10/03/2011 | 1167

«Alemanes antinazis en la Argentina»

De Germán Friedmann

El libro de Friedmann destaca la denodada lucha a la que se entregaron los militantes alemanes antinazis de la Argentina, sus contradicciones teóricas y prácticas (dadas por el horizonte al que los sometía la pertenencia de algunos de ellos al Partido Comunista).

En 1937 se funda en Argentina la organización «Das Andere Deutschland» (DAD), La Otra Alemania, integrada por alemanes y austríacos opositores al III Reich. Editaban un diario en alemán, desde el cual apelaban a la colaboración de los lectores, invitándolos a defender la cultura y los valores de lo que consideraban «la verdadera Alemania». Su consigna principal fue «Despierta alemán, di basta a la bestia parda».

Desde la redacción se decía que el periódico y la revista constituían «un frente de unidad práctico», pues las personas que lo conformaban llegaban al DAD desde tradiciones y posturas muy distintas entre sí. Publicaron, antes, durante y después de la guerra, muchos artículos sobre la construcción de una Alemania socialista y antifascista.

El boletín del DAD describía al nazismo, al que consideraba una variante del fascismo, como una forma de dominio de la sociedad capitalista que conducía a un fortalecimiento del poder de los generales de la industria pesada y de los terratenientes. La agrupación denunció el carácter de clase del nazismo y la benévola tolerancia de las potencias occidentales, cuyo punto más alto fue la conclusión del pacto de Munich (1), por el cual se le cedería a Alemania la región de los Sudetes. Al mismo tiempo, señalaban que la guerra no podía ser ganada con métodos capitalistas: sólo la Unión Soviética, con su sistema económico y social podía liderar la contienda bélica contra el nazismo. Y eso fue lo que ocurrió, a pesar de todas las contradicciones y de los juicios de Moscú que descabezaron a la sociedad y al Ejército Rojo. La organización social del comunismo y el heroísmo de sus soldados y ciudadanos pudieron con el nazismo. (2)

Friedmann revela que el pacto de no agresión germano-soviético, que se firmó en Moscú en 1939, desencadenó una muy fuerte controversia entre los comunistas y aquellos que lo consideraron una vergonzosa traición. En el DAD criticaron la posición de los comunistas alemanes que pasaron de considerar a Hitler como el enemigo número uno a criticar a Inglaterra. A pesar de esto, y por sus propias contradicciones, la agrupación no condenó de plano el pacto ni acusó de traición a la Unión Soviética: el tratado fue evaluado simplemente como «realpolitik», denominación que justificaba la entrega.

Luego de la invasión a la Unión Soviética por la Alemania nazi en 1941, los miembros del DAD criticaron «la purga de los líderes y de los mejores cuadros del viejo Partido Bolchevique, la ejecución en masa de los oficiales, la sustitución de los soviets por una burocracia que representa la nueva forma de dominación de la clase dominante, el estrangulamiento de la iniciativa propia por el aparato, la represión de toda crítica y de toda opinión propia» (3). Además, expresaron su deseo de que la lucha contra la invasión nazi sirviera para superar la dictadura del aparato stalinista y lograr que se encontrara el camino de la Revolución de Octubre. Es notable la poca distancia de estos planteos con los postulados trotskistas.Los miembros del Partido Comunista abandonaron el DAD y comenzaron a forjar sus propias estructuras. Friedmann, lejos de concebir estas diferencias radicales como resultado de caracterizaciones políticas distintas, las entenderá como cuestiones partidarias, tácticas o meramente personales (p. 79).

Un tema que el autor del libro sí plantea muy acertadamente es el padecimiento de la población civil alemana durante la guerra, destacando que hasta la llegada del siglo XXI su sufrimiento no pudo ser elaborado. El innecesario bombardeo de las ciudades una vez finalizada la guerra refleja la barbarie de la misma. Esa masacre pone sobre el tapete la cuestión de considerar nazis a todos los alemanes, y su objetivo último: la destrucción total de Alemania.

El DAD, separando entre Alemania y el nazismo, contribuía a diferenciar la lucha contra el nazismo de la destrucción total de Alemania: «nosotros aseguramos que los nazis y el pueblo alemán no son lo mismo» (4). Para que el nazismo no vuelva a ocurrir es «imprescindible afianzar los fundamentos necesarios para imponer el socialismo» (5). Friedmann nos muestra cómo los alemanes pertenecientes al Partido Comunista se opusieron a esta postura, la consideraron poco oportuna y pedían el desmoronamiento del nazismo. Sólo se puede interpretar esta postura como una reivindicación de la política de los partidos comunistas de apoyo al Frente Popular y la defensa de la revolución democrático-burguesa separada de la socialista. En el DAD creían que la creación de un sistema socialista era la única alternativa a «la restauración del capitalismo monopólico» y sostenían que la sola destrucción del nazismo no resolvía los problemas; pensaban que el nazismo era una rama del capitalismo.

El golpe militar de junio de 1943 en la Argentina terminó con las divisiones, al prohibirse los periódicos antinazis y decretarse el arresto de sus colaboradores.

La otra Alemania y las identidades judeo-alemanas

La Hilfsverein Deutschprechender Juden, antecesora de las entidades judías organizadas en la Argentina, rechazó la posibilidad de tomar posición política en relación con la Alemania nazi. Consideraba que la participación política de personas de confesión hebrea en la Alemania de la primera posguerra había resultado nefasta no sólo para ellas mismas, sino para toda la comunidad. «Hubo muchos judíos alemanes, como tantos otros alemanes no judíos, que se distanciaron de la coyuntura política o rechazaron comprometerse en un movimiento de oposición para combatir a Alemania porque, más allá del gobierno de turno, la seguían considerando su patria, la tierra donde residían sus afectos, etc. Sin embargo, en un contexto de enorme polarización, esta actitud fue percibida por los militantes antinazis como una inconcebible falta de compromiso político y como una traición imperdonable de parte de quienes se aferraban al judaísmo.

«Un mes antes de que la DAD realizara su exhortación a todos los alemanes germano parlantes de buena voluntad para ayudar a las víctimas de las persecuciones llevadas a cabo por el nacionalsocialismo y combatir activamente al régimen imperante en Alemania. La Hilfsverein Deutschprachender Juden reafirmó su posición apolítica, exigiendo de sus miembros la misma abstención publica». Esta postura se vio reforzada por el estallido de la guerra en Europa y la neutralidad argentina.

Apelando a una cuestión de política interior, desde las paginas de Filantropía, el nuevo nombre del periódico, en octubre de 1939, se argumentaba que al margen de las convicciones individuales, los judíos germano-parlantes de la Argentina debían seguir la actitud adoptada por la nueva patria y evitar cualquier compromiso activo contra la Alemania nacionalsocialista, con el fin de mantener «la guerra alejada de nuestros hogares». No es muy lejana esta posición política a la que critica Hannah Arendt en su libro -no leído en Israel durante décadas- «Eichmann o la Banalidad del mal», cuando señala que el capítulo más negro de la historia judía lo escribieron los Judenrat, los dirigentes judíos dentro de la Europa ocupada por los nazis; los dirigentes, elegidos, obligados por los nazis a colaborar, sin cuya presencia es posible que no hubieran ocurrido tantas muertes.

De todas maneras, la responsabilidad es de los nazis, cuando campea el instinto de muerte sin atenuantes, las salidas son de muerte. Otro nombre del nazismo es la pulsión de muerte desatada en su totalidad.

Las disputas entre el DAD y el periódico Judische Wochenchau

Este periódico desde sus comienzos criticó a la agrupación DAD por la distinción que realizaba entre los exiliados políticos activamente comprometidos y los emigrantes judíos apolíticos. El periódico señalaba «no fue el alemán sino el judío el que fue atacado» y propiciaba el regreso al espíritu judío. La respuesta del DAD no se hizo esperar. La agrupación condenó en forma violenta lo que percibía como un rechazo a Alemania. Esta discusión de 1940 sigue presente aún hoy. Se sigue condenando a Alemania como si en su conjunto hubiera sido nazi.

DAD afirmaba que si los inmigrantes judíos consideraban su distanciamiento de una militancia política activa como un reaseguro de las intimidaciones nazis padecían de una ceguera suicida.En realidad no sólo se estaban apartando de las teorías socialistas o comunistas, sino que se estaba desarrollando el germen del nacionalismo judío, es decir el sionismo. Y que como todo nacionalismo en esta etapa del desarrollo de la humanidad será retrógrado, no identificará al otro como perteneciente al género humano. El otro, el palestino, será el enemigo y como tal habrá que tratarlo. Y así lo hacen.

El que fuera el alma ideológica del DAD, August Siemsen, se preguntaba: «¿no es mejor que los judíos luchen por la superación de una sociedad de clases que en esencia explota, oprime y maltrata a los débiles?». En esta aseveración está contenido todo el programa del DAD: no pudieron romper con sus lazos con el comunismo, pero siempre supieron que el nazismo era la ultima expresión del capitalismo.
Se trata de una generación de alemanes, judíos y no judíos, que supieron que sólo la lucha por el socialismo pararía a la bestia nazi. Y que debe ser reinvindicada.

Un libro de un embajador inglés en la Unión Soviética en 1980 trató de analizar el porqué de la victoria soviética sobre el nazismo, habiendo tantas purgas, muertes, arrestos y descabezamientos de la población soviética. Y la única respuesta que encontró fue que la causa fue la organización social por gremios, por trabajo, por oficios. Vivian juntos en barrios, se conocían, pertenecían a un grupo, eso les dio sentimiento de pertenencia y avivó los lazos entre ellos. El ser parte de una comunidad que se conocía les dió una fuerza y un coraje que les permitió sobreponerse a tanta desorganización gubernamental.

El libro al cual me refiero es Moscú 1941, una ciudad y su pueblo en guerra. El escritor es Rodric Braitwaite y es un notorio anticomunista, pero no puede dejar de reconocer la superioridad de la organización social del comunismo.

Ni el estalinismo acabó con la capacidad de respuesta del comunismo.

 

1. Los Acuerdos de Munich fueron aprobados y firmados durante la noche del 30 de septiembre de 1938 por los jefes
de gobierno de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, con el objeto de solucionar la crisis de los Sudetes.

2. Sobre este tema, recomiendo el libro de V. Grosman Vida y destino, donde reseña heroísmo y burocracia entrelazados, para poder entender el devenir de la lucha contra el nazismo

3. Citado en Friedmann, G. (2010). Los alemanes antinazis en la Argentina, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires.

4. Op. cit.

5. Op. cit.