09/01/2017

2016: Más de cinco mil muertos en el mar Mediterráneo

Aumentó el número de víctimas en relación al año pasado.
Por Lucas Poy


Dos noticias ocupan los titulares de los últimos días en torno a los refugiados que intentan llegar a Europa cruzando el mar Mediterráneo. La primera, celebrada por todo lo alto por la gran prensa europea, es que en 2016 se redujo drásticamente la cantidad de personas que ingresaron a la Unión Europea después de cruzar el mar: de un total aproximado de un millón de refugiados en 2015 se pasó a unos 360 mil el año pasado. Mucho menos difundida es la noticia que indica que, a pesar de esta reducción en el número total, la cantidad de muertos no disminuyó sino que aumentó, pasando de 3.700 en 2015 a aproximadamente 5.000 en el año que acaba de concluir.


Ya en octubre pasado, el vocero de un organismo de la ONU para los refugiados había reconocido que “esto es lo peor que hemos visto en la historia: pasamos de un muerto cada 269 llegadas a un muerto cada 88”. Desde esa fecha hasta fin de año la situación se agravó: se calcula que, en 2016, de cada 75 personas que intentaron cruzar el mar para llegar a Europa, una murió. Las cifras son pavorosas: mueren en el mar Mediterráneo un promedio de catorce personas por día; entre 2000 y 2014 murieron 22.394 personas (El País, 18/6/16). La Organización Internacional para las Migraciones, de todas formas, considera que “el número de muertes en el mar no reportadas puede ser mucho mayor, especialmente en viajes del norte de África a España”, en tanto numerosos naufragios no son ni siquiera registrados (The Guardian, 23/12). La mayor parte de los cuerpos jamás son encontrados: otros aparecen flotando en las costas libias, tunecinas o italianas, muchas veces después de varios meses de ocurridas las muertes.


La reducción en el número total de refugiados se relaciona con el aberrante acuerdo firmado el 18 de marzo del año pasado entre la Unión Europea y Turquía, que compromete a este último país a aceptar la “devolución” de aquellos que intentan ingresar desde allí al territorio europeo. El resultado no es ninguna mejora en la situación de los millones de refugiados que intentan escapar de la barbarie de la guerra y la descomposición social, sino un agravamiento. El cierre de la frontera turco-griega provocó un crecimiento récord de la cantidad de refugiados que intentaron cruzar el mar desde el norte de África hasta las costas italianas, una travesía mucho más extensa y peligrosa, que según las propias cifras oficiales tiene un promedio de un muerto por cada 47 viajeros.


Se calcula que viven actualmente en Turquía tres millones de refugiados, de los cuales un 10% está concentrado en campos especiales, que carecen de los servicios más elementales y tienen un régimen virtualmente carcelario; el resto vive en diferentes ciudades o pueblos del país. Hay un millón de niños en edad escolar entre los refugiados, de los cuales solo un 13% va a la escuela. Según Human Rights Watch, se calcula que aquellos refugiados que consiguen trabajo cobran menos de la mitad que un trabajador turco. De acuerdo a la misma fuente, más del 90% de los refugiados está por debajo de la línea de pobreza establecida en el país.


 

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