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30 de marzo de 2020

Películas para la cuarentena: “Ida”, la tragedia del siglo XX

Situado en los años ‘60, el impactante film polaco de 2013 recorre en una historia familiar desgarradora las huellas del fascismo y el estalinismo.

Años ’60 en Polonia. Ida es una joven novicia que se ha criado en una iglesia y desconoce sus orígenes. Antes de tomar los votos, es impelida por su monja superiora a conocer a su tía Wanda, única pariente viva. Urbana y aficionada al alcohol, Wanda contrasta de entrada con la Ida rural e inocente, quien conocerá junto a aquella la trágica historia familiar, así como el mundo “real” por fuera de la ascética iglesia.

Uno de los grandes hallazgos de esta película de 2013, dirigida por el director Pawel Pawlikowski (y accesible en sitios como gnula.nu), es el de configurar a través del derrotero de la novicia -que evitamos adelantar al lector- un verdadero modelo en miniatura de la historia de Polonia, una historia que en sus giros y turbulencias viene a ser ella misma un modelo en miniatura del siglo XX.

En el trasfondo del relato aparece, así, un problema neurálgico de los siglos XIX y XX: el problema de la autodeterminación nacional, que se planteó de forma particularmente aguda en Polonia. Obtenida muy tardíamente, en 1920, la autonomía polaca se verá golpeada solo dos décadas después por el nazismo, que recibirá para ello la inestimable ayuda del burócrata ruso Joseph Stalin -quien, bajo el signo de un pacto de paz con Hitler, no solo consintió el comienzo de la invasión nazi, sino que la complementó por el oeste, con su propia cuenta de muertes y destierros. Los efectos de la barbarie nazi se imprimen sobre la historia de la familia y sobre los cuerpos de ambos personajes: la castidad enmudecida de Ida y la sexualidad cínica de su tía.

Aquel pacto con Hitler será una de las grandes colaboraciones de Stalin a multiplicar la masacre de la guerra, en la que la Unión Soviética formará parte del campo de los Aliados: la victoria sobre el fascismo será conseguida con la friolera de 20 millones de muertos rusos. Luego de la guerra, el régimen estalinista que se instaura en Polonia deformará el heroísmo del pueblo soviético haciéndolo pasar por propio. A su vez, la burocracia operará aquí como en todo el mundo (Grecia, Francia) apagando la llama revolucionaria que siguió a la derrota del nazismo. Las purgas que se acometen en Polonia en los ’40 y ’50, encarnadas en la acomodada tía de Ida, jueza de la burocracia, se realizan en esta dirección.

La forma de dar cuerpo cinematográfico a esta permanente sujeción nacional y vital es lo que convierte a la película de Pawlikowksi en una verdadera obra maestra. Retomando una clave de los nuevos cines de los ’60, que esta película en blanco y negro tiene como referencia insoslayable, el director da forma a la opresión del individuo en encuadres incómodos, que lo dejan pegado al límite inferior o recortado por los bordes, mientras el ambiente inabarcable parece dominar la escena. El formato 4:3, junto a una delicada fotografía brumosa, magnifican el sentimiento. En ese marco, ni los personajes ni el espectador pueden encontrar su espacio, aunque tampoco pueden dejar de buscarlo. En un momento colmado de poesía, los ojos de Wanda se dejan ver sobre el espejo retrovisor de su auto, hurgando en el pasado, rodeados por la oscuridad de la noche (“la negra noche del siglo”, al decir de León Trotsky).

En la resolución de la trama de Ida y Wanda, Pawlikowksi vuelve a crear una metáfora impactante, conjugando el callejón sin salida del estalinismo con el papel contrarrevolucionario de la Iglesia católica, que capitaneará en los ’80 la restauración capitalista del país. Si ya Lenin y Trotsky defendieron a principios del siglo XX el derecho a la autodeterminación de los pueblos, como una condición necesaria para la revolución social, la fallida “exportación del socialismo” a Polonia por parte de la burocracia soviética vino a dar una confirmación por la negativa a su tesis. Ida no ensaya conclusiones revolucionarias sobre su tema, pero se arrima a la historia con una calidez y lucidez afines a quienes quieren transformarla.

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