03/05/2021

La defensa del cine independiente ante un nuevo escenario

Ante la inminencia de un nuevo Plan de Fomento necesitamos un planteo propio.

El reciente lanzamiento del plan de “Contenidos Argentinos” a la medida de los reclamos de los gigantes norteamericanos del streaming está en las antípodas de la expectativa puesta en que el Fondo de Fomento Cinematográfico se nutra de imposiciones estatales a estos monopolios en beneficio del desarrollo de una cultura nacional independiente.

La idea que nacía y circulaba entre realizadores independientes fue utilizada demagógicamente por Puenzo al comienzo de la pandemia, para ser luego transformada en el reclamo a la AFIP de un desvío del 50% del IVA pagado por los consumidores de las plataformas de streaming al Fondo de Fomento del INCAA, que se transformaría de cinematográfico a audiovisual. Puenzo aspiraba así a triplicar dicho fondo y ofrecer a esas plataformas fomentar sus producciones en un esquema “win win” en el que, por cierto, ganaba siempre la OTT: no se le cobraba impuestos y se le prometía subsidios a la producción.

Las demoras en destrabar la puesta en marcha de estos planes dieron lugar a una parálisis de la gestión de Puenzo en el INCAA, que a su vez devino en una intriga de palacio al interior del gobierno. Un choque entre el Oscar winner ungido por el presidente, que contara con el apoyo de Hugo Sigman (K&S) que llevó al CEO de Netflix a reunirse con Fernández, por un lado; y, el ministro de cultura Bauer, la vicepresidenta y productores cercanos como Fernando Sokolowics que trasladaron a su base la agitación de la consigna “Estado presente, INCAA ausente”, y pusieron en marcha al menos tres avanzadas para desestabilizarlo.

Como señalamos desde estas páginas las asociaciones del cine independiente oscilaron entre estos dos bloques, para terminar –producto de la completa parálisis de la gestión- en el campo “opositor” junto a las cámaras patronales y con planteos ajenos a sus intereses, como las exenciones impositivas a las PYMES.

Unidad nacional para entregarse a los tanques

El gobierno ha resuelto salir del laberinto que le planteaba la interna del INCAA “por arriba” involucrando a todas las fuerzas en un acuerdo nacional para la entrega a los yanquis con Alberto Fernández a la cabeza, el Consejo Económico y Social, el clerical y pro norteamericano Beliz, la jefatura de gabinete, el kirchnerismo que dirige el Ministerio de Cultura, la Secretaría de Medios Públicos en manos de un amigo de Santa María, el Enacom del massismo, las cámaras patronales del cine y la televisión, los Sigman y los Sokolowics, la burocracia de la CGT con Daer a la cabeza y los titulares del SATSAID (de la Corriente Federal de Trabajadores), la AAA y el SICA (de la CTA de Yasky).

El plan, que cuenta con una batería de incentivos impositivos que convierten al país en un paraíso fiscal para las OTT, se basa sobre todo en el deterioro del salario nominado en dólares de técnicos y artistas, que en la presentación expusiera Lucrecia Cardoso tomando como ejemplo la producción de cortos publicitarios para el exterior (actividad que fluye entre países de acuerdo a la relación calidad y precio del trabajo en dólares), y la disposición a avanzar aún más en la precarización laboral, que el gobierno presentó con el eufemismo de “innovación”.

En la presentación quedó ausente una definición sobre asignación de recursos, más allá de la gigantesca entrega en materia impositiva. La idea de un fideicomiso público privado para impulsar producciones que había circulado no fue presentada. En las vísperas de las definiciones sobre un nuevo Plan de Fomento del INCAA el asunto cobra una mayor relevancia. Sin nuevos orígenes de fondos, el INCAA sigue constituyendo un botín de disputa por el cual Netflix, Disney, Amazon Prime, UniversalNBC o CBSViacom vistas todas las concesiones ya recibidas, se lanzarían a copar.

Otra alternativa que no se puede descartar a la luz de lo ocurrido en Colombia es que se proceda a un vaciamiento, para dar lugar más tarde al cese del funcionamiento de los mecanismos que nutren el Fondo de Fomento Cinematográfico (FFC). Colombia, que fuera señalada como ejemplo por Puenzo por estar produciendo más de quince series anuales tiene salarios de técnicos hasta cuadriplican a los argentinos. Frente a una Huelga General de masas el gobierno de Duque tuvo que dar marcha atrás parcialmente en su intento de reforma tributaria que incluía la eliminación de los mecanismos de creación del FFC.

En cualquier caso estamos ante un copamiento aún mayor de la producción audiovisual bajo el control económico, político y artístico de cinco tanques norteamericanos. En el marco de un recrudecimiento de la guerra comercial con China, no es poco el avance en materia de colonización cultural. Vienen además por el control del 5G.

El sometimiento a este rumbo por parte de las cámaras patronales nacionales es total, no aparece ni un atisbo de resistencia en la “burguesía nacional de la industria audiovisual”. Lo cual indica que se entregará cada vez más a los designios de un formateo cultural que presentará como una cuestión comercial. El formateo “a lo Netflix” que denunciara hace no mucho Lucrecia Martel.

La lucha por un fomento para el cine independiente

Por todo lo expuesto, el nuevo escenario le plantea a los realizadores independientes y sus organizaciones la necesidad de hacer un balance de sus alianzas, establecer con claridad sus reivindicaciones para intervenir en el debate de un nuevo Plan de Fomento. La “política de alianzas” con la cual varias Asociaciones justificaron un vaciamiento de asambleas y acciones de lucha debe ser puesta nuevamente en debate. Deben ser dejadas sin efecto las sanciones y expulsiones aplicadas sumariamente sobre quienes planteábamos la necesidad de poner a las organizaciones existentes al servicio de organizar los reclamos de los cineastas independientes y trabajadores audiovisuales.

Hay dos campos donde ubicarse: o con las cámaras patronales que exigieron y obtuvieron sus rebajas impositivas para obtener un rédito mayor de la explotación de trabajadores con salarios en la línea de pobreza, que pondrán sus empresas productoras al servicio de dotar de contenidos a estas plataformas de la colonización cultural, o con los trabajadores audiovisuales que tendrán que enfrentarlas para recuperar sus ingresos y lograr el cumplimiento de los convenios. Necesitamos un plan de fomento del cine independiente que incluya todas las condiciones salariales y laborales a los trabajadores audiovisuales garantizadas por el estado.

El reclamo de una vía digital para la ficción en las vísperas de este copamiento cultural con sus concebidas consecuencias sobre las libertades formales y de contenido social, político y cultural es absolutamente urgente. Así como la defensa de la vía digital documental que garantice la posibilidad de expresión con fondos públicos de la denuncia de todo este orden de cosas, que por supuesto no comprarían nunca las plataformas norteamericanas. En ambos casos será clave también poner en debate el funcionamiento y garantizar la elección democrática de los comités de selección de películas.

Estos temas, y la precisión del reclamo de una proporción concreta del fomento para el sostenimiento de la independencia en la creación constituyen la necesidad cada vez más imperante de un congreso o asamblea extraordinaria del cine independiente que defina un programa y un plan de lucha para imponerlo.

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