11/11/2021

“Las cosas por limpiar”: la doble opresión romantizada por Netflix

La plataforma Netflix presentó la miniserie “Las cosas por limpiar”, basada en la novela de 2019 de Stephanie Land, una mujer estadounidense que plasmó sus experiencias en el libro “Maid: Hard Work, Low Paid, and a Mother´s Will to survive” (trabajadora doméstica: trabajo duro, salario bajo y la voluntad de una madre por sobrevivir), que rápidamente se convirtió en un best seller, y lo mismo ocurrió con la producción audiovisual.

La trama de la serie ya se impone en sus primeras imágenes: una joven, en medio de la noche, decide abandonar a su pareja, con su hija menor, sin tener a dónde ir ni dinero. Ahí mismo, ya comienza a verse el iceberg de los tipos de violencia que existen para la mujer. A lo largo de los capítulos, podemos observar los diferentes procesos que atraviesa la protagonista: la violencia psicológica y financiera, el abuso emocional, la falta de redes de contención. Inclusive, romper con su propio patrón familiar, y no menor, la violencia institucional.

Si bien se presentan las diferentes políticas (por supuesto, burocráticas) que otorgan salvatajes, la organización del Estado con casas refugios, la ayuda terapéutica, también se presenta la paradoja: la ironía del sistema en cuanto a la revictimización; que habilita a que el victimario sea una víctima del sistema capitalista, reproducido en los machismos y en el sistema patriarcal, en el que, en este caso, las adicciones son las que abren la puerta a la violencia en las relaciones de dominio.

El eje principal es la mujer: la construcción de los personajes explicita los diferentes arquetipos, cada cual con su propia particularidad en torno al sufrimiento y dificultades, que atraviesan las distintas mujeres. El cuidado de los hijos, como una tarea prioritaria asignada a la mujer, la maternidad como un mandato social, a “como dé lugar”, de forma natural o subrogada, o la maternidad que se vive de forma atormentada; el ser exitosa laboralmente, visible dentro de una sociedad en la que sólo cabe destacarse, desdibujando así a la persona; los diferentes accesos a los que ciertas mujeres pueden alcanzar; “la chica que limpia” que a la vez es un poco amiga de quien la oprime, pero que necesita ser escuchada en sus propias miserias emocionales.

El “feminismo de Netflix” en esta serie implica una posición en la que la mujer, víctima de la doble opresión, repite patrones de conductas de forma inevitable, reproduciendo así el modelo patriarcal en sí misma, hasta que finalmente, logra reconocerse como víctima de diferentes tipos de violencias. La producción visibiliza así el problema de la doble opresión del género femenino, al mismo tiempo que la romantiza. Sin embargo, lo que también deja en un primer plano, es cómo hemos normalizado y naturalizado como sociedad las dificultades de las mujeres. Poder quebrar con esto implica un abordaje mucho más complejo, no sólo la reflexión desde diez capítulos; pero es un buen inicio para comenzar algunos cuestionamientos y reflexiones respecto de la perpetuación del problema.

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