17/03/2011 | 1168

David Viñas

Por Judas

Con la muerte de David Viñas se nos fue un exponente concreto de aquel concepto denominado «escritor comprometido». Uno de esos hombres que responden con solvencia a la figura del intelectual -como aquel productor del mundo de las ideas que interviene, desde sus saberes y desde su constitución política, en la cosa pública.

Viñas nació en Monte, hijo de un militar, y desde muy joven se nutrió de la amplia biblioteca familiar para formarse, corpus que incluyó no sólo literatura de todas las vertientes, sino que también a los clásicos del marxismo y la filosofía. En 1953, después de que su militancia estudiantil (antiperonista) lo llevara a presidir la Fuba, decide fundar una revista intelectual e incluye en el grupo inicial a su hermano Ismael y a Susana Fiorito, su cuñada. La revista «Contorno» existió hasta 1957 y marcó las formas de leer la cultura en el país de un modo determinante. Surgida durante el peronismo, que se cuidaba bien de darle espacio a las ideas opositoras en los medios, sus intervenciones culturales, que apuntaban contra Leopoldo Lugones o Eduardo Mallea (prototipos del «escritor nacional», el primero, y el manso escribiente de la burguesía, el segundo) calaron hondo y plantearon una revitalización del debate cultural en el país.

León Rozitchner (que se encuentra internado actualmente en terapia intensiva), Noé Jitrik, Ramón Alcalde, Adelaida Gigli formaron su núcleo duro, a la vez que Juan José Sebrelli, Adolfo Prieto u Oscar Massota, entre otros, fueron amigos de ruta de la publicación. Concluido el peronismo, la revista tomó un carácter más político y algunos de sus miembros militaron en el ala izquierda del radicalismo frondicista. «Contorno», cuya estela enseñó a leer los signos de la cultura nacional a una generación, produjo que sus miembros fueran conocidos como «los parricidas», por el gesto de ruptura radical con una forma de ver las cosas anclada en el pasado.

Las opiniones de Viñas sobre la actualidad política nunca dejaron de expresarse, a la vez que su producción crítica y narrativa no dejaba de nutrir las bibliotecas. «Literatura argentina y realidad política», su gran obra publicada en varios tomos, brindó herramientas a generaciones de críticos para leer los modos en que la sociedad se constituía y las formas que adquirían sus obras literarias en cada momento. En esas páginas mostró cómo los escritores acompañaron los distintos periodos políticos de la constitución nacional, poniéndose de un lado u otro en los debates que la iban transformando. Lucio Mansilla, exquisito hombre de letras, bon vivant y político, lo fascinaba: nunca dejó de escribir el inconcluso estudio sobre su obra, su vida y su tiempo.

Partió al exilio durante la dictadura de Videla, cuando sus dos hijos fueron desaparecidos. Al regresar, pudo ingresar en la academia y su vozarrón, su manera ampulosa de gesticular y el modo polemista de discutir con sus alumnos marcaron a muchos de estudiantes de la facultad de Puán. Dirigió el Departamento de estudios sobre literatura argentina, una pasión que lo atravesaba. Fue candidato a intendente por Izquierda Unida durante el menemismo. En 1991 rechazó la Beca Guggenheim, que otorga 25 mil dólares en homenaje a sus hijos desaparecidos.

Los últimos años lo encontraron con cierta tendencia de apoyo hacia algunas medidas del gobierno kirchnerista, aunque no integró orgánicamente espacios de sumisión intelectual o justificación de los desvaríos gubernamentales como Carta Abierta. «Un intelectual no puede ser oficialista», declaró, aunque nunca abandonó cierta tendencia a la pose individual que lo caracterizaba. En ese sentido, tampoco comprendió la necesidad de la construcción del partido revolucionario, vicio en el que muchos intelectuales incurren sostenidamente en función de una autonomía a defender, «autonomía» que se limita hasta de la construcción de los destinos de la clase obrera.

Internado, sus amigos contaron que en un momento pronunció la palabra «box». Infirieron que quería cigarrillos. «No, fumar no», dijo Viñas, e hizo el gesto de golpear con los puños. Box. Pelear. Debatir. En esa tarea, forma honrosa de habitar el campo intelectual, se le fue la vida.

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