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1 de abril de 2020

Mendoza y las deudas con los trabajadores de la educación

Educación en entornos virtuales en tiempos de cuarentena.
Por Verónica Torres
docente universitaria y de nivel terciario

¿Está la educación en Mendoza preparada para una situación extraordinaria como la pandemia que asola actualmente a todos los territorios en los que pensemos? Estas preguntas se las hicimos a un grupo de docentes de diferentes niveles en Mendoza, desde el Secundario de una escuela pública hasta a quien se desempeña en el grado universitario. No debatimos acá el precio del alcohol en gel o los nimios recursos con los que cuentan los compañeros que ya ha sido denunciado por los delegados sindicales. Nos enfocaremos hoy en los recursos de la virtualidad, de la experiencia en el universo digital y en los innumerables recursos que sacan de la galera los docentes. Para meterme en este diálogo con docentes debo aclarar que como muchos he realizado mi trayecto en formación en herramientas digitales y junto con un grupo de profesionales de diversas disciplinas navegué, y aún lo hago, en las aguas tormentosas de la capacitación en comunicación digital interactiva y con una larga carrera docente. Es así, que en este abrupto salto nos obligó a descartar a Gutemberg rápidamente por la nube de la generación Z me decidí por preguntarle a mis amigos y colegas cómo estaban resolviendo su desempeño como docentes en el contexto de la cuarentena. La pregunta básica giraba en torno a los desafíos que nos abría el tema de la virtualidad en este salto precipitado, Aquí, algunos puntos que les dejo por si quieren detenerse un momento y compartir…. 

Primero le consulté a una docente “taxi” cuál era su mirada al respecto y su experiencia, trabaja en varias escuelas y en niveles: en CEBJA, en Superior no Universitario y la mayoría de sus horas en el nivel secundario. En síntesis, esta crisis en la que nos vemos inmersos en los últimos 10 días tiene dos aristas complicadas: por un lado, no garantiza el acceso a la información y al conocimiento de los alumnos porque, en principio, no todos tienen conectividad y, por ende, no todos tienen incorporadas las competencias digitales. Volvemos al primer punto: usar un celular y ser nativo digital no los hace ser profesionales en estas huestes de la virtualidad y el Estado en su última gestión no aportó para que esa brecha digital se cerrara. En un segundo eje, la Dirección General de Educación recargó en trabajo a los docentes a los que tildó de sospecha bajo el silogismo “No son vacaciones” para asegurarse de ello se las ingenió para que los docentes empezaran a funcionar como vigilantes de la vida virtual de los alumnos: planillas de asistencia y seguimiento de los ingresos en tiempo real: 

La DGE desconfía profundamente de nuestro trabajo así que nos han recargado de tareas administrativas. Nos hacen confeccionar los grupos de tareas, planillas de asistencia en las que tenemos en qué horario están conectados los alumnos y ellos lo toman como criterio para ponerle o no el ausente. Entonces agregan más trabajo y es confeccionar una planilla por cada curso. Yo tengo 38 o 39 alumnos por curso y estar fijándose si fulanito está conectado o no mucho y veces eso no es parámetro de que están trabajando porque muchas veces trabajan desde los teléfonos de sus papás y esperan a que lleguen de trabajar para poder hacer las tareas y no es en el horario escolar. Y el celular te suena todo el tiempo porque te consultan los alumnos, porque los directivos piden cosas ha sido una experiencia bastante negativa en ese sentido.” (Virginia, 34 años, docente de Lengua y Literatura nivel Superior No Universitario y Secundario) Una comprometida millennials con un feeling con el alumnado que quizás el Capitán de la Sociedad de los Poetas Muertos habría envidiado. Trabaja estas escuelas: Técnicos Mendocinos, Manuel Belgrano, CEBJA 3043, José Vicente Zapata y en el ISFDYT 9-002 Tomás Godoy Cruz.

Para el Dr. Ramiro Zó (docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo y del ISFDYT 9-002 Tomás Godoy Cruz) es la falta de alfabetización académica del alumnado en el entorno virtual la que pone en riesgo el mantenimiento de la carrera y lleva a estados de frustración a los dos actores principales: docente y sujeto que construye su conocimiento. Esta escasez en la incorporación de herramientas digitales tiene entre sus efectos las dificultades en la interacción con la inconmensurable información que se aloja en la nube. La brecha digital para este catedrático es tecnológica y en profundidad, cultural porque aún no existe una incorporación total de dichas herramientas. “ Si bien es cierto que es un desafío tanto para los docentes como para los alumnos como a todo el sistema, por otro lado, esta situación conlleva también una suerte de despertar de una crisis en las vocaciones docentes al sentirse frustrados e impotentes desde este pasaje a la virtualidad y , por otro lado también una crisis de todo el sistema educativo que no está adaptado y maduro para enmarcar todo en un proceso de virtualización de los procesos y praxis pedagógicos y didáctico en tan poco tiempo.”

Para tratar de ser más justos, otras voces se escucharon en los audios de WhatsApp frente a la pregunta por los desafíos que se nos abren en cuanto a Educación en contexto de cuarentena. Así, otros apuestan a que de esta crisis saldremos airosos porque este corte abrupto nos ha hecho volcarnos a la virtualidad y cambiar de manera violenta nuestra forma de mirar a la escuela. Los Programas como el modelo de Conectar Igualdad son viejos conocidos entre los docentes, sin embargo, existe una tensión entre un modelo de escuela presencial y uno virtual según quienes son fervorosos defensores de la educación tradicional y presencial y quienes plantean una ruptura en la conceptualización del tiempo y el espacio que implica la virtualidad. Estas voces, más aggiornadas con una docencia “líquida”, nos dicen que después de los desastres de la primera semana de clases “no presenciales” y las idas y vueltas de la DGE sobre no entender la diferencia entre el no tiempo/no espacio (ubicuidad) y la clase presencial el desafío será cambiar el paradigma en Educación. La virtualidad siempre estuvo nos dicen los funcionarios, lleva más de una década con nosotros, pero no había podido hacerle una zancadilla a la escuela presencial. La DGE apuesta a que los docentes, que saben nadar por instinto, también trabajen de manera colaborativa e imagina que no sólo resolverá como pueda esta crisis, sino que además planteará formas nuevas en las que ir desarmando la escuela tradicional del siglo XX que aún pervive en instituciones y estructuras sociales como los sindicatos o el Estatuto del Docente que se llevan de bruces con estos nuevos tiempos digitales. Como respuesta a la crisis que se desató en las últimas dos semanas en las escuelas de Mendoza, nos señala un experto en Educación y docente que además conoce el paño de los diferentes estadios de las administraciones de la DGE que en relación al tema del paso de lo analógico (presencial/físico/regulado es decir la escuela tradicional) a lo virtual no es ni tan abrupto ni tan violento porque “Desde que se implementó el Programa nacional de Conectar Igualdad se vienen haciendo en todo el país y en la provincia capacitación a los docentes en el manejo de los entornos virtuales.

Reconoce la situación de incertidumbre en la que nos vemos implicados por el contexto, por momentos inmanejable de la pandemia (Covid-19) que tuvo momentos de zozobra para la Administración de Thomas (a cargo de la DGE) pero en la que señala que hay más de un actor responsable de no haber podido con delicadeza y ritmo en los primeros días: “Si bien desde las instituciones y de la DGE se venía trabajando contenidos mediatizados por profesionales de la Educación, esto fue de un día para el otro. Y en estas dos semanas, sobre todo la semana pasada fue como un caos total porque muchos docentes que no estaban preparados en la virtualidad se tuvieron que ver en esa realidad y cambiaron todo lo que tenían presencial (que muchas veces no era tampoco pedagógicamente correcto, hay que aclarar también esto) con respecto a los tiempos que vivimos y al alumno que tenemos en la actualidad, lo volcaron al entorno virtual. Y eso generó una hecatombe tanto en el entorno virtual como de caos para los alumnos y los padres. Nos vimos todos desbordados. Con un nivel casi ya de locura, de estrés por las cosas que se pedían. A medida que pasa el tiempo, nos vamos adecuando y vamos haciendo lo que se va pudiendo en el día a día ¿no? Donde los docentes también están entendiendo que no es lo mismo, que lleva otro tiempo, que lleva otra dinámica y, que, aparte de ese tiempo y de esa dinámica también hay una cuestión de adecuación por parte de todos, por parte de los alumnos”.

En otras palabras, es el modelo anquilosado de la escuela tradicional aferrada al timbre, a los feriados y al bono de sueldo la que no entiende qué es el entorno virtual. Esa escuela tradicional que sanciona, que vigila, que tiene un docente que cumple horario y que visualmente se construye entre muros ha sido invadida por los celulares e internet y sacó afuera eso que era íntimo y privado. Pero también desarmó la privacidad de los trabajadores, los grupos de WhatsApp están a full y la conectividad desarmó esa frontera entre lo profesional y lo personal al mismo tiempo que surgen voces disidentes si algún compañero propone debatir sobre condiciones laborales y no laborales.

¿Quién esté presente y quién ausente acá en esta situación a la que nos fuerza la cuarentena por la pandemia del Covid-19? Tomamos lista y para muchos trabajadores docentes, es la propia infraestructura del Estado la que no ha llegado pese a una década de hablar de las bondades del polo de conocimiento y de las líneas de acción en capacitación en herramientas digitales (Conectar Igualdad o Argentina digital por mencionar algunas). Lo primero es lo primero ¿las redes sociales son plataformas a la hora de preparar las clases, enviar material, compartir un enlace? Sí y a medias, son redes sociales, no son plataformas digitales en las que se puede pensar una clase. En estos momentos miles de docentes en la provincia usan sus propias cuentas, arman videoconferencias, preparan material, arman páginas de Facebook, clickean en Instagram y hasta se le animan a la cámara, pero detrás de todo el empuje y la emoción del profe existe otra cosa. Primero debieron enfrentar la situación de ciudadanos sospechosos para la gestión de “Rody” Suárez: el peso del ítem aula y la derrota de la ley 9202 frente al peso enorme de las movilizaciones en diciembre por el agua en Mendoza crearon una tensión mayor pero no podía quedar fuera de las medidas nacionales (Resolución 384/2020).

En segundo lugar, quedaron librados en el debate entre “educación no presencial”, “virtualidad”, “herramientas digitales” más la presión administrativa de control sobre los alumnos y el cumplimiento de clases; sumado a ello, la presión de la tercera pata: los padres que, frente al caos, el nulo o escaso desarrollo de competencias digitales de les chiques el panorama se hizo abrumador. Comentamos brevemente a R. Igarza (U Nacional de Rosario) quien planteó la diferencia entre tener acceso a un celular y tener acceso a la formación que ayuda a utilizar al 100 % un dispositivo móvil: en síntesis, en una barriada llegar a un celular no implica ni remotamente saltar la brecha digital. Lo de siempre: los sectores más vulnerables no llegan a esos polos de conocimiento y de ingreso a la información. De hecho, recién en Argentina en el 2018 se aprobó la Ley de circulación y acceso considerando estos nudos entre la producción privada y el rol del Estado en tanto disputa entre propiedad intelectual y derecho a la información y al conocimiento. Si no pregúntele al profe de su hijo si al dar la tarea logro activar el enlace sin dar a cambio parte de su alma o sea datos para hacer cumplir a ciegas con el trabajo práctico. En tercer lugar y acá entra lo conflictivo ¿realmente la DGE o unidades académicas como la Universidad están preparadas para semejante escenario? La cuenta da a favor de las facultades y colegios de la universidad, vienen trabajando con las aulas virtuales, le son familiares Go School y el Moodle pese a su a veces poco amigable interfaz cumple lo suyo pero siempre necesitó del encuentro con el docente. Lo sé, tuve aula virtual unos 5 años y al final terminábamos muchos puntos en clase, siempre pasaba algo con el servidor y jamás podías subir archivos “pesados”. Los comportamientos de los y las argentinos y argentinas según el informe de We are Social nos da estas cifras:

 En marzo del 2020, en Argentina habría 35 millones de usuarios de internet y 34 millones de usuarios activos en redes sociales y aumentó un 7 % en el último año. Además, más del 94 % utilizan dispositivos móviles en estas interacciones: 78 % Smartphone y el 15 % de celulares sobre PC, tablets y computadoras personales. Instagram como red social tiene 89.920.00 de movimiento. En cuanto al uso, el 76 % elige Instagram mientras el 92 % prefiere Whats App y el 90 % Facebook. Instagram, por ejemplo, en el 2020 tiene según este estudio 17 millones de usuarios a través de publicidad con un 56 % de mujeres del total de los internautas. 
Pero esto es muy diferente a dar clases en el entorno virtual. El primer mito que debemos derribar es que si bien los Z o centennial son nativos digitales y los Millennials son el eslabón entre el delfín y el homo erectus de la era Gutemberg, para todo se precisan recursos, presupuesto, infraestructura y una verdadera política de educación en el entorno virtual. Algo de lo que adolece la DGE. Pero no debe usted quedarse con una sola voz, puede que yo esté equivocada, así que le pregunté a algunos expertos sobre esta experiencia de 10 días en las aguas cenagosas de la escuela en tiempos de cuarentena. 

Óscar García Agustín, intelectual y académico español que vive la cuarentena en Dinamarca y trabaja en la Universidad de Aalborg en la no opción “modo home office” me decía ayer vía WhatsApp que con la digitalización se irán a “nuevas formas de precarización y de colonización del tiempo libre por parte de jornadas laborales de 24 horas. No puedo evitar enojarme cada vez que alguien celebra lo de las clases on line y disponer de más tiempo libre.

¿y por qué se fastidia por estas declaraciones de colegas que están también viviendo la cuarentena en Europa? Pues porque son incompatibles estos dos conceptos: tener derecho al tiempo libre y organizar tus tiempos personales, profesionales, familiares y gremiales o militantes y ser un trabajador on line de 24 por 7 y precarizado como lo son los docentes por artículo 18 en los Institutos de Formación Superior después del decreto 530 en Mendoza que desarma todas las posibilidades de permanencia laboral y exige de los trabajadores docentes abarcar cada vez más tareas y obligaciones en su frágil situación de suplentes y pensar que con la virtualidad sin un Estado que regule y garantice tanto el derecho de los trabajadores como de los alumnos al acceso a la información y la cultura cuando esa producción están en un mayor porcentaje en manos privadas y no necesariamente en Argentina. 

 

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