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6 de abril de 2020

Caos, la creación de una ciencia: un clásico de divulgación sobre la complejidad del mundo

Lecturas en cuarentena.

“El hecho de que nuestro pensamiento subjetivo y el mundo objetivo estén sujetos a las mismas leyes, y por lo tanto, también en última instancia no se contradigan entre ellos en sus resultados, sino que tienen que coincidir, gobierna absolutamente todo nuestro pensamiento teórico”

Engels

En estas semanas de pandemia y cuarentena ha sido recurrente en redes sociales la pregunta: ¿cómo hemos pasado de la ingesta de una sopa de murciélago en Wuhan a una crisis humanitaria sin parangón? Se sabe que el humor, para que funcione, debe tener ciertas dosis de realidad. La razón y la escala de lo que estamos viviendo tienen una base en la depredación ambiental, las debacles de los sistemas sanitarios y el grado de interconectividad que hemos alcanzado como civilización, es decir, en las relaciones sociales desiguales y combinadas en las cuales vivimos.

Sin embargo, la pregunta es reflejo de un comentario curioso: ¿cómo es posible que una serie de causas-consecuencias pueda rápidamente escalar y pegar un salto cualitativo? Como un castillo de naipes que se derrumba o como el aleteo de una mariposa que desata un tornado en el hemisferio contrario. James Gleick, periodista estadounidense, divulgó esta rama de la ciencia en su espectacular libro Caos: la creación de una ciencia, que le mereció el premio Pulitzer en 1988. En palabras del autor: donde el caos comienza, la ciencia clásica termina.

Desde que los físicos han pisado este mundo indagando sobre las leyes que rigen la naturaleza, siempre han tenido gran dificultad, para no decir completa ignorancia, en poder explicar la turbulencia en los mares, las fluctuaciones en la fauna poblacional, las oscilaciones del corazón y el cerebro o algo que parece tan simple y diario como el clima mismo. El lado irregular de la naturaleza, el lado discontinuo y errático ha sido un rompecabezas para la ciencia.

Llamada la tercera gran revolución de la ciencia física en esta centuria -tras la relatividad de Einstein que eliminó la ilusión de tiempo y espacios absolutos, y la teoría cuántica que arruinó el sueño newtoniano de la ciencia como un proceso de medición controlable-, la dinámica del caos barre la fantasía del astrónomo, físico y matemático Pierre-Simon Laplace (1749-1827) de la predictibilidad determinista.

La ciencia como un sistema complejo con saltos de cantidad en calidad, alejado de procesos lineales simplificadores, responde a una evolución en la comprensión que tenemos del mundo que nos rodea. Engels le dio vital importancia a esta dialéctica detrás de las fuerzas que rigen la naturaleza (en libros como el Anti Dühring y la Dialéctica de la Naturaleza) y de hecho su obra dio lugar a corrientes de investigación que, utilizando la dialéctica marxista como guía teórica, desarrollaron teorías revolucionarias en diferentes campos científicos (Needham y Wooger en biología, Hebgen en matemática o Lewontin en genética).

No es hasta muy recientemente que matemáticos, físicos, biólogos y atmosferólogos encuentran conexiones entre estos diferentes tipos de “irregularidades” para el sentido común. Gleick nos introduce de una manera popular, sin recurrir a matemática compleja, al esfuerzo de docenas de científicos cuyos trabajos independientes contribuyeron al desarrollo de esta apasionante teoría. En estos momentos de encierro y cuarentena, los invitamos a introducirse en las páginas de este apasionante y turbulento mundo del Caos.

 

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