18/11/2010 | 1155

Derroteros de una secta estalinista

O de como vivir en las nubes impide tomar el cielo por asalto

-Exclusivo de internet

Recibimos esta contribución, a propósito del debate sobre el artículo publicado en PO 1.050 «Un ejemplo de talento urgente. Diez años de ‘El Salmón’, de Andrés Calamaro».

En «Prensa Obrera» Nº 1.050, dos compañeros publicaron un artículo donde expresan su opinión en ocasión de los diez años del disco «El Salmon», de Andrés Calamaro. En este, reivindican la calidad musical del disco en cuestión y destacan su importancia en el período pre-Argentinazo. En la última edición del periódico «El Aromo», Razón y Revolución dedica un artículo escrito por Juan Tabas a defenestrar a Calamaro. Es claro que a RyR, Calamaro lo tiene sin cuidado. El objetivo de su nota no es discutir la caracterización de nuestros compañeros sobre la obra de Calamaro, sino aprovechar la oportunidad para recriminarle al Partido Obrero, una vez más, un supuesto desinterés respecto al tema del arte. Aquí tampoco nos ocuparemos de Calamaro, sino que intentaremos discutir algunas cuestiones de fondo.

La postura de RyR respecto al arte se encuentra explícita en los prólogos de sus libros «Desocupados en la ruta» y «La herencia». El arte puede tener un programa consciente o inconscientemente burgués, o bien un programa proletario (piquetero en sus palabras). Si el arte es burgués, se trata de ideología y no de verdadero arte. En cambio, la función del arte «verdadero» o el arte «piquetero» (tal como la ciencia) sería la de explicar la realidad, comprenderla y transformarla. Para esto, el arte debe tener un programa consciente. Un programa que guíe la acción artística, tanto en términos formales como de contenido. Este programa debe ser definido y llevado adelante por el partido revolucionario, utilizando al arte revolucionario como herramienta en el campo de la lucha cultural. Ámbito, según la caracterización de RyR, que la izquierda argentina ha dejado de lado a lo largo de toda su historia.

En relación a lo recién expuesto, se explican los reclamos de Juan Tabas sobre el desinterés del Partido Obrero respecto al arte. El Partido Obrero se desentiende de la lucha cultural porque no les da a sus artistas un programa que guie su actividad. En lugar de decirles a los artistas lo que deben «crear», el PO cometería el error de «solamente» organizar a los artistas bajo sus distintas reivindicaciones gremiales, desperdiciando especialistas en tareas que no son para las que están preparados, tales como músicos, escritores, pintores, etc.

RyR erra feo en su definición sobre qué es el arte. El arte, como toda actividad humana desarrollada en el contexto histórico de una sociedad clasista, es influido, entre otros factores, por la lucha de clases. El arte como experiencia vital sirve, a su vez, para expresar y comprender la realidad en la que surge. En este sentido, puede considerarse, al igual que la ciencia, una forma de conocimiento. Pero el arte y la ciencia no se desarrollan ni se explican por las mismas reglas, ni comparten el mismo método. El papel del inconsciente en el papel de la activad creativa artística difiere absolutamente con el método inductivo o el razonamiento lógico deductivo científico. Desconocer esto, plantear la equivalencia arte y ciencia, y esperar obtener del primero los resultados propios de un razonamiento científico y consciente de la segunda es pedirle peras al olmo y borrar de un plumazo las particularidades de dos actividades creativas humanas. Pero más allá de esta salvedad, lo que diferencia fundamentalmente al Partido Obrero de RyR es la caracterización respecto al problema de la cultura.

RyR aboga por la creación de una vanguardia de artistas-militantes, quienes desarrollen, en absoluto aislamiento de la lucha cotidiana, una cultura y un arte revolucionario «piquetero» y «proletario», y que este arte de método de laboratorio ilumine a las masas. Nosotros debemos considerar, en cambio, que la lucha en el terreno cultural se lleva adelante ligada la organización de los trabajadores en pos de sus reivindicaciones -incluida, por sobre todo, la reivindicación del poder. ¿De qué cultura humana podemos hablar cuando la mitad de los trabajadores ocupados se encuentran en condiciones de absoluta precarización laboral, en negro o tercerizados? ¿Cuando los trabajadores en blanco perciben un salario de convenio que no cubre ni la mitad de la canasta familiar? ¿Cuando la jubilación de miseria de 1.000 pesos se convierte en la expropiación final luego de una vida de explotación? ¿Cuando los colegios y universidades, sobresaturados, se caen a pedazos y los docentes cobran un sueldo de miseria? ¿Cuando reclamamos la reapertura de las paritarias, el 82% móvil, el pase a planta permanente de todos los tercerizados, cuando luchamos por la expulsión de la burocracia sindical, y cuando protagonizamos el estudiantazo denunciando el vaciamiento con el que Macri y el gobierno «K» someten a la educación? Así, los trabajadores estamos llevando adelante también la lucha en el terreno cultural, la verdadera batalla en el actual contexto histórico. RyR no sólo se convenció de que las tareas democrático burguesas en Argentina han sido llevadas adelante en su totalidad por la burguesía nacional, sino que descartó por completo el Programa de Transición.

Una cosa es autoproclamarse una vanguardia iluminada y mesiánica, conformada por artistas especialistas, educados en conservatorios y academias, que crea el verdadero arte revolucionario que sacudirá luego las conciencias de las masas. Otra muy distinta es la vanguardia que forma parte de la clase obrera, que se templa en la lucha cotidiana, que cambia, se decanta, se transforma como un proceso vivo al calor de la lucha de clases. En su artículo, «Tabas pega un grito», indignado cual Mirtha Legrand, sobre el nuevo rock «rollinga» con expresiones musicales como Viejas Locas, Jóvenes Pordioseros, La 25, etc., que en sus palabras «le pudre la cabeza a la juventud». Lo que Tabas no entiende es que Viejas Locas, el «lumpen» Pity, La 25, etc. son la expresión artística de un sector de la juventud argentina que vive en la pauperización absoluta, donde la droga, el enfrentamiento con la policía, el crimen organizado en complicidad con esta misma policía son una realidad diaria. Los pibes sí tienen «la cabeza podrida» y no es por Viejas Locas, sino por el paco, la violencia policial y la desocupación. Aun en estas condiciones, brota la expresión artística (que esta expresión artística haya sido mercantilizada y utilizada ideológicamente para estereotipar a cierto sector de la juventud obrera desocupada es otra cuestión), que puede no gustarle a los muchachos de RyR, que puede no identificarlos, pero no pueden negar su carácter de expresión artística vinculada a una realidad concreta. Hacerlo es un acto de elitismo recalcitrante. Nosotros, como Partido, nos damos la terea de organizar a esa juventud en el Polo, en las barriadas, en los lugares de estudio y de trabajo, y no a despotricar porque no escuchan música de cámara.

Desde el punto de vista de la tradición marxista es incorrecto hablar de un arte piquetero. En palabras más claras y hermosas que las mías:

«La energía del proletariado se empleará principalmente en la conquista del poder, su conservación y fortalecimiento y su utilización para las necesidades más urgentes de la existencia y de la lucha ulterior. No obstante, será durante ese periodo revolucionario, que encierra en límites tan estrechos, la posibilidad de una construcción cultural, cuando el proletariado alcanzará su tensión y la manifestación más completa de su carácter de clase. Por otra parte, cuanto más protegido este el nuevo régimen contra los trastornos políticos y militares y cuando más favorables sean las condiciones para la creación cultural, más se disolverá el proletariado en la comunidad socialista, se liberará de sus características de clase y dejará de existir como proletariado. En otras palabras, durante el periodo de dictadura no cabe pensar seriamente en crear una nueva cultura, es decir no cabe edificar a nivel histórico superior. Por el contrario, cuando la mano de hierro de la dictadura desaparezca, comenzará una época de creación cultural sin precedente en la historia, pero sin carácter de clase. De donde hay que concluir la consecuencia general de que no sólo no hay una cultura proletaria, sino que nunca la habrá y en realidad no hay motivos para sentirlo. El proletariado ha conquistado el poder precisamente para acabar para siempre con la cultura de clase y para abrir paso a una cultura humana» («Literatura y Revolución», León Trotsky).

Una última reflexión. Un ejemplo histórico de una casta que se adjudicó la autoridad de decidir cuál era el arte verdadero fue el estalinismo con el realismo socialista. Allí se consideró al arte como una herramienta y se la puso al servicio del Estado burocrático como propaganda. Esta política se acompañó ya no sólo con censura a expresiones artísticas contrarias, sino con exterminios humanos.

El Partido Obrero, contrariamente a las corrientes estalinistas, es una fuerza viva donde transcurren debates, opiniones y posiciones. Es así como compañeros pueden escribir sobre Calamaro sin tener que presentar credenciales de «autoridad» y vertir sus opiniones sobre el artista, aunque muchos no estén de acuerdo con ella. Libertad de opinión y libertad de creación son dos conceptos que los integrantes de RyR deberían tener más en cuenta para no caer en posiciones que, sencillamente, dan vergüenza ajena.

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