23/10/2020
Series

The Boys 2: entre superterroristas y supremacismos

La segunda temporada de la serie de Amazon escupe su crítica contra el lobby empresarial.
Por Beita De

Esta nota contiene spoilers de la temporada 1.

La serie de Amazon The Boys ha estrenado recientemente su segunda parte, en la que conoceremos más sobre el laboratorio Vougth y sus negociados, además de la llegada de una súper que viene a patear más de un tablero. La crítica ácida a las redes sociales, la política, la Iglesia y hasta el régimen nazi encuentran vidriera en esta nueva entrega.

Como vimos en la primera temporada, lo que impulsa a “héroes” y “rivales” son intereses meramente personales. Ni de un lado ni del otro vemos una lucha que redunde en el bienestar de las mayorías. La venganza y el odio mueven a “los muchachos” que dan nombre a la serie, que quieren desenmascarar a los “súper” -cada vez más absortos en sus propias contradicciones. Para darles el empujón y que todos exploren sus límites aparece “Stormfront”, una súper muy poderosa que viene a forzar el juego de todos. La revelación de su pasado nazi y de su verdadera identidad será la que pise el acelerador de la historia. Supremacismo, regímenes totalitarios y un laboratorio inescrupuloso que es una mega corporación monopólica, son el escenario donde se desenvuelve todo.

El lucro a cualquier costo

El laboratorio Vougth no solo ha introducido el compuesto V -una droga que da a los recién nacidos poderes sobrenaturales- de manera ilegal en la población, sino que ha desarrollado pruebas y experimentos aún más peligrosos bajo la vigía atenta de Stormfront. Este, claro, no es el único secreto que guarda la corporación. Después de todo, Vougth está explorando todos los mercados en los que su poderosa droga podría redituarle.

En esta temporada, las críticas en The Boys siguen pateando en el piso al género de superhéroes, a los clichés que apelan, a las estrategias de marketing que explotan de manera miserable cuestiones de género y diversidades. Incluso parodiando escenas típicas de películas con superheroínas empoderadas jugando con la misma colorimetría y estética visual, al mejor estilo Marvel, Disney y DC. Van por más y se meten dentro de la política de Estados Unidos y de cómo todo en la industria capitalista, en definitiva, es funcional a los intereses de los capitalistas.

Los lobbies de las iglesias también aparecen representados. En la primera temporada, el centro de la crítica es el trasfondo calculador de la prédica religiosa, presentando a los superhéroes como elegidos de Dios para luego cobrar miles de dólares por el privilegio de acceder a una cena con ellos; la entrada al paraíso tiene una puerta VIP para quienes estén dispuestos a pagar lo necesario. En esta segunda parte otra iglesia, más parecida a una secta, aparecerá mostrando la influencia en la política que tienen estas instituciones, incluso imponiendo figuras.

“A la gente le gusta lo que digo, pero simplemente no les gusta la palabra ‘nazi’”

El superhéroe Homelander, el espíritu, el alma de la patria yanqui, será manipulado por la nazi Stormfront y así el racismo y la xenofobia se apropiarán del sentir americano, expresado en su figura y en sus seguidores. ¿Será que la democracia de uno de los países imperialistas más importantes es tan susceptible de caer en regímenes totalitarios y fascistoides?

La serie de Amazon desarrolla esta pregunta, en principio, dejando de lado la intervención de las masas; la población es representada simplemente como “el público”, un sujeto que consume mensajes y contenidos. En este sentido juega la representación del capricho de los líderes -en la figura de Homelander. Es desde esa limitada perspectiva, que no puede más que hacer ruido en un año signado por la rebelión popular en Estados Unidos, que la serie desarrolla su crítica a la manipulación de este laboratorio y, más en general, a la corrupción de la política y los medios de comunicación.

El método de campañas enmascaradas que tiene la nueva derecha de EE.UU., apuntado a generar un discurso de odio que deviene en actitudes xenófobas en la población, será puesto en evidencia aquí también. Fake news y campañas de trolls redundarán en principio en apoyos a la imagen de Stormfront y sus ideales supremacistas, incluso con movilizaciones de apoyo. Sin embargo, cuando se descubre su pasado, la serie muestra una reacción en las masas. Una actitud que las representa de manera positiva en la resolución, dando la idea de que recién cuando se cae la careta del fascismo, las masas se ponen en contra y se levantan en repudio; y a la vez, que reduce la política del lobby empresarial a acomodarse a lo que el rating manda. Para evitar spoilers, dejamos de lado adrede la representación de una figura similar a la parlamentaria Alexandria Ocasio-Cortez -pero sobre la que se da la pauta que, en la tercera temporada, los golpes también los recibirá el Partido Demócrata.

Finalmente, a quien guste de las series con antihéroes, violencia, gore, sexo, política, iglesias y totalitarismos, seguirá encontrando en The Boys un agasajo.

En esta nota

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