30/07/2021

Aurora Venturini: “Las primas”, una novela con conciencia meritocrática

La obra ha sido reeditada a partir de la publicación de “Las amigas”, una continuación como obra póstuma a cargo de su albacea, Liliana Viola.

“Las primas” fue el descubrimiento literario de Aurora Venturini en 2007 al ganar el premio Nueva Novela del diario Página12. La autora (1921-2015) reaparece ahora entre signos, manteniéndose así fuera de los márgenes, al darse la publicación de una obra inédita.

En el comienzo, la presentación del personaje de Yuna López, transformada en Riglos para generar una imagen de prestigio artístico, oscila entre el mundo infantil y el adulto, pero se mantiene estático a partir de su particularidad cognitiva. Esa marca, a partir del juego de doble que plantea Venturini, también muestra los extremos: las primas como extensión familiar, a la vez de pares que reflejan características en común generando intensidades que acercan y alejan.

El calor del hogar que se rige bajo un matriarcado a la fuerza, el abandono paterno, la imagen de la decencia de la madre maestra que trabaja considerando que “la letra con sangre entra”, el enmarcado del ascenso rápido y fecundo del arte, con el riesgo que puede acontecer también una caída abrupta. “Somos un sueño o una pesadilla cumplida” dice la protagonista, quien intenta comprender y avanzar en la vida sobre sus propias estrategias de supervivencia, de la juventud dependiente hacia una adultez en la que la domina su propia independencia y logros. Los arquetipos de mujeres; la abuela matriarca, la madre de buena imagen, la hermana minusválida totalmente dependiente, la artista incomprendida (“a veces la suerte me acompañó sin buscarla”), la mujer prejuiciosa de doble vara, la (prima) “liliputiense” llena de perversión, la (prima) que muere por el aborto clandestino; ¿quién puede negar esos modelos en la realidad?

Las creencias populares de la época también quedan reflejadas, el arte destinado a los locos, el embarazo solo por ser mirada, el amor prohibido; la tendencia social a revictimizar a la discapacidad, la anormalidad (que representa lo más normal, al fin y al cabo) y la minimización; no mostrar la molestia. La comparación social como parámetro de valor y de inserción social para las mujeres de la novela son las primas; esos movimientos son los que aparecen y desaparecen en el tablero para marcar los compases narrativos.

La novela, dividida en tres partes, refleja el propio crecimiento del personaje, tanto a un nivel intelectual como profesional, y contemplando también que Venturini realiza un doble juego: la creación del personaje que contempla a su propio lector en la novela. El discurso interior o inmediato en la definición de Gerard Genette, el caos de la dispersión interna. Venturini lo lleva al extremo de que el uso de puntuación inclusive sea tomado como un descanso, un orden, dentro del pensamiento/escritura de la protagonista. Su registro cuasi permanente, al detalle, incluso tiene una mirada tragicómica, una forma de contemplar desde la superficialidad impostada aquello que verdaderamente conmueve.

El drama de resolver los problemas que van surgiendo a partir de los recursos disponibles queda reflejado como si fuera una de las obras plásticas de Yuna Riglos en la misma novela. Los peores dramas, los profundos dolores, que se intentan sobrellevar de una forma entre abstracta y poética, que pendulan entre la vida misma y la vida ficticia. También así los actos humanitarios, contemplar que la unión hace a la fuerza frente a una familia desmembrada, sentirse menoscabado y avergonzado, y la pretensión de ser parte de un algo mayor. En este punto, el trayecto recorrido en la novela coloca a la meritocracia como la única salida, aunque sea de carácter individual. Pero este eje se ve falseado, a partir de los diversos acompañamientos de entre redes de mujeres que Venturini teje, dejando al descubierto que es un discurso de poder que obnubila y opaca, y no permite ver la realidad inmediata: no hay privilegios en las mujeres de Venturini, sólo se tienen ellas mismas para poder sobrevivir a un mundo que sólo puede encasillarlas.

 

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