12/07/2007 | 1000

La Protesta Humana: El diario de los trabajadores

Hace 110 años, un 13 de junio de 1897, se editaba por primera vez La Protesta Humana, el periódico anarquista que con el nombre definitivo de La Protesta se convertiría en uno de los órganos de mayor continuidad e influencia en la historia del movimiento obrero argentino.


La Protesta llega incluso a aparecer en forma diaria y de manera regular desde el 1º de abril de 1904, con las únicas interrupciones forzadas por los sucesivos estados de sitio. Vuelve a regularizarse luego de 1912, pero con altibajos que expresan la decadencia de la influencia anarquista en las filas del movimiento obrero.


Por su alcance, La Protesta constituyó un hito en la instalación de una prensa obrera en el país. “La tirada osciló entre 4.000 y 8.000 ejemplares diarios hasta 1909, cifras que estaban lejos de ser deslumbrantes y de satisfacer la aspiración de sus redactores, pero a partir de allí se produjo un aumento que llegó a elevar el tiraje a alrededor de 16.000 ejemplares al comenzar 1910”. 1 La demanda creciente expresa el clima de movilización y descontento social existente en el período que abarca, esquemáticamente, desde la crisis del ‘90 hasta la Semana Trágica de 1919, y va a llevar a los editores de La Protesta a intentar incluso la salida de un diario vespertino (La Batalla) que va a tener, sin embargo, una existencia efímera.


En septiembre de 1905, más de un año después de la salida de La Protesta como diario, La Vanguardia, el órgano del Partido Socialista, saldrá de la misma forma. En una población activa obrera de 500.000 trabajadores en lo que es hoy la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, la prensa obrera llega a 20.000 trabajadores de sus núcleos más concentrados.


De todos modos, La Vanguardia no tendrá la acogida de La Protesta en los medios obreros. A esta altura, el desencanto con la política parlamentarista y antihuelgas del PS ha abierto una deliberación en sus filas que va a llevar en 1906 a la emigración en masa de gran parte de sus activistas hacia el “sindicalismo revolucionario”, que en la década siguiente será la cantera del gremialismo “profesional” burocratizado e integrado al Estado durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen.


Un momento de viraje en la clase obrera


Las interrupciones en la salida de La Protesta son una síntesis de las características de ese período histórico. Entre 1902 y 1910 fue cerrada en cinco oportunidades por la aplicación sucesiva del estado de sitio ante las grandes huelgas del puerto y del Mercado Central de Frutos, en 1902 y 1903 (en rigor, la primera huelga general del país); ante el levantamiento radical en 1905 y la huelga general ese mismo año; ante el asesinato del jefe de la Policía, Ramón Falcón, en 1909; y ante las huelgas y movilizaciones del Centenario, que llevaron a uno de los más feroces episodios de represión sobre la clase obrera en lucha.


El periódico anarquista es fundado en 1897, en un momento de inflexión en la evolución del movimiento obrero de la época. La salida de La Protesta Humana se corresponde con un período de ascenso obrero, el auge huelguístico iniciado en 1895, que llevó a más de cuarenta huelgas en dos años, proceso en el que los yeseros conquistan la jornada de ocho horas y los ferroviarios arrancan un salto en sus salarios en una huelga que tiene su epicentro en los talleres Solá. Es un período de maduración del movimiento obrero, en el que se expresan las consecuencias políticas de la crisis del ’90, descargada ferozmente sobre las masas del país a través del pacto civil y militar que canceló la Revolución del Parque y consagró la continuidad del dominio colonial y oligárquico. En 1896 se produce la fundación del PS, el primer partido obrero en la historia del país, y en el mismo año se produce el primer intento de montar una organización obrera que prepare la huelga general, bajo la consigna “las huelgas parciales no dan sino resultados parciales”, como lo plantea La Unión Gremial (12/7/1896).


La decisión de editar La Protesta expresa una decisión colectiva de un conjunto de corrientes y centros anarquistas, algo difícil de lograr en la etapa previa. Se corresponde con la victoria política, en el seno de los anarquistas, de las corrientes partidarias de la organización de la clase obrera. La Protesta Humana reivindicará, en su presentación pública, la necesidad de la lucha por mejoras parciales, delimitándose de los anarquistas individualistas o antiorganizadores. Va a trazar, incluso, una crítica ambigua al terrorismo, sosteniendo que las causas últimas de éste se encuentran en la existencia del Estado y el capitalismo. En todo el período anterior, los anarquistas “organizadores” que confluyen en La Protesta Humana libraron una dura lucha política con aquellos partidarios de concentrar la actividad en la propaganda de los principios del comunismo anárquico y enemigos de las huelgas por reivindicaciones económicas y la construcción de las sociedades de resistencia (sindicatos). Los anarquistas individualistas, de ellos se trata, a través de sus periódicos, básicamente El Perseguido, denunciarán a los partidarios de la organización obrera y proclamarán la necesidad de la “propaganda por los hechos”, aunque las acciones terroristas casi no tendrán expresión en la década.


Una de las claves del eco de La Protesta Humana, luego La Protesta, entre los trabajadores y explotados, fue haberse convertido en vocero y organizador de las luchas obreras del período. “No sólo informando a través de sus páginas sino organizando sociedades de resistencia y efectuando giras de propaganda en el interior del país”. 2 Es en este período que, bajo la dirección de los anarquistas, se organiza la primera central obrera (FOA, 1901) y la primera huelga general (1902). La Protesta expresa un movimiento de conjunto, en el que el anarquismo ganaba autoridad en el seno de los trabajadores sobre la base de la combatividad y la decisión planteada en las grandes huelgas y los movimientos de lucha de los oprimidos —una de las coberturas más amplias y profundas es la de la huelga de los inquilinos (1907).


La Protesta no era, naturalmente, una prensa marxista. Era un vocero y organizador de las luchas de la clase dentro de los límites del pensamiento anarquista dominante en la época. La nota editorial de presentación es un canto a la libertad del individuo y al conocimiento científico como instrumento llamado a resolver la situación del oprimido y todos los problemas de la humanidad. Al rechazar toda forma de gobierno o autoridad se opone a la intervención de los oprimidos en política, considera nefasta toda intervención en el parlamento burgués y niega la existencia de una lucha de clases en la sociedad, pregonando la “salvación del género humano”. Estas limitaciones se revelarán mortales en los grandes momentos de crisis política, en los que el anarquismo no puede ofrecer a las masas un programa de intervención independiente —crisis del ’90, Ley Sáenz Peña e incorporación de la UCR al régimen político—, política de integración de los sindicatos planteada por Yrigoyen.


Propagandistas y locales


La difusión de La Protesta y su regularidad está asociada a una tarea de propaganda pocas veces vista en la historia del movimiento obrero argentino. De veintidós círculos en 1902, el anarquismo pasa a más de cincuenta luego de dos años, y comienza a atraer a sus filas a activistas e intelectuales del socialismo y el radicalismo (Ghiraldo). Los círculos son simientes de locales en los que se unen bibliotecas, salones de conferencias, escuelas para niños, y se desenvuelve una agenda de “sesiones de propaganda y controversia” —que se multiplican de manera notable—, de funciones de teatro y actividades recreativas cuyos fondos van, en muchos casos, al sostenimiento del espacio físico donde se desarrollan y de La Protesta.


La función de aquella prensa obrera fue orientar, guiar al trabajador y dotarlo de un horizonte cultural que lo enfrente a la miseria y el embrutecimiento a que lo somete el capitalismo. La imagen del “canillita” voceando La Protesta en las esquinas obreras (pibes de 12 años que eran sometidos a sistemáticas detenciones por su tarea) ha quedado como emblemática de la decisión de instalar una prensa propia de los trabajadores.


Prensa Obrera editó su número 1.000 y recorre ese camino.


1. Juan Suriano: Anarquistas, Manantial, 2001.


2. Gilimón: Hechos y Comentarios, Imprenta Puey, 1911.

En esta nota

También te puede interesar:

El martes 25 de agosto vio la luz Workersletter, el resumen de noticias diario de los trabajadores
La Iglesia sigue actuando para proteger al abusador Raúl Sidders.
Más descomposición de Altamira (ahora sobre el archivo de PrensaObrera.com).
En vivo por las cuentas de Instagram @prensaobrera y @radiovillafrancia