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19 de julio de 2012 | #1231

Una crisis política de alcance continental

Detrás del golpe en Paraguay

El golpe en Paraguay ha disparado una crisis política de alcance sudamericano. No está en juego la restitución de Lugo, que ha aceptado la salida electoral que deberá tener lugar en abril, bajo la tutela de la derecha golpista. El Frente Amplio (Guazú) también se prepara para la campaña electoral.

Los "hermanos/as latinoamericanos", Dilma y Cristina, disimularon su impotencia frente al golpe, propiciando uno propio: el ingreso de Venezuela en el Mercosur, a pesar de la falta de acuerdo de Paraguay. Es una maniobra de escaso vuelo, por carecer de base legal y porque en realidad apenas inicia un proceso de integración que deberá durar un par de años. Otro aspecto no menor es que desató una crisis en el plexo del gobierno de Uruguay, que puso al vice (¡cuándo no!) contra el presi, Mujica. Según Danilo Astori, el ingreso de Venezuela fue un golpe pactado entre Argentina y Brasil, a último momento, pues le consta, dice, que Dilma Roussef fue a la reunión del Mercosur sin la intención de hacer eso. En el relato de Astori (O Estado de Sao Paulo, 14/7), el Mercosur ha pasado a ser dirigido por un dúo presidencial, CFK-Roussef, al margen de los tratados internacionales. A partir de aquí, estima que ha quedado incapacitado para desarrollar acuerdos internacionales de libre comercio, como el que Uruguay busca alcanzar con la Unión Europea. Si esta versión se confirma, CFK no solamente quiere cargarse a Scioli; también busca, con Brasil, imponer un proteccionismo comercial ‘de facto' frente a la crisis mundial. Como se ve, el golpe a Lugo desató innumerables vectores de crisis. A esto hay que agregar el respaldo al golpe contra Lugo de parte de Estados Unidos -interesado en aumentar su presencia militar en el Chaco-, y Canadá -que negocia contra reloj para habilitar la entrada del pulpo minero Río Tinto.

En Brasil, el canciller Patriota fue bombardeado, en el Senado, por la oposición e incluso por sectores del oficialismo por la inclusión de Venezuela en el Mercosur. Incluso, hay versiones de crisis de gabinete e incluso de su propia salida. Los golpes ‘suaves' o ‘parlamentarios' están al día en América Latina, incluidos los ‘nacionales y populares'. El que afecta a Scioli forma parte del paquete.

La crítica del canciller Almagro y el vicepresidente Astori al ingreso de Venezuela en el Mercosur, ejemplifica un alineamiento continental contra su propio gobierno. El epíteto de Mujica contra el golpe "narco colorado" en Paraguay, no mereció la misma calificación por parte de sus adversarios al interior del Frente Amplio. Tampoco aludió Mujica a la denuncia de Astori, de que Brasil y Argentina lo envolvieron en una conspiración para incorporar a Venezuela. CFK habría convencido a Roussef de que después de Paraguay podría producirse un proceso desestabilizador como consecuencia de las elecciones de Venezuela y, en especial, de la enfermedad de Chávez. Es curioso que enseguida estallara el enfrentamiento entre Obama y su rival electoral, Romney, a propósito de la afirmación de Obama de que "Venezuela no representa una amenaza contra la seguridad de Estados Unidos". O sea que el Departamento de Estado norteamericano está advertido de una crisis potencial en Venezuela y de la determinación del alto mando militar venezolano de enfrentar la crisis que no dejaría de producir un fallecimiento de Chávez o un resultado electoral muy parejo en las elecciones de octubre próximo (ver lo que ocurre en México).

Mercosur

Detrás de estos choques políticos hay otra realidad que pesa: la crisis del Mercosur, bajo los efectos de la crisis mundial y los arbitrajes "nacionales". La posibilidad de ‘un eje' Brasil-Argentina está afectado por el enfrentamiento comercial entre ambos. El "dirigismo" y las trabas al comercio con Brasil -un intento con límites infranqueables para evitar un nuevo “rodrigazo” en la Argentina- han derrumbado el comercio con Brasil. La industria brasileña está en retroceso y enfrenta la competencia china. Argentina ha propuesto un acuerdo con China -su principal comprador de soja- que es rechazado por Brasil, porque sería un golpe mortal para su industria. Brasil también se parte por el medio: la industria militar norteamericana ha llegado a acuerdos con las constructoras brasileñas, que son resistidos por la industria brasileña, la industria militar europea y gran parte del PT, pero que cuenta con el acuerdo de la oposición (O Estado de Sao Paulo, 14/7). Argentina y Brasil se ven presionadas a una devaluación sustancial de sus monedas, que podría terminar en un estallido social.

El ingreso de Venezuela podría ser muy interesante si permitiera acuerdos bilaterales, de intercambio de energía, a precios inferiores a los internacionales, por inversiones industriales en gran escala, con créditos igualmente baratos y a larguísimo plazo. Pero se trata de una perspectiva que está afuera del alcance de las burguesías nacionales, por un lado por sus rivalidades (y su incapacidad de planificación) y por el otro por la presión del capital financiero internacional.

El Mercosur se disgrega como resultado de las presiones de la crisis mundial. Hay quienes incluso quieren mandar a Brasil a la B, desclasificándola del Bric (el grupo de países con Rusia, China e India). En este cuadro, se ha iniciado una intervención del movimiento obrero en Brasil, que atraviesa un cuadro huelguístico y choques con el gobierno.

La tesis de una América Latina unida bajo la batuta de gobiernos nacionalistas no pasa las pruebas de la crisis mundial, con su secuela de crisis políticas y de poder.

Juan García

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