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11 de agosto de 2005 | #912

Pierre Broué (1926-2005)

Pierre Broué murió el 26 de julio, a la edad de 79 años, después de un combate contra el cáncer. Destacado historiador, mundialmente conocido, su obra influenció a una generación entera de intelectuales y militantes revolucionarios.

Originario del sur de Francia, muy joven entró en la resistencia contra la ocupación nazi, y a las filas de la IV Internacional. En los años sucesivos, como dirigente político trotskista, tendría una participación destacada en varios debates dentro del movimiento revolucionario (acerca de la naturaleza de la revolución cubana, por ejemplo, o acerca de la Revolución Cultural china, en textos que el actual Partido Obrero publicó en la revista América India, en 1972).

Al mismo tiempo, emprendió una carrera académica, como profesor de la Universidad de Grenoble. Sus obras más conocidas fueron traducidas para varios idiomas. En los años ‘60-’70, por ejemplo, su libro Revolución y Guerra Civil en España (en co-autoría com Émile Témime), fue intensamente leído y discutido en América Latina. El Partido Bolchevique, Revolución en Alemania (1917-1923) son obras del mismo período, que también conocieron difusión mundial. Publicó, en ediciones anotadas y críticas, las actas del Primer Congreso de la Internacional Comunista, así como varias colecciones de textos de Trotsky (sobre La Revolución, sobre Francia, sobre la Guerra Civil española). Sin duda, sus trabajos sobre la revolución española, en los que desmenuzó la traición stalinista al proceso revolucionario más profundo del siglo, son lo mejor de la obra de Broué.

Produjo trabajos de importancia hasta el final de su vida, aunque con menor repercusión. Cabe destacar: Historia de la Internacional Comunista, sus biografías Trotsky y Rakovski, su libro Stalin y la Revolución (el caso español), y La Revolución Española. Fue el primer historiador autorizado a entrar en los archivos cerrados de Trotsky, cuando su apertura en Harvard (en 1980).

Recordaba con especial cariño su participación en la mesa redonda que cerró el Congreso en homenaje León Troysky, realizado en la Universidad de San Pablo, en octubre de 1990, junto a Jorge Altamira, Osvaldo Coggiola, Michael Lowy y Seva Volkov (nieto de León Trotsky).

Gran coleccionador de documentos y dotado de una memoria prodigiosa, sus trabajos académicos le dieron merecida fama dentro de la mediocridad mayoritaria, aunque la misma academia le reprochaba ser un historiador “estrechamente político”. Su gran mérito habrá sido el de tomar las ideas de la “revolución permanente” de Trotsky, así como sus principales textos políticos (en especial la crítica al stalinismo), y usarlos como guía matriz de la investigación histórica.

Consagró gran parte de sus últimos 25 años a la creación del Instituto León Trotsky y a la publicación de los Cahiers Leon Trotsky, donde se publicaron numerosos trabajos sobre la historia del movimiento trotskista en todo el mundo. Se trataba de una empresa política, a través de la cual pretendía propiciar la “unificación del movimiento”, por encima de divergencias que le parecían superadas o sectarias. Esa fue su gran limitación —su discontinuidad como militante y polemista en las filas de la IV Internacional—, producto de su creciente absorción por la academia en detrimento de la militancia revolucionaria: concluyó aislado de las diversas corrientes trotskistas, a las que pretendía “sobrevolar”. Los Cahiers y el ILT concluyeron casi como una empresa personal del Broué historiador, perdiendo la incisividad política, histórica e ideológica, y hasta la originalidad, que poseían sus primeras obras. Este curso político lo llevó, en sus últimos años, a concluir en la inactualidad del trotskismo, cuya razón de ser, según él mismo, habría cesado con la muerte del stalinismo (de la URSS).

Su obra más ambiciosa, su biografía de Trotsky, tuvo mucho menos impacto que el esperado, justamente por ese motivo. Si corregía certeramente en diversos aspectos, y pretendía superar políticamente, la gran trilogía de Isaac Deutscher sobre Trotsky, estaba muy atrás de ésta en materia de audacia de interpretación histórica, pues concluía con el relato de una frustración política, que Broué creía que era la del propio trotskismo (o del bolchevismo como tal). En sus años finales, publicó una revista, Marxismo Hoy, de escasa repercusión, que se pretendía vehículo de grupos de marxistas frustrados, agrupados en siglas diversas, con el común membrete de “socialismo y democracia” (o “democrático”), que pretendía distanciarse del “sectarismo leninista”, una idea que conquistó al Broué final.

Su accidentada carrera política, sin embargo, no borra el mérito de sus principales obras. Con su gran dedicación al trabajo intelectual, Broué resumió, en su carrera personal, los impasses políticos de las corrientes que lucharon, o dejaron de luchar, por la IV Internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Personalmente, fue íntegro, siempre dispuesto a colaborar con los más modestos investigadores o militantes. Tuvo cinco hijos (uno de ellos es el mundialmente conocido matemático Michel Broué) y sólo al final de su vida, ya jubilado, consiguió adquirir un pequeño departamento, en Saint Martin d’Hères, cerca de su Grenoble, abarrotado de libros y papeles, pues siempre consagró sus recursos a la militancia política o a la investigación científica. Su simpatía personal y bonhomía de campesino conquistaban a quienes le conocían. Prestamos aquí homenaje al historiador, al militante, al amigo, cuya mejor obra continuará formando en la ciencia y el arte de la revolución a los jóvenes trabajadores y estudiantes que construyen el futuro con los puños del mundo.

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