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7 de abril de 2020

La intermitencia, de Andrea Camilleri: un thriller ágil y ácido sobre la crisis de 2008

Lecturas en cuarentena.

¿Cómo se narra la bancarrota capitalista? Andrea Camilleri en La intermitencia elige un modo que conoce al detalle y construye un thriller muy particular. Alejada de las sanciones morales y con un ritmo ágil, esta novela logra dar vida a unos personajes llevados por los instintos humanos más básicos y que tienen en el interés económico el verdadero combustible de sus actos.

El lugar de la historia es Italia y el contexto es la crisis del 2008. La novela está escrita casi al mismo tiempo en que se desenvuelve la bancarrota económica (se editó en Italia en 2010 y recién se tradujo al español en 2018), lo que sumado a su entretenida escritura le otorga un aire de actualidad enorme.

La intermitencia cuenta como Mauro de Blasi, director general de Empresa Manuelli (un enorme grupo económico que “sostiene a la economía italiana”), idea un plan para comprar muy barato a Artenia, una empresa más pequeña y que, producto de la crisis, se encuentra al borde de la quiebra. El plan incluye el cierre de algunas plantas, la movilidad y el despido de los trabajadores y el no respeto por el convenio colectivo de trabajo, lo que desde la lógica empresarial-capitalista se denomina “absorción” y constituye uno de los modos en los que se vuelcan sobre las espaldas de los trabajadores las crisis del capital.

El plan parece sólido, como su planificador, y sigue su marcha pero ambos sufren ciertas intermitencias. En esa marcha entran en escena el resto de los personajes que pueden sintetizarse en sus roles: directores generales de empresas (¡que hace cuarenta años eran sindicalistas!), secretarias varias, subdirectores, jefes de seguridad, polícías y hasta un diputado nombrado recientemente como Secretario de Comercio que aprueba el cambio de manos de la empresa. Eso sí, con algunas condiciones: que no se cierre una planta en el distrito ultracatólico de donde obtiene una enorme cantidad de votos y que, en cambio, se cierren dos pero en otras zonas.

La novela, que se lee de un tirón, cuenta con diálogos y escenas de la mejor tradición del policial y con una alta dosis de humor y acidez que son usados con maestría para dar cuenta de un submundo bien sórdido que tiene sus propios gángsters y personajes sin escrúpulos, de camisa y corbata, y son los que administran la bancarrota capitalista y sus derivas.

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