03/03/2016 | 1401

“La Leona”: la lucha obrera en la pantalla

La Leona ha puesto en primera plana las condiciones de ajuste y la lucha del movimiento obrero. La telenovela de Telefé, protagonizada por Nancy Duplaá y Pablo Echarri, relata la historia de una fábrica textil que está al borde de la quiebra. Su dueño Klaus Miller (interpretado por Miguel Angel Solá) contrata a un equipo de Recursos Humanos (donde está Echarri), cuyo servicio es el de vaciar empresas
Por Dylan


La Leona ha puesto en primera plana las condiciones de ajuste y la lucha del movimiento obrero. La telenovela de Telefé, protagonizada por Nancy Duplaá y Pablo Echarri, relata la historia de una fábrica textil que está al borde de la quiebra. Su dueño Klaus Miller (interpretado por Miguel Angel Solá) contrata a un equipo de Recursos Humanos (donde está Echarri), cuyo servicio es el de vaciar empresas.


 


Esto se representa con despidos, suspensiones, sabotaje, reducción de jornada y sueldo, retiros voluntarios, deudas de aguinaldo y vacaciones. El personaje de Echarri (Franco Uribe, oculto hijo extramatrimonial de Miller, sobre quien planea una venganza personal) lo resume con claridad en los primeros capítulos: “La mejor estafa es una quiebra”.


 


El guión, así, desarrolla la explotación y lucha de los obreros de una fábrica, tema poco abordado en géneros tan populares y en el horario central de la televisión. La telenovela pone en evidencia el armado de equipos especiales que vienen a quebrar, desmantelar y vaciar empresas. El mismo carácter progresista tiene el reflejo de la burocracia sindical en la figura del delegado que ‘transa’ con la patronal (rechazado por sus propios compañeros), como así también la toma de la fábrica como reacción ante la muerte de un histórico obrero (Hugo Arana, el padre del personaje de Duplaá, que muere de un infarto tras ser despedido) y la representación -que opera como denuncia- de la represión policial: el Estado como custodio del capital.


 


La trama ocurre en un barrio obrero que nació, en otras épocas, al calor de la fábrica. Hay menciones a problemáticas sociales de los barrios pobres: gatillo fácil y drogas (relatan que murieron pibes por ese motivo) o un caso violencia de género (contra una obrera). En Klaus Miller, el despótico dueño de la fábrica, se simboliza el núcleo del poder y la corrupción: allí están -se cuenta- sus vínculos con la gobernación, la Iglesia, la Policía y los servicios de inteligencia. En su haber está el crimen.


 


En “La Leona” hay un papel destacado de la mujer, en la figura de María Leone (Duplaá), la líder del activismo sindical de la fábrica. La trama incorpora elementos de descomposición de las relaciones familiares, especialmente en la familia rica (dueña de la fábrica) como gestos incestuosos.


 


La tira posibilita un análisis más fino. Hay una orientación hacia la conciliación de clases al oponer un capitalismo “vaciador” (Solá) frente al capitalismo “benévolo”. Esto es: uno de los hijos de la familia Miller (Juan Gil Navarro) quiere recuperar el ‘esplendor’ que tuvo la fábrica en su fundación -iniciada por el suegro inmigrante de Solá- al que al inicio de la telenovela se define como de avanzada porque pagaba vacaciones y aguinaldo. De fondo hay un mensaje de reivindicación del pacto capital-trabajo y del capitalismo “justo” -un discurso del primer peronismo- como forma de contener la lucha obrera.


 


No hay modelo de lucha política en la tira; los trabajadores accionan desde la autoconvocatoria. Es una lucha aislada, donde no hay crisis capitalista, sino capitalistas ‘vaciadores’. Duplaá, en ese sentido, se convierte en líder gremial por su experiencia de explotada sin contacto con ideas políticas. Son señalamientos, sin embargo, que no pretenden impugnar la telenovela, sino contribuir al análisis general de la obra. Por el contrario, “La Leona” debe ser entendida como un fenómeno rupturista y valioso.


 


La trama -donde incluso se ha mencionado, en un capítulo, a Prensa Obrera- cobra mayor importancia en el actual cuadro de despidos y ajustes que vino a imponer el macrismo, una línea de continuidad de la precarización y la quiebra K. 


 


La telenovela pone en presencia, con sus límites, la tensión abierta entre las clases, mediante los signos ideológicos que lo manifiestan (por ejemplo la toma de la fábrica, de un lado, y el vaciamiento empresarial del otro). El deseo entre Echarri y Duplaá (y la disputa por ella entre los medio hermanos) orbitará en medio de esa tensión.


 


La telenovela refleja, a su modo, la naturaleza de la lucha obrera en medio del desarrollo de la crisis general.

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