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20 de febrero de 2020

Oscar: el documental premiado muestra las degradadas condiciones de la vida obrera en EE.UU. y en China

American Factory, una producción que tiene detrás a los Obama

American Factory, que recibió el Oscar al mejor largometraje documental, y que fuera coproducido por Barak y Michelle Obama, muestra las brutales condiciones de vida y de trabajo que enfrentan los obreros fabriles tanto en los Estados Unidos y como en China, como consecuencia de la crisis económica mundial.

La historia –real- comienza cuando un grupo chino adquiere –en el 2015- una planta de la General Motors ubicada en la ciudad de Moraine, en Ohio, que fuera cerrada 7 años antes en medio de la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria del 2008, dejando a miles de trabajadores en la calle. El magnate chino la reconvierte en una productora de partes de vidrio para la misma industria del automóvil, en la que se lanza a replicar las condiciones de trabajo que rigen en las plantas instaladas en China.

Los salarios son reducidos de los 29 dólares diarios que los obreros cobraban siete años antes, a los 12 que impone la nueva administración, la que también se propone quebrar la resistencia obrera –son 2000, que trabajaban allí cuando la planta era de GM-, para aplicar las 12 horas de trabajo y la limitacion de los francos a dos días por mes, al mismo tiempo que les trata de bloquear por todos los medios la posibilidad de poner en pie la organización sindical en la fábrica.

Para imponer a fondo el ajuste, el grupo chino, muy vinculado al aparato del Estado de su país, decide trasladar a dos centenares de jefes y trabajadores de sus plantas matrices a la nueva de Ohio. La relación de los obreros norteamericanos y chinos en la creada Fuyao, presenta distintas facetas, pero solo un sector minoritario de ambos planteles aparece como aliado de la patronal.

Con el temor por la pérdida del empleo, a miles de kilómetros de su hogar y su familia, obreros chinos muestran las penurias que les provoca la crueldad del trato que reciben: dos años sin ver a sus familias, largas jornadas de trabajo, un ritmo de producción que excede por lejos al original de los norteamericanos y solo dos días de francos mensuales.

Los obreros norteamericanos, por su parte, vienen de miles de despidos en la fábrica y una crisis general que ha deprimido el empleo y degradado las condiciones de trabajo. Ante este cuadro, se ven obligados a aceptar las condiciones de trabajo y pelean por mejorarlas, aumentar los salarios y poner en pie su organización gremial, en un marco dominado por la patronal, con una regimentación por parte del Estado que la dificulta y una burocracia sindical que abandona a los trabajadores a su suerte.

En este cuadro represivo, aparecen elementos de fraternidad de clase entre unos y otros, aunque los bloqueos y presiones dificulten una integración y hacer realidad el planteo de la directora del film, Julia Reichert quien, al recibir el Oscar, declaró que la conclusión de la película es que “las cosas mejorarán cuando los trabajadores del mundo se unan”.

La contracara de este mensaje es la coproducción por parte de los Obama, en un acuerdo con Netflix, cuando la degradación que vive la clase obrera estadounidense que incluye a la planta de Ohio, se desarrolló y profundizó durante los dos gobiernos de Barak, cuando tuvo lugar uno de los más grandes rescates del sistema financiero de la historia, mientras los sectores populares perdían sus viviendas, sus empleos y, quienes los mantenían, lo hacían en un cuadro de creciente precarización y retroceso de sus condiciones salariales y laborales.

Aquí no se trata solo de los beneficios de la Fuyao Glass America, sino que la baja de costos de ésta también favorece a las terminales que ella provee –la propia GM, entre otras norteamericanas, europeas y asiáticas.

Así, el prólogo de esta historia es el cierre de la planta por parte de la GM, en un proceso de reconversión de sus negocios, con el despido de miles de obreros lo que provoca una profunda crisis en la pequeña ciudad de Ohio, que dependía en buena medida de la fábrica como fuente de puestos de trabajo para la población local.

La mano de los Obama se insinúa al colocar la degradación de la vida obrera como incorporada por el empresario chino y que estaría contrapuesta con la bonanza anterior, cuando en realidad es un reflejo de la movilidad de los capitales en la búsqueda de maximizar sus ganancias, en el marco de la crisis económica mundial. Decenas de empresas de los Estados Unidos están instaladas en China para aprovechar los menores salarios que se pagan en la tierra de Xi Jinping.

En este punto, la ex pareja presidencial, que armó una productora de cine de la cual American Factory es el primer producto, coloca objetivamente al documental como parte de la pelea entre Estados Unidos y China.

Reichert, quien dirigió el documental junto a su pareja, Steven Bognar, había realizado en 1970 el que se considera como primer documental feminista de los Estados Unidos, “Growing Up Female” (Creciendo hembra), donde muestra los condicionantes sociales y el papel de las instituciones del Estado en la imposición del rol de la mujer en la sociedad capitalista.

En 1976 Reichert, hija de un antiguo dirigente gremial de izquierda, dirigió otro, “Union Maids” o Criadas de la Unión (así se llaman en los Estados Unidos a los sindicatos) donde recorre el desarrollo de las organizaciones sindicales norteamericanos en la primera mitad del siglo pasado y, vía el seguimiento de tres grandes activistas obreras, muestra a las organizaciones obreras de clase, de lucha, donde –destaca-, tenían un papel primordial los militantes comunistas y trotskistas y como estos son desplazados mediante la represión brutal y los despidos -en lo que las patronales contaron con la activa colaboración de la burocracia que, dice claramente en el documental, reconvirtió a los sindicatos en organizaciones dóciles y subordinados a las patronales. 

Realizada para Netflix sobre la base de 15.000 horas de entrevistas con los propios obreros y directivos de la empresa, American Factory, de casi dos horas de duración, es, con aquellas limitantes, un buen reflejo del derrotero de la crisis capitalista mundial y sus consecuencias sobre la vida de los trabajadores. La directora, en la misma ceremonia de los Oscar, también sentenció: “es en Ohio, pero podría ser en cualquier otro lugar del mundo”.

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