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21 de julio de 2019

La Casa de Papel 3: La lucha continúa

El regreso de la banda del profesor, con esta tercera entrega de la serie española producida por Netflix, vuelve a trasladarnos a un escenario de tensión, acción y lucha de clases, enmascarado en la empresa de un puñado de ladrones que, luego del éxito del atraco a la Casa de la Moneda y con las fuerzas del Estado pisándoles los talones, se ven arrastrados a una nueva contienda y a una nueva operación -esta vez sobre el Banco de España.

El plantel original se ve nutrido por nuevas incorporaciones, de entre ellas la más destacada es la del actor Rodrigo de la Serna, que bajo el alias de “Palermo” jugará un rol protagónico en la estructura de la banda.

El Estado no perdona

El nuevo enfrentamiento entre la banda del profesor y el Estado está signado por el hecho de que los primeros se han convertido en un símbolo internacional de la lucha de los pueblos y los trabajadores contra las políticas de austeridad y represión de los distintos gobiernos capitalistas. Las referencias a movilizaciones en Brasil, Francia, Colombia, incluso la lucha del movimiento de mujeres en Argentina, son utilizadas para establecer un vínculo de clase entre los atracadores y el pueblo, que atravesará todo el desarrollo de los acontecimientos. Es así que la captura y condena de la banda se haya convertido en una prioridad de las fuerzas de la Unión Europea con el objetivo de asestar un golpe, simbólico, a la movilización popular: el Estado debe acabar con “la resistencia”.

La primera lección que tendrá que afrontar la banda del profesor es que toda victoria parcial contra el Estado es de carácter circunstancial, ante todo si uno no tiene como propósito el derrocamiento del orden prestablecido.

La burguesía al desnudo

Lenin supo definir la esencia del Estado capitalista en la combinación entre destacamentos especiales de hombres armados y la burocracia que hace al funcionamiento normal de su estructura material. Si bien la serie no busca deliberadamente convertirse en una representación clasista de la sociedad, sería justo afirmar que inconscientemente logra apreciar parte de la dinámica de la lucha de clases.

La elección de los sujetos de la contienda es un primer dato positivo. El Estado, cuando más se siente amenazado, se ve representado por sus fuerzas de seguridad (policía, ejército, inteligencia). Cuando todos los diques de contención son sobrepasados no cabe más que acudir a la represión por medio del ejercicio del monopolio de la violencia.

La partida que juegan los atracadores y el Estado, fuera de la estrategia militar, estará signada por asestarle golpes políticos a su respectivo contrincante. La violencia del Estado solo será contenida cuando sienta amenazada la subsistencia de toda la estructura burocrática en la que se sustenta. Mientras que para la banda del profesor el mayor desafío será no perder el apoyo de las masas, que acuden movilizadas pero no como protagonistas.

El Estado vuelve a estar representado como el garante de los intereses de una clase social privilegiada, razón para la cual está dispuesta a trasgredir todos los límites. Es así que la serie denuncia la tortura y represión perpetrada por los gobiernos imperialistas, los que a su vez se jactan de ser los promotores de la civilización y los derechos humanos. De fondo, vale señalar, las enormes dificultades que encuentra la banda del profesor recuerdan a los espectadores que el crimen organizado solo puede desplegar sus alas cuando lo hace entreverado con el Estado, y no en choque con él.

Un dato curioso de la serie son las polémicas respecto al machismo y la misoginia que recorren todo su desarrollo. Quien más se destaca en esta inconducta es “Palermo”, el único argentino de la serie, lo cual no parece ser un dato aleatorio. La presencia de este estereotipo del “macho agentino” (aunque la serie no deje de guardarse alguna sorpresa) sirve para confundir el verdadero eje de la lucha de la mujer. Particularmente en la Argentina donde se han protagonizado grandes movilizaciones contra la responsabilidad del Estado.

La escalada a la cual se ven sometidos los atracadores y el Estado es quizás la segunda gran lección que aporta la serie. A cada acción se produce su reacción, y el propio movimiento de los acontecimientos ha sacado a la luz la naturaleza de la verdadera contienda, aquella que se juega en lugares bien distintos de los operativos de bandidaje: entre el Estado y la revolución.

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