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27 de junio de 2019

Isabel Sarli en el cine erótico

Su impacto en la cultura popular, las censuras estatales, la persecución de la Triple A y los debates sobre la naturaleza de sus películas.

Este martes 25 falleció a los 89 años de edad Hilda Isabel Gorrindo Sarli, más conocida como la “Coca” Sarli, el mayor símbolo sexual de la cultura popular argentina del siglo XX. Es posible que las personas menores de 40 años se hayan sorprendido de la amplia repercusión mediática que tuvo la noticia y difícilmente puedan hacerse una idea del lugar icónico que tuvieron la actriz y sus películas en la historia de la cultura nacional. Isabel Sarli fue modelo publicitaria de muy joven y elegida como Miss Argentina en 1955. Al mismo tiempo, la Coca tuvo una importante repercusión internacional entre las décadas 1960-80 y fue la primera mujer extranjera en ser fotografiada por la revista norteamericana Playboy en 1960.

Desde su debut en El trueno entre las hojas, de 1958, una película que combinaba la lucha de clases en un obraje rural paraguayo caracterizado por la explotación y los abusos patronales con una fuerte tensión sexual, y en la que protagonizó el primer desnudo femenino frontal de la historia del cine nacional, Sarli se transformó en la mayor representante del cine erótico nacional. Si bien hubo otros directores y actrices locales que realizaron películas eróticas en esa época, nadie alcanzó la importancia, el éxito o la repercusión que logró la dupla formada por Armando Bo e Isabel Sarli.

Hasta la muerte de Bo en el año 1980, Sarli protagonizó unas 30 películas que fueron incrementando, con el paso del tiempo y los films, la intensidad y lo explícito de las escenas sexuales mientras las historias y los guiones tendían a perder importancia. El éxito internacional de Fuego e Insaciable, las llevó a ser las películas argentinas exhibidas en la mayor cantidad de países hasta los años 80.

A partir del suceso inicial, el director tendió a repetir una fórmula exitosa que incluía siempre las curvas, los desnudos y el desbordante erotismo de Sarli, que generaba en los hombres de las películas un deseo incontrolable. Hay quienes han planteado, como el crítico Claudio España, que la filmografía de Armando Bo se puede pensar como una única película o un enorme ciclo obsesivo que comenzaba una y otra vez para, con cualquier excusa o circunstancia, alcanzar los momentos más esperados por los espectadores masculinos.

En la época, tanto la crítica especializada como los realizadores de cine arte fueron fulminantes en la crítica al tipo de las películas que realizaban Bo y Sarli consideradas muchas veces como “mersas”, de muy bajo nivel técnico y actoral o carentes de cualquier valor estético. En cualquier caso, Bo siempre quiso hacer un cine popular, que apuntaba constantemente al realismo y se distanciaba del cine intelectualizado o dirigido a una élite cultural. Al mismo tiempo, hizo indiscutiblemente un cine de bajo presupuesto y con un fuerte estilo personal. En la actualidad los especialistas discuten bastante respecto de cómo entender la tensión objetiva de un cine fuertemente machista marcado por relatos, en la mayoría de esos films en general, sostenidos en valores sociales y culturales y una moral de tipo tradicional, pero que se desarrollan en base a una altísima cuota de erotismo y sexo en la pantalla.

Esa abundante cuota de desnudos, erotismo y sexualidad llevó a las películas de Bo y Sarli a tener permanentes problemas con la censura estatal. Desde fines de los ‘50 hasta la última dictadura militar, con gobiernos civiles o militares, peronistas o antiperonistas, sus películas tenían problemas para ser aprobadas o veían especialmente demoradas para obtener el certificado que habilitaba exhibición en el circuito cinematográfico. Muchas veces sucedía que el Estado argentino aprobaba velozmente la exhibición de películas extranjeras en el mercado nacional, que contenían el mismo nivel de erotismo por el que las películas de Bo y Sarli eran permanente y fuertemente controladas en sus guiones, trabadas sus habilitaciones o directamente censuradas.

En 1971 y durante la dictadura militar encabezada por el general Alejandro Lanusse, Sarli y Bo llevaron adelante una huelga de hambre en la Plaza de Mayo porque el Estado no les abonada lo adeudado por la película Fiebre y en la segunda mitad de 1974, durante el gobierno de Isabel Perón y José López Rega, fueron, junto a decenas de otros artistas, amenazados de muerte por la Triple A. Aunque durante la última dictadura estrenaron casi una película por año, Insaciable, producida en 1976, recién se pudo ver en los cines de nuestro país en 1984.

El sinfín de relatos personales, de loas, de análisis y de debates sobre la carrera de Sarli plasmados en estos días en los medios y las redes da la nota del profundo impacto de su figura sobre la cultura popular argentina.

 

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