03/05/2007 | 990

Lenin convoca a Trotsky

Para construir el "Nuevo Partido Comunista"

En la Conferencia/Congreso, que se reunió en Petrogrado entre el 23 y el 29 de abril (6 y 12 de mayo), Lenin se planteó nuevamente cómo abordar una contradicción decisiva que se volvió a manifestar de una manera muy aguda en las manifestaciones de los días anteriores contra la continuación de la guerra. Miliukov, el ministro de Relaciones Exteriores, había sido obligado a renunciar por la movilización de obreros y soldados. Aunque el humor de las masas contra el elenco burgués en el poder era muy evidente, al punto que Trotsky afirma que, luego de las “Jornadas de Abril”, el poder del Gobierno Provisional sólo existía “en el papel”; ese mismo humor se manifestaba de modo apenas incipiente contra el Soviet de los conciliadores mencheviques y socialrevolucionarios, que sostenía al Gobierno Provisional.


Mientras se sucedían los choques en las calles de Petrogrado, Lenin procedió a reunir tres veces al Comité Central para orientar la actividad del partido, en la cual no faltaba improvisación y ausencia de perspectiva. En una de las resoluciones votadas, se preocupa por la contradicción entre la política de los conciliadores, de un lado, y la exaltación de los trabajadores que ganaban las calles, por el otro. Lenin analiza la posibilidad de que el apoyo al gobierno por parte de mencheviques y socialrevolucionarios llevara “a los obreros y soldados revolucionarios a separarse de los Soviets”. Para evitar que esto ocurra, “el Partido Bolchevique, afirma Lenin, debe comprometerse, ante los obreros y soldados que estiman que el Soviet debe modificar su táctica y renunciar a esta política de confianza y conciliación, a proceder a una reelección de sus diputados al Soviet, para que se hagan representar por hombres capaces de sostener con firmeza la opinión de sus mandantes”.


Sin la renovación previa de la composición de los Soviets, Lenin temía que el planteo de “Abajo el Gobierno Provisional” se transformara en una aventura. Considera incluso que la consigna debe ser retirada: “no estaremos a favor del pasaje del poder a los proletarios y a los semi-proletarios hasta que el Soviet adopte nuestra política y quiera tomar el poder…”. Lenin estima que las “Jornadas” terminaron en una suerte de “impasse” (“las causas de la crisis no han sido suprimidas y su repetición es inevitable”), y “la organización de nuestro partido (y) la cohesión de las fuerzas proletarias se revelaron como claramente insuficientes en estos días de crisis”. 1


Por eso mismo, cierra un texto especialmente redactado para la Conferencia/Congreso del siguiente modo: “¡Todos nuestros esfuerzos a la consolidación, a la organización de los obreros de abajo hacia arriba, hasta el último distrito, hasta la última fábrica, hasta la última calle de la capital y sus suburbios! ¡No os dejéis extraviar por los conciliadores pequeñoburgueses, dispuestos a pactar con los capitalistas, por los defensistas, …ni por los individuos aislados impacientes que os digan ¡Abajo el Gobierno Provisional! antes de haber logrado una sólida cohesión de la mayoría del pueblo en torno nuestro. La crisis no será superada por la violencia que ejerzan algunas personas aisladas contra otras, ni por acciones parciales de pequeños grupos armados, ni mediante intentonas blanquistas de ‘toma del poder’, poniendo preso al ‘Gobierno Provisional’, etcétera”. 2


El partido, el partido


Gerard Walter, en su biografía de Lenin, subraya el hecho de que las lecciones más útiles que el jefe bolchevique extrajo de las Jornadas de Abril fueron las que pusieron de relieve la situación al interior del partido.


“La crisis le permitió distinguir a ciertos elementos extremistas, poco disciplinados, llevados a la aventura y que tendían manifiestamente a mostrarse más leninistas que el propio Lenin. El hecho de que algunos miembros del partido se hubieran permitido lanzar por su propia cuenta consignas que se encontraban en contradicción con la táctica preconizada por el Comité Central le parecía inadmisible.” 3


En lugar de una fuerza compacta, “el partido se le presentaba a Lenin marcado por tres tendencias”: el centro, que le respondía plenamente; la derecha, formada por los viejos bolcheviques en torno a Kamenev, con planteos más o menos abiertamente conciliadores con el gobierno burgués, y una izquierda anarquizante que contaba con algunos jefes demasiado extremistas.


Más allá de los matices de esta caracterización, importa la afirmación del biógrafo de Lenin de que este Congreso tenía planteado “un objetivo capital en el frente interno: forjar una aparato coherente, sólido, encuadrado por un Comité Central homogéneo y con un órgano central (de prensa) llamado a seguir celosamente una línea de conducta política”. Y observa, además: “es siempre la vieja fórmula de Iskra que permanece vigente”. En plena revolución, entonces, Lenin vuelve a responder a la pregunta clave que se formulara en 1903, cuando nacía la organización de la socialdemocracia rusa: “¿Qué hacer?” El partido bolchevique debe ser la expresión organizada, consciente, disciplinada, eficaz, capaz de asumir la tarea histórica de conducir al derrocamiento del capitalismo y al gobierno obrero. No hay otra posibilidad de victoria. Lo hacía en un Congreso muy especial porque era el primero de toda su historia que se convocaba en condiciones de total legalidad, en territorio ruso y en medio de la revolución.


Lenin, como siempre, no partía de ningún dogma. “Son decenas de millones de hombres que se alinean ante nosotros (…) en una atmósfera de derrumbe social que jamás hemos visto, provocado por la guerra y el hambre.” Lenin llama entonces a comprender la necesidad de dotar al partido de los recursos para emprender una tarea gigantesca que implica la preparación de una “revolución mil veces más fuerte que la de Febrero”; una perspectiva que reclamaba colocar al partido en otro nivel de trabajo, disponiendo de fuerzas nuevas y “multiplicando por diez los equipos de propagandistas y agitadores”. Lenin admitía incluso que esto se presentaba como un desafío muy difícil de abordar. ¿Cómo hacerlo?: “No sé, señaló Lenin, lo que sé perfectamente es que sin cumplirlo es inútil y vano disertar sobre la revolución”. 4


Lenin y Trotsky


Al cerrar la Conferencia, por falta de tiempo, Lenin debe renunciar a un discurso elaborado sobre el cambio de nombre del partido. Se limita entonces a pronunciar unas breves palabras. Y vuelve sobre el mismo eje: “tenemos poco tiempo y mucho trabajo. Las condiciones en que está colocado nuestro partido son difíciles (…) Nuestras resoluciones no están adaptadas para las amplias masas (…) Tenemos que hablarle a millones de hombres. Es necesario sacar de la masa nuevas fuerzas, atraernos a los obreros ilustrados y conscientes para que pongan nuestras tesis al nivel cultural de las masas. Nos esforzaremos para conseguir que en nuestros folletos se expongan más popularmente nuestras resoluciones y confiamos en que los camaradas de las distintas organizaciones locales harán lo mismo”. 5 Quedaba expuesto el gran desafío. Lenin logró que se eligiera un Comité Central que él mismo propuso para lograr un trabajo homogéneo y centralizado.


Al concluir las deliberaciones, su principal preocupación fue la de reformular la prensa partidaria. Para la actividad de agitación que preveía en una escala sin precedentes en el pasado, el viejo periódico del partido, tal como se editaba entonces, no servía.


Lenin se propuso entonces hacer de Pravda una gran publicación popular llamada a lograr una muy amplia difusión, para alcanzar a las masas sin partido, políticamente poco educadas. Al mismo tiempo se planteó crear un órgano central nuevo donde, en un lenguaje pertinente para los militantes bolcheviques, se desarrollarían cuestiones de tipo programático y de táctica política.


Para concretar este proyecto, Lenin requería agitadores y propagandistas, periodistas revolucionarios, que no abundaban en el bolchevismo. Lenin pensó entonces en Trotsky y en Lunacharski, cuyo arte en la materia estimaba especialmente. Ambos formaban parte entonces de una organización llamada “Interdistritos” en Petrogrado, que mantenía frente al Gobierno Provisional y los Soviets la misma actitud revolucionaria que planteaba Lenin. Gerard Walter considera que el jefe bolchevique iba más allá y al intentar acercarlos pensaba en los cuadros de un futuro gobierno revolucionario del proletariado.


Muy pocos días después de concluida la Conferencia/Congreso, Lenin se acercó personalmente a una reunión del grupo “Interdistritos” y les hizo una propuesta a nombre personal, aunque con el acuerdo de algunos miembros del Comité Central.


El planteo era que en cada uno de los dos periódicos que debería lanzar el rebautizado partido, ahora Comunista, se integraran los compañeros del grupo de Trotsky. Al propio Trotsky, Lenin le reservaba el cargo de redactor en jefe de Pravda. La iniciativa no se terminaría de concretar, porque el planteo de Lenin con respecto a los dos periódicos fue resistido inicialmente por el Comité de Petrogrado, que pugnaba por editar un órgano propio, lo cual dilató la resolución que planteaba Lenin respecto de la prensa partidaria. Pero el grupo de Trotsky se integrará rápidamente al Partido Bolchevique. Los acontecimientos se sucederán con la velocidad propia de un proceso revolucionario.


Trotsky recibió la invitación de Lenin cuando apenas había desembarcado: luego de un largo periplo previo, había llegado a Petrogrado el 4 (17) de mayo. Trotsky llegó un día antes de que renunciara Miliukov para dar paso a un nuevo gobierno, esta vez “de coalición” y con la participación directa de los “centroizquierdistas” lado a lado con los capitalistas.


1. Vladimir Lenin, “Las enseñanzas de la crisis” (22 de abril/5 de mayo de 1917).


2. Idem anterior.


3. Gerard Walter, Lenine.


4. Todos los entrecomillados de este párrafo son de Gerard Walter, Lenine.


5. Gerard Walter, Lenine.

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