15/07/2020

A 80 años de “El Gran Dictador” de Charles Chaplin

El Gran Dictador es, junto a Tiempos Modernos y El Pibe, una de las mejores creaciones cinematográficas de Charles Chaplin y la demostración de poder expresar un claro mensaje, incluso un programa político, a la par que desarrolla su humor. No un humor simplón y chabacano, sino del que te hace pensar hasta incluso casi un siglo después

En sus más de dos horas, Charles Chaplin desarrolla una feroz condena al fascismo y al antisemitismo.

En el momento de su estreno (1940), Estados Unidos no había ingresado a la Segunda Guerra Mundial. El film comenzó a rodarse antes del estallido de la guerra, en 1937, en medio de una fuerte presión censora por grupos empresariales multinacionales que apoyaban política y financieramente al nazismo, como la automotriz Ford.

El largometraje es un excelente análisis del avance del fascismo y específicamente del regimen de Hitler en una Alemania apenas disimulada detrás de Hynkel, dictador de Tomainia.

Pese a ya existir en Hollywood las herramientas para realizar cine sonoro, Chaplin mantiene casi toda la pelicula el formato mudo, exacerbando el concepto de que una imagen, un gesto, un movimiento, hasta incluso una pieza de baile y morisqueta, valen más que mil palabras.

La clave de “El Gran Dictador” es su final, justamente cuando Chaplin rompe su veda a la palabra hablada. Un canto a la hermandad y unión entre los pueblos del mundo y un llamado al cese de las hostilidades, por encima de toda división. El payaso mudo habla y hace un llamamiento universal de reconciliación.

“Los seres humanos somos así. Queremos vivir por la fraternidad del otro, no su desgracia (…) En este mundo hay lugar para todos. Y nuestra tierra es rica y a todos puede alimentar. La vida puede ser libre y hermosa (…) Somos víctimas de un sistema que lleva al hombre a torturar, y encarcelar inocentes (…) Soldados, no peleéis por la esclavitud. Pelead por la libertad de vosotros. El pueblo tenéis el poder de crear maquinas. El poder de crear felicidad. El poder de hacer esta vida libre y hermosa (…) Peleemos por un mundo nuevo. Un mundo decente. Que le dé al hombre la oportunidad de trabajar. Luchemos para hacer al mundo libre. Para acabar con la codicia, el odio, la intolerancia. Peleemos por un mundo en que reine la razón. En el que la conciencia y el progreso conduzcan a la fraternidad de todos los hombres. ¡A unirnos todos, ya!” En cuatro minutos Chaplin desarrolla un profundo plantea humanista que solo puede ser logrado con el socialismo.

Posterior a su estreno, en plena guerra, el actor, protagonista y director, participó en una campaña internacionalista contra el fascismo, junto a artistas como Hanns Eisler (compositor alemán) y Bertolt Brech (escrito germánico), que conforman un grupo de apoyo al avance Ejército Rojo de la Unión Soviética contra el nazismo.

Estas acciones hacen que  funcionarios del gobierno norteamericano como J. Edgard Hoover lo marquen como un individuo “peligrosamente progresista y amoral”, catalogándolo como «antiestadounidense».

Doce años más tarde de la presentación de “El Gran Dictador”, la campaña macartista integró al genio creador cinéfilo en listas negras y lo obligó a exiliarse en Gran Bretaña, acusado de integrar el Partido Comunista.

A ochenta años, la obra de Charles Chaplin mantiene una hermosa vigencia. Gobiernos que visten ropajes democráticos como los de Bolsonaro y Trump tienen los elementos discursivos del fascismo, aunque no hayan tenido condiciones para imponer ese régimen social y estén en retroceso.

Gracias Charles por tu maravillosa obra. Por expresar mediante la comedia, en pantalla gigante los males de la sociedad que impulsan nuestro compromiso de lucha obrera y socialista.

 

 

 

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