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29 de julio de 2005 | #910

Chile: Reforma constitucional: "Para que nada cambie"

“El presidente chileno, Ricardo Lagos, calificó hoy como un gran triunfo para la democracia de su país la aprobación de las reformas a la Constitución impuesta por la dictadura y afirmó que ‘la transición de Chile ha concluido’” (El Mercurio, 14/7 ). Las 50 reformas constitucionales contemplan la eliminación de los diez senadores vitalicios (uno de ellos fue Pinochet), devuelven al Presidente la facultad de revocar al comandante de las Fuerzas Armadas y de los Carabineros, y acortan el mandato presidencial de seis a cuatro años.

Fue excluida de la discusión la reforma al sistema electoral binominal que otorga representación solamente a los dos primeros: el 66 por ciento elige un escaño y el 34 por ciento elige el otro. En un año electoral, los partidos de la Concertación hacen demagogia mientras “aggiornan” el régimen político y se deshacen de un cadáver (Pinochet). Es claro que el gobierno es el más efectivo para la burguesía.

El PC y el Podemos criticaron la reforma porque no ha cambiado el binominalismo. Camilo Escalona (presidente del PS) chicaneó ante el Diario Financiero (16/7) por la paradojal coincidencia en esta crítica con un sector de la derecha.

Tomás Hirsch, el candidato humanista del Podemos, le respondió a Lagos que la transición no termina hasta que el binominalismo sea reformado y permita el acceso de las minorías. Ni se le ocurrió decir que la reforma pudo realizarse porque la alianza del régimen civil con la camarilla militar está definitivamente solidificada, y todavía más con el capital financiero. Hirsch nada ha dicho de que la reforma no haya tocado los artículos que autorizan reprimir manifestaciones, o crear organismos de inteligencia, como “la Oficina”, o que cientos de luchadores políticos continúen encarcelados desde hace años y juzgados por el fuero militar. Sebastián Piñera, candidato de Renovación Nacional, se manifestó contra el sistema binominal.

La reforma mantiene el chaleco de fuerza del gobierno “concertado”. Es decir, no cambia nada y cae en el inmovilismo político.

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