se empeñaba en subestimar y minimizar. El contraste entre unos y otros mostraba la enorme contradicción que surcaba a la Unión Soviética: por un lado, el amplio desarrollo técnico y social, con científicos calificados, que había permitido el régimen de planificación social fundado por la Revolución Rusa; por el otro, los límites que imponía a ese desarrollo la reversión burocrática del proceso revolucionario.

Gorbachov y compañía, en su intento de ocultar la verdad, actuarán errática y autoritariamente. De hecho, es sabido que la comunicación oficial tardó en ser pública y, cuando salió, se limitó a un telegrama donde aseveraban tener todo controlado, cuando en realidad ni siquiera eran conscientes de la magnitud de la catástrofe: desde el norte de Ucrania, el sur de Bielorrusia y la rusa Briansk se expandía la contaminación y la lluvia radiactiva la empujaba aún más lejos.  La serie retoma el archivo de ese mensaje informativo televisado, mostrando cómo la burocracia soviética eligió ocultarle la verdad a su pueblo, mientras acudía a pedir ayuda al imperialismo norteamericano y privilegiaba responder a las críticas de la prensa burguesa internacional. Recién el 4 de junio de 1986 se pudo leer en Pravda, periódico oficial, que se reconocían altos niveles de radiación a 30 kilómetros del área de la planta.

Jessie Buckley como Lyudmilla Ignatenko, esposa del bombero Vasily Ignatenko

En este sentido no extraña que la serie incomode al gobierno de Vladimir Putin, nacido del riñón de esa burocracia. Chernobyl fue atacada duramente por diversos medios oficialistas, en los que se la calificó de "un muro de mentiras” y se llegó a afirmar que “solo faltan los acordeones y los osos” (ElPeriódico, 7/6). A su turno, el canal ruso NTV, pro Kremlin, ya anunció que realizará su propia adaptación de lo ocurrido hace 33 años en la central nuclear, basada en la teoría de la presencia de un agente de la CIA en la zona que habría llevado a cabo actos de sabotaje. Es de esperar que la producción siga el método de falsificación histórica del que hizo gala el estatal Canal Uno en la serie sobre Trotsky, nuevamente ocultando el rol clave de los trabajadores, ahora para darle el protagonismo a los espías del imperialismo y de la KGB.

Chernobyl vino a mostrar al mundo que el gobierno de la URSS estaba retrasado en el desarrollo de energía nuclear, que no era la potencia que se creía y que no tenía una planificación para su sostenimiento y la infraestructura adecuada. Y, en contrario, que contaba con una clase obrera muy capacitada y lúcida que denunciaba las condiciones precarias de la construcción de los reactores, así como la escasez de suministros y recursos para su desarrollo y los peligros de la radiación. Estos hechos son puestos de relieve también en la ficción, mostrando por ejemplo los medidores con los que contaba el personal en la planta para las tareas cotidianas, tan limitados que no podían medir radiaciones elevadas (y que algunos, un poco más potentes, estaban bajo llave en cajas fuertes a las que no tenían acceso). Así lo caracterizó Prensa Obrera en ocasión del desastre, señalando que “Chernobyl en definitiva fue la radiografía de la incapacidad de la burocracia frente a la creatividad y espíritu crítico de los trabajadores. Estos fueron capaces de prever o de evitar lo ocurrido” (15/5/1986).

Mineros que trabajaron en Chernobyl tras la explosión

La serie es atrapante y precisa, con mucho basamento en hechos reales y con algún que otro detalle ficcional, como el momento en que los pobladores de Prípiat se acercan a ver los colores que irradia el incendio iniciado a la 1:40am (una escena que grafica el desconocimiento de los hechos por quienes estaban convirtiéndose en víctimas). Con conversaciones que existieron realmente, como el pedido de ventiladores por parte de los mineros que cavaban a más de 50°, para evitar que la lava radioactiva contaminase las napas, la tierra y el agua, pudiendo extenderse globalmente y amenazar la vida de millones.

David Dencik es Mikhail Gorbachev:

La serie rescata la distancia que existía entre la camarilla estatal y el pueblo trabajador. Chernobyl no fue un accidente, ni el peligro de la energía nuclear. Chernobyl ocurrió por fallas estructurales, que fueron alertadas a tiempo por los trabajadores y ninguneadas por el gobierno. El mismo ninguneo que hoy continúa sobre quienes con heroísmo ayudaron a contener la catástrofe nuclear a la que había llevado la inoperancia y el parasitismo gubernamental. No se trató de un “error humano”, como livianamente la burocracia soviética intentaba endilgarles a los trabajadores. La necesidad de que los trabajadores de la Unión Soviética superasen con su lucha y organización a la burocracia gobernante, quedó expuesta en toda su crudeza en este desastre, tan atrapantemente retratado en esta producción televisiva.

 

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