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7 de abril de 2020

Córdoba: la educación primaria, la virtualidad y la precarización laboral

Por Marcelo Páez
docente lista Fucsia del Suoem

La cuarentena se prolongó hasta el 12 de abril y según el ministro Nicolás Trotta no se sabe cuándo será la vuelta a las aulas, señalando que “son decisiones epidemiológicas y no políticas”, que se decidirán en función de las que tome el presidente y sus asesores. Sin embargo, se barajan diferentes medidas, según como sea la evolución de la pandemia: suspensión de las vacaciones de invierno, clases los sábados, "articular el ciclo lectivo de 2020 con el de 2021” y “acortar las vacaciones de verano a un solo mes de vacaciones”. Sin bien pareciera que las autoridades están haciendo todo lo posible, no mencionan que les docentes trabajamos todo el día en la computadora corrigiendo, diseñando cuadernillos, explicando por audios, mensajes de whatsapp, subiendo actividades, atendiendo a los grupos de padres y cumpliendo con los requerimientos que se envían desde los equipos directivos y de supervisión a demanda de los funcionarios. Les docentes decimos claramente: "No estamos de vacaciones".

La crisis ha expuesto la famosa “brecha digital”: los registros de algunos docentes acerca de las interacciones con los estudiantes evidenciaron los límites del acceso: falta de datos en los móviles de las familias para poder acceder a los contenidos compartidos por WhatsApp y los diferentes portales educativos oficiales. Los Estados no garantizan los elementos y el equipamiento indispensable para el desarrollo de esta metodología virtual: no hay capacitación en servicio para los y las docentes; no hay recursos tecnológicos para los y las estudiantes en sus hogares; los docentes en muchos casos comparten recursos y conectividad con sus familiares. ¿Cómo hacen docentes y estudiantes cuya vidas personales y familiares se han visto completamente alteradas por la cuarentena (el cuidado de los hijos, de familiares mayores) para darle estatuto de “normalidad” a una situación completamente anormal? ¿De qué modo imaginan que docentes y estudiantes pueden suplir la carencia de la más elemental infraestructura (desde vídeos de realización aceptable, equipamiento, conectividad)? Estas preguntas básicas no figuran en el manual del burócrata educativo, lo que convierte al fetiche de la “educación a distancia” en un “como si”: como si nosotros estuviéramos enseñando, como si ellos estuvieran aprendiendo, como si alguien pudiera evaluarlos. Es decir, en una ficción educativa que se alimenta de la falta de recursos y no de la falta de intención de desempeñar nuestra tarea.

Por otra parte en el sistema educación municipal de Córdoba ha quedado expuesta la existencia de un doble estatuto docente: el formal -incorporado bajo convenio- y el precarizado, satelital al primero pero indispensable para que se garantice el servicio de enseñanza; en este último están los docentes que participan de doble jornada laboral porque son suplentes que aspiran a titularizar, que realizan tareas ad honorem e infinidad de cursos para acceder al puntaje; son también los docentes de jornada extendida y ramos especiales, que tienen dificultades para acceder a cargos titulares porque no se crean, fortaleciendo la precariedad laboral. Este sistema ha quedado totalmente a la intemperie porque no se han llevado a cabo los actos públicos que los dejarían en la posibilidad de estar cubiertos frente al parate laboral. Quienes lograron acceder a un cargo suplente, aún deben esperar el cobro del mes de febrero y marzo, ya que no les han depositado sus haberes junto a los trabajadores de planta.

El estado de las escuelas refleja años de vaciamiento y las condiciones en que se presta el servicio educativo empeoran de gestión en gestión. Cuando se retomen las clases, tenemos que discutir fuertemente la infraestructura necesaria y las condiciones de trabajo del personal docente, conformando comités de higiene y salubridad.

Como lo hemos venido planteando desde hace décadas, la salida de la crisis educativa, ahora agravada por el Covid-19, pasa por volcar los recursos del Estado municipal que hoy se destinan a negocios con privados y poner estos recursos para el mejoramiento de las condiciones de trabajo, la infraestructura escolar y los medios tecnológicos con el cual debemos prestar estos servicios cruciales para el desarrollo integral de nuestros estudiantes. Pero esos recursos no pueden provenir de los descuentos a los salarios de los trabajadores ni de los ahorros que resultan de la precarización docente.

No somos máquinas. Tampoco consumimos la fantasía de las nuevas tecnologías como relevo de la relación social y presencial educativa. Defendemos nuestras condiciones de trabajo, enseñanza y aprendizaje e investigación como parte inescindible de la defensa de la educación al servicio de las mayorías populares. Los funcionarios que se aprestan a bajar instructivos y kits para implementar una imposible educación a distancia lo hacen, en cambio, porque están a kilómetros de distancia de la educación.

En las escuelas debemos organizarnos y luchar para garantizar que todos los docentes trabajen en condiciones de estabilidad, resguardados ante las eventualidades que puso en evidencia esta pandemia y desarrollen su tarea con los medios adecuados, sin sobreexigencias ni superexplotación.

-Reclamamos que todos los docentes del sistema precarizado tengan una cobertura estatal urgente que permita llevar adelante una cuarentena obligatoria, preventiva y social;

-También reclamamos que se desarrollen actos públicos virtuales, que permitan la cobertura de los cargos de ramos especiales;

-Exigimos celeridad para que los compañeros suplentes, que no han percibido la liquidación de sus haberes junto a los trabajadores de planta, puedan hacerlo en lo inmediato, sin esperar al cobro junto al refrigerio, percibible recién el 15 de este mes.

-Finalmente, reclamamos que se garanticen medidas de higiene y seguridad en las instancias en las que se lleven adelante para entregas de módulos alimentarios y sanitarios para la población.

Evitar el contagio y la propagación del Covid-19 es una tarea que requiere medidas excepcionales. Los trabajadores tenemos que intervenir para exigirlas.

 

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