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6 de julio de 2012 | #1229

Supercumbres, superfracasos

Desde el G-20, pasando por las sucesivas cumbres europeas o las ambientales, todas terminan pariendo un ratón. Son intentos fallidos de los capitalistas y de sus gobiernos, los que acicateados por la crisis buscan imponer, aún por medios no bélicos, quién será el pato de la boda.Así como antes de las grandes guerras abundaron las cumbres por la paz o los pactos de no agresión, ahora abundan las cumbres económicas y financieras.Acaba de concluir una de los diecisiete países de la Eurozona. La letra fina del acuerdo se conocerá más adelante, pero lo firmado ya despierta la controversia: Merkel afirma que "no habrá prestación sin contrapartida. No nos hemos salido del sistema: prestación, contrapartida, condicionalidad y control"; en tanto, Rajoy y Monti celebran la relajación de los condicionamientos de Alemania.
Banca española: banca vasalla Los tiempos para poner en práctica el acuerdo están en el limbo: "Rajoy ha dado por sentado que este cambio se producirá antes de que acabe el año, pero el acuerdo del Eurogrupo sólo dice que el Consejo Europeo lo estudiará en ese plazo, sin aventurar fecha alguna para su puesta en marcha." (El País, 29/6/12).Lo que se conoce tampoco es una salida.Hace 30 años le llamaban "fusiones", hoy le llaman "rescate"; pero lo cierto es que un sector del capital se engullía -y engulle- a otro sector del capital.Pasó con los grandes bancos de inversión en EEUU, acaba de ocurrir en Europa con este acuerdo por el cual la banca española e italiana podrán ser "recapitalizadas" directamente por los fondos de ayuda de la UE.La condición para recibir el "rescate" es que el BCE se convierta en único supervisor de las entidades financieras -es decir que los rescatados pasan a una posición de vasallaje del rescatador. Para eso, dicho acuerdo contiene cláusulas aún no publicitadas de "condicionalidad", que Merkel y el BCE defienden "a muerte".Como el rescate no pasaría por prestar a los Estados -ni con su aval-, sino directamente a los bancos, algunos festejan que de ese modo se evita el peso que el rescate tendría sobre la deuda y sobre el déficit público. Pero los bancos a rescatar están atosigados de bonos de esa deuda estatal. De modo que si finalmente se concreta, se tratará de un rescate a los Estados (levantaría el valor de los bonos) al estilo de la soga que sostiene al ahorcado, porque la deuda soberana pasará a manos de capitales extranjeros, ya que estos podrán comprar dichos bonos en el mercado secundario.El acuerdo -tras colocar a la banca hispana en condición de vasallo- deja también abierta la puerta para su copamiento por parte de otros bancos privados, ya que los fondos de rescate dejarán de ser acreedores preferentes si hay insolvencia en el "rescatado". Otros inversores tendrán su oportunidad, en caso de que los préstamos directos no puedan devolverse. La banca privada -incluida la de EEUU (el Dow Jones saltó 200 puntos apenas se conoció la noticia del acuerdo)- tiene la vía para colonizar financieramente parte de Europa. Será el momento de la competencia entre la banca yanqui y la alemana para quedarse con el botín. ¿Unión financiera europea? Lejos de significar un tránsito hacia la unión financiera de Europa, el acuerdo, a su debido momento, expondrá los límites insalvables que las fronteras nacionales tienen para el capitalismo "unificado". Como ya lo demostró la unión monetaria de Europa.Un Banco Central real en Europa implicaría no solamente la unión financiera y monetaria -de por sí, en crisis una y en proyecto la otra-, sino también un presupuesto único, unión fiscal e impositiva, todo lo cual choca contra la existencia de los Estados nacionales.En la reciente reunión del G-20 en México, la subsecretaria de Asuntos Internacionales del Tesoro de EE.UU. dijo que "lograr una unidad financiera en la Eurozona, que sea un complemento de la unidad monetaria, resulta crucial para recuperar la confianza de los mercados".Visto desde la perspectiva de EE.UU. es lo que acaba firmarse en el acuerdo de los 17 países de la Eurozona. Pero para EE.UU. -acuciado por el aumento del desempleo, agravado por la caída de ventas en Europa y próximo a elecciones- se trata de una manifestación de deseos más que una propuesta concreta. Tarzanes con gripe Los bancos de España y de Italia perderán la protección de su Estado, con lo que se transformarán en parias del capital internacional: "una vez que el BCE asuma la condición de supervisor único del sistema bancario europeo, el rescate de la banca española pasará del actual Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) al nuevo Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y, en ese momento, ya no será necesario que el Estado español, a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), intervenga como intermediario y avalista, rompiéndose así el círculo vicioso que vincula la deuda pública con la de los bancos" (El País, 29/6). Pero ni Alemania está en condiciones de colonizar el resto de Europa, ni EE.UU. cuenta con posibilidades, de poner Europa bajo su control en la actualidad. Al menos no por medios no bélicos. Y aún no hay condiciones para una guerra abierta. Hay un equilibrio que, bien mirado, muestra debilidades. España e Italia no dejan de tener recursos para trabar los planes de Alemania, pero no son tan fuertes como para impedir que el curso de los acontecimientos los coloque como candidatos a ser el pato de la boda.Tampoco está definido que pueda haber una boda entre capitales rivales (EE.UU.-Europa) para repartirse el botín. Las crisis políticas a ambos lados del Atlántico recién comienzan. La desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín no significaban la victoria del capitalismo sobre la humanidad, sino que fueron una manifestación de la propia crisis capitalista, como lo dijo el PO desde el comienzo. La arena internacional sigue siendo el terreno donde se decide el destino de la humanidad: socialismo o barbarie.

Norberto E. Calducci

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