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23 de septiembre de 2010 | #1147

Sarkozy, sin balas, recurre a la deportación de gitanos

La situación política en Francia, luego de la manifestación obrera del 7 de septiembre

Cuando todavía resonaban los ecos de la importante manifestación obrera realizada a principios de mes, las primeras planas de los diarios fueron ocupadas por un conflicto entre Sarkozy y las autoridades de la Unión Europea, luego de que se filtraran a la prensa las instrucciones dirigidas por el ministro del Interior francés a los prefectos regionales con indicaciones explícitas para desalojar campamentos de gitanos en todo el país y deportar a sus integrantes a sus países de origen, mayormente Rumania y Bulgaria, a pesar de que estos últimos son también parte de la Unión Europea, que establece la libre circulación de personas. Una de las ministras de la UE incluso las comparó con las deportaciones masivas del nazismo. Sarkozy dobló, entonces, la apuesta y recibió el apoyo de Berlusconi, Merkel, Cameron y hasta del "socialista" Rodríguez Zapatero -aunque fue repudiado en el Parlamento Europeo. Todo esto es palabrerío, porque la expulsión de inmigrantes, incluso comunitarios, es permanente por parte de todos los gobiernos. La política de deportación viene siendo llevada adelante desde fines del mes de julio y a lo largo del verano han sido desmantelados centenares de campamentos de gitanos rumanos y búlgaros, sumando un total de miles de expulsados. En este marco, la decisión de penalizar el uso del "burka" entre las mujeres musulmanas no debe interpretarse en clave laica, sino como expresión de la ofensiva racista y reaccionaria (ver sobre este tema el programa de la CRCI, abril de 2004).

Las decisiones de Sarkozy deben entenderse a la luz de la crisis política francesa. Sarkozy busca atraer a su campo al bloque social y electoral que apoya al derechista Le Pen, cuya intención de voto está creciendo. Varios analistas señalan que es en respuesta a demandas de los dirigentes regionales de su partido que Sarkozy ha lanzado esta campaña xenófoba y derechista para contrarrestar el éxito que tuvo la manifestación popular del 7 de septiembre pasado en pequeños pueblos y ciudades del interior del país.

El oficialismo viene de perder por paliza las últimas elecciones y ahora se encuentra embarcado en la implementación de un plan de ajuste que es rechazado por los trabajadores y, al mismo tiempo, considerado insuficiente por los analistas de la prensa financiera. En los últimos meses, saltó un escándalo de corrupción por el financiamiento ilegal del partido de Sarkozy y ahora acaba de abrirse un conflicto entre el gobierno y el diario Le Monde, recientemente vendido a un grupo empresario, que acusa a los servicios secretos de espiar a sus periodistas. "Varios analistas dicen que Sarkozy se está pareciendo cada vez más a Silvio Berlusconi: un líder escandaloso de bajo vuelo y un populista divisionista con tendencias autoritarias" (Financial Times, 17/9). Como ocurre con Il Cavaliere, Sarkozy enfrenta un principio de disgregación al interior de su partido. Dominique De Villepin, ex primer ministro de Chirac, ha lanzado su propio partido, mientras que el actual primer ministro, François Fillon, es señalado por propios y extraños como un potencial adversario de Sarkozy y una eventual alternativa de gobierno.

El opositor Partido Socialista, por su lado, se debate en su propia crisis. Su principal candidato es Dominique Strauss-Kahn, el jefe del Fondo Monetario Internacional. La jefa del partido, Martine Aubry, se arroga el triunfo en las regionales de este año y se niega a bajarse de su propia candidatura. "En resumen", dice el Financial Times, "2011 podría ser para los socialistas un año de profundo conflicto interno antes que uno de unidad".

El inmovilismo en la cúpula del poder, en un cuadro de creciente impacto de la bancarrota mundial en Francia, ya ha desatado especulaciones de que Sarkozy podría ser expedido de su sillón antes de la renovación presidencial.

Lucas Poy

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