21/11/1996 | 520

¿Puede ‘educarnos’ la Iglesia?

La presencia de la Iglesia en el siste­ma educativo es simplemente desco­munal. Domina en la enseñanza secundaria, a la cabeza de la inmensa mayo­ría de los establecimientos privados, que son el 50% del total de los existen­tes en el país. Controla innumerables medios de comunicación, incluyendo decenas de radios en todo el territorio. Posee numerosas universidades, en expansión constante desde 1958, cuan­do el Menem de la época (Frondizi) les permitió funcionar sin restricciones a pesar de una de las más gigantescas movilizaciones educativas laicistas de nuestra historia.


La Iglesia se considera como una ‘educadora’ natural, y con las leyes educativas del menemismo ha sido ad­mitida como parte del sistema “públi­co”, una manera de legitimar los millo­narios aportes que recibe del Estado, incluyendo el sueldo de sus funciona­rios.


La pregunta del título está, enton­ces, plenamente justificada. ¿Puede ‘educar’ una institución que demoró 350 años en ‘perdonar’ a Galileo por decir que la Tierra gira alrededor del Sol y otros 150 en admitir, como lo hiciera días atrás el Papa, que la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies es “algo más que una hipó­tesis”?


Pero, además, esta ‘actualiza­ción’ es, sobre todo pura diplomacia.


La Iglesia quiere limpiar a medias su ‘pasado’ para mantener el “dogma” en lo que hoy más importa: su lucha contra la emancipación de la mujer y la juventud, contra la posibilidad que ofrecen los métodos anticonceptivos para la libertad social, sus planteos criminales contra las campañas contra el SIDA, su doctrina de sumisión con la cual históricamente bendijo el someti­miento de los oprimidos. ¡Si lo sabre­mos nosotros, en un continente que se incorporó a la ‘civilización’ con el ge­nocidio de su población, ejecutada por la espada y la cruz!


La Iglesia es un auxiliar fundamen­tal de la explotación capitalista en su función de disciplinamiento de la ju­ventud, en su doctrina de ‘hermanar’ explotados y explotadores como ‘hijos de Dios’ y en su prédica sobre la ‘sal­vación’ en la ‘otra vida’, la más im­portante y ‘trascendente’. En sus es­cuelas no existe libertad para la organi­zación de docentes y alumnos. Reina el oscurantismo: tiempo atrás, una alumna embarazada fue expulsada de una escuela católica, siguiendo el caso de un docente divorciado que había ‘osado’… casarse por segunda vez. Las autorida­des son designadas verticalmente bajo control… desde el Vaticano.


En la propia elaboración de los “nuevos planes” de estudio de la ‘re­forma educativa’ menemista, la Igle­sia impuso que la “teoría de la evolu­ción de Darwin”, en la cual se basa toda la ciencia biológica moderna, fue­ra apenas mencionada. Esto provocó la renuncia de varios docentes del propio


Ministerio de Educación menemista.


La que no ‘renuncia’ es la Iglesia. Al revés, la cúpula del clero es coautora de las leyes de educación del gobierno menemista. Es decir, de la política de liquidación de la enseñanza pública, del arancelamiento de la universidad, de la degradación de los estudios y de los títulos respectivos. Sus personeros ya habían sido los ministros de educa­ción de los Videla y Cía. En la década del 80 dirigió el Congreso Pedagógico, del cual fueron excluidas las represen­taciones del movimiento estudiantil y docente, siguiendo las directivas del entonces gobierno de la UCR.


¿Es necesario algo más? Los enemi­gos de la ciencia, de la libertad y de la democracia no pueden ser nuestros educadores. El pensamiento crítico, nuestra formación cultural, son incom­patibles con esta ‘reforma educativa’ y sus ‘ideólogos’ de sotana.


Abajo la ‘reforma educativa’. Derogación de la ley federal de educación y de la ley de educación superior. Queremos una enseñanza laica y gratuita. Fuera el clero de la educación. Libertad para pensar y para organizarse para la juventud.

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