08/06/2017 | 1461

«House of Cards» V: la dominación política mediante el terror


La saga del ascenso político de Frank y Claire Underwood hacia las cimas del poder político acaba de estrenar su quinta temporada a nivel mundial con unos impactantes episodios que muestran, una vez más, las oscuridades del gobierno estadounidense. House of Cards es la serie protagonizada por Kevin Spacey y Robin Wright que llega a Netflix acompasada por cierto clima existente en el imaginario político norteamericano. La anterior temporada había culminado con la revelación -mediante antiguos aliados que abandonaban el camino sinuoso de la pareja presidencial que se convertían en fuentes periodísticas- de los crímenes cometidos en su ascenso hacia el poder. En ese marco, y que también atraviesa a la crisis del propio gobierno en una situación eleccionaria, los Underwood -que se postulan como presidente y vicepresidente demócratas contra un joven y carismático,y también oscuro, gobernador republicano- deciden impulsar como método la implementación del terror dentro de sus fronteras para regimentar así a los ciudadanos. Una vieja carta de los gobiernos, que se cristalizaba al final de la cuarta temporada cuando Claire se unía al recurso de la cuarta pared (que consiste en la ruptura de la narración cuando el personaje se dirige al público, y que hasta ese momento estaba reservado a la figura de Frank) para anunciar: “No nos rendimos al terror. Nosotros hacemos el terror”.


 


La temporada que acaba de comenzar explora cómo se utiliza ese terror, atribuido a un grupo islámico llamado ICO, no sólo para asegurar el desvío de las investigaciones periodísticas sobre los delitos de la pareja presidencial, sino también para allanar su camino hacia la reelección, en medio de un paisaje donde las otras pasiones humanas no se encuentran ausentes -incluso dentro y fuera de la relación amorosa de los protagonistas, que es también una sociedad para el poder.


 


La serie continúa explorando, como desde su comienzo, las tensas relaciones (y a veces promiscuas) entre el periodismo y el poder político, a la vez que el uso de la comunicación y la imagen como método para ocultar, más que para mostrar, las acciones de gobierno. House of Cards tampoco desdeña en cada ciclo la exhibición de las tecnologías más contemporáneas: si la temporada anterior exhibía el uso de las redes sociales y los celulares para establecer comunicaciones políticas eficaces, en esta se muestra cómo el celular permite también que todos atesoren los acontecimientos de la historia (al filmarlos), a la vez que las noticias circulan ya totalmente por fuera del papel -que se conservaba en la forma de algunos diarios en las temporadas anteriores, pero que en esta se expanden a través de dispositivos móviles y tabletas. La tecnología estatal de vigilancia de los ciudadanos también aparece mediante el poder de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) y su conocimiento de todo y de todos, y de todos los movimientos -se debe recordar que el whistleblower Edward Snowden permanece en el exilio en Rusia luego de revelar cómo actuaba


el sistema ilegal de vigilancia de la NSA.


 


Una característica de esta serie, y de otras realizadas por la industria estadounidense como Homeland o la reciente Designated survivor, está signada por el giro que se realizó desde una crítica política a la intervención yanqui en Medio Oriente y los usos de la guerra contra el terror, a la actual tensión del campo artístico progresista estadounidense con el gobierno de Donald Trump. Es notable que esta camada de producciones ponga acento en los giros fascistizantes que podrían tener los gobiernos en una marca de un clima de época. Frank Underwood toma decisiones muy similares a las realizadas por Donald Trump -aunque fue guionada antes de las elecciones presidenciales estadounidenses, el retraso en su estreno (que en las temporadas anteriores se hacía en febrero y este año pasó para fines de mayo) se explicaría en la espera para poder insertar escenas que le den más contemporaneidad inmediata al ciclo. Si bien Underwood es demócrata, la serie plantea una crítica al poder de cualquier característica que recabe en la Casa Blanca -aunque, claro, no lo plantee desde una mirada superadora, sino desde la real politik hollywoodense que votó masivamente por Hillary Clinton, con los límites que ello implica. Todos los capítulos de esta temporada ya están alojados en el servicio streaming de Netflix y, también, ya circulan por la web por medios no pagos. Una buena manera de observar la mirada de la política, el periodismo y el poder que tienen sobre sí mismos algunos sectores estadounidenses.

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