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8 de septiembre de 2019

30 años de la tragedia de Bella Vista: un régimen que devora a sus artistas

Hace 30 años, el 8 de septiembre de 1989, se producía en Bella Vista el accidente que se cobró la vida de Joaquín Adán, Miguel Ángel “Míchel” Sheridan, “Yacaré” Aguirre, Johnny Bher, “Chango” Paniagua y Zitto Segovia, además de los dos choferes del ómnibus que los transportaba. Eran músicos chamameceros integrantes del grupo liderado por Zitto Segovia, que llevaban adelante una gira por Corrientes y otras provincias comenzada días antes. 

El relato de la muerte de los artistas es una postal de las condiciones de desprotección y precariedad en las que actúan, hasta hoy, la gran mayoría de los artistas populares de nuestro país. En el caso de Zitto Segovia y su grupo, se trataba de artistas de reconocimiento internacional. En efecto, la gira comenzó porque habían sido invitados a participar del Festival Internacional del Folklore, en Niza. Sin embargo, como relata el músico sobreviviente de la tragedia “Tito” Gómez, sin dar explicación alguna, “a 24 horas de la partida, el entonces Director de Turismo Julio Traynor, suspendió sin motivo aparente nuestra participación en el festival. La indignación de todos fue enorme; para solventar los gastos del viaje muchos habían malvendido sus departamentos o sus automóviles… para nada”…

Cancelado el evento, los músicos decidieron emprender una gira por las provincias del noreste, que comenzó en Corrientes en tradicional Teatro Vera.

En el marco de la gira se produjo la visita a Bella Vista, donde, antes del Show, fueron invitados a la radio local. 

La tragedia se produjo luego de salir de la radio, cuando los músicos se dirigían a la prueba de sonido del Show que tendría lugar pocas horas después. El Chofer del micro, apurado, hizo caso omiso al hecho de que el micro viejo y desvencijado no tenía aire en el compresor y por lo tanto tampoco tenía frenos. Tomó una bajada, esperando probablemente que terminara en una zona plana donde poder frenar. Sin embargo, la bajada iba directo al río Paraná. El micro se aceleró hasta 104 Km por hora, yendo a parar al Río, a 20 metros de la costa. 

Según relata el mismo Tito Gómez,  “A diferencia de lo que dijeron todos los medios radiales, televisivos y escritos, la Prefectura no salvó a nadie. Su lancha permaneció amarrada a la costa porque no tenía combustible, y ninguno de los oficiales, suboficiales o marineros que presenciaron todo desde la costa, fue capaz de arrojarse al agua, de hacer algo por nosotros... solo los pescadores… a quienes les debemos haber salido con vida”. Gómez logró salir del río gracias al salvavidas arrojado por un pescador. 

El relato de los sucesos posteriores, por parte de sobrevivientes, recalca, a la vez que el apoyo y la consternación popular, la falta de contención de parte de las autoridades y el sistema de salud. 

La imagen de jóvenes artistas geniales terminando sus días viajando sin frenos en un micro sin las condiciones mínimas, luego de que el Estado cancelara su presentación en un festival internacional, es una expresión terrible de las condiciones de precariedad y explotación de los músicos bajo un régimen interesado en las ganancias que generan los artistas pero nunca en sus condiciones de vida y trabajo.

El legado de Zitto Segovia dejó una marca imborrable para la trova chaqueña y el chamamé. Su memoria es una herida abierta para los pueblos del litoral. 
 

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