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6 de septiembre de 2012 | #1238

"Free Pussy Riot"

Un grito de guerra de la juventud del mundo

Provocadoras como los Sex Pistols, auténticas como los Clash y con el espíritu femenino de Patti Smith, la reciente condena a prisión por dos años, por parte de un tribunal, al grupo punk ruso Pussy Riot -juicio que nada tuvo que envidiarle a los viejos procesos de Moscú de los años ’30-, ha transformado a esta banda en el ícono de la lucha contra la censura en Rusia del gobierno del ex agente de la KGB, Vladimir Putin.

Secas, austeras, soviéticas

Formadas en el proceso de movilizaciones contra el fraude electoral de Putin (septiembre de 2011), con la "urgencia" que históricamente caracterizó al punk rock, las Pussy Riot nacen como parte de un movimiento de jóvenes artistas que, a través del arte de las performance, denuncian la sistemática censura en Rusia. Desde protestas callejeras, bromas a policías y burlas a los símbolos del poder político y eclesiástico, estos grupos de arte callejero -entre los que se destaca Voina- han sido el canal de expresión para miles de jóvenes rusos frente al régimen policial de Putin.

Con un sonido crudo, directo y sin muchos matices, entre las influencias musicales de Pussy Riot se encuentran bandas del estilo "Punk Oi!" o "Street Punk", también los Sham 69, Uk Subs y Cockney Reject, así comos otras más ligadas al grunge de los ’90, como las L7. Como definiera Serafima -seudónimo utilizado por una de los más de diez integrantes de este colectivo- a un medio español en marzo de este año: "...en ese momento nos dimos cuenta de que este país necesitaba un grupo militante, punk y feminista, que se moviera por calles y plazas, movilizando toda la energía pública acumulada contra los corruptos malvados de la junta de Putin. Y enriquecer así la oposición cultural y política rusas con temas que nos importan: los derechos de la mujer y de gays, lesbianas y transexuales, así como denunciar la ausencia de un mensaje político valiente en las escenas de música y arte, y la dominación masculina en todas las áreas del discurso público...".

Las actuaciones de las Pussy, consideradas como ilegales por el gobierno ruso, se desarrollaron desde micros, estaciones de subterráneos, desfiles de modas y negocios de ropa de alta costura hasta la Plaza Roja, el techo de un centro de detención de Moscú y, la ultima -que terminó generando la detención de tres de sus integrantes-, la actuación en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú.

La importancia simbólica que el gobierno ruso le dio a dicha catedral no sólo pone de manifiesto los entrelazamientos políticos de Putin con el poder eclesiástico de la iglesia ortodoxa rusa -hoy dirigida por patriarcas (Kirill) con pasado de agentes de la KGB como Kirill Gundyaev-, sino que también manifiesta la impostura política que gobiernos de diferentes colores, ONG, grupos financieros, periodistas, la ONU y hasta las mismas burocracias, los que pretenden promover la "democratización" por medio de la intervención del clero en la vida política y social de los ex Estados obreros.

Back in the URSS

La censura del rock en Rusia ha sido, desde los tiempos de la URSS, un aspecto común en la vida social de su juventud. Arrancando en los años ’50, con la premisa que "el rock & roll era una perversión vulgar del capitalismo", pasando por la prohibición en las radios de difundir a los Beatles y a los Rolling Stones, el rock ruso estuvo -hasta recién entrados los años ’80- en la absoluta clandestinidad. Contando con su primer local de difusión recién en 1981, llamado "Rock-Club de Leningrado" en San Petersburgo, bandas como Kino, Agatha Christie, Secret, Televizor, Pop-mekhanika, Nautilius Pompilius y Aria -varias de estas enroladas en los géneros de la New Wave, el punk, el synth pop y el heavy metal- difundían la vida cotidiana de la URSS con temas que hacían referencia a la violencia doméstica, al alcoholismo, a la criminalidad, a la rutina mental, al estancamiento en la vida social del país, al rechazo a los dogmas de la doctrina stalinista y, en casos más osados, a un cuestionamiento a los jefes de Estado de los soviets y a los privilegios de pertenecer a las capas aristocráticas de dicha burocracia, enroladas en la llamada Nomenklatura.

Las ilusiones democráticas que más tarde la Perestroika y la restauración capitalista intentaron promover, en la segunda mitad de los ’80 y de los ’90, se terminarían esfumando con el reforzamiento del carácter policial del Estado.

Un caso similar a las Pussy Riot ocurrió en 2003, en Cuba, con la banda -también del genero punk- llamada "Porno para Ricardo". Con una dudosa detención por consumo de drogas, su cantante Gorki Aguila, el cual se ha pronunciado por la liberación de las Pussy, se transformó en una expresión artística del rechazo a la burocracia castrista con temas como "el maleconazo" -que hace referencia a la revuelta popular de la Habana de 1994- y "Leyendo el Pradva", donde fustiga al castrismo con un estribillo que reza "...ni Stalin ni Putin, ni Castro. Ni Chávez ni Hitler [...] políticos, gobernantes, burócratas repugnantes...".

Contradictoriamente a este espíritu libertario, la banda rechaza también cualquier ícono de la revolución cubana de 1959, incluyendo a la imagen más rockeada por miles de jóvenes del mundo: la del Che Guevara. Esta contradicción -que una banda de rock que lucha por las libertades democráticas en Cuba rechace una figura que, a lo largo de la historia, ha sido tomada como "liberadora" por la juventud- se explica por la canonización y por la utilización, por parte de la burocracia castrista, de los héroes de la revolución cubana.

Sin intenciones de desmerecer las expresiones de solidaridad hacia las Pussy Riots que artistas consagrados e, inclusive, por parte del show bussines -como Madonna, Paul McCartney, Anthony Kiedis (Red Hot Chilli Pepers), Bryan Adams, Sting y Pete Townshend, entre otros- han expresado, la lucha contra la censura al arte y a las libertades democráticas de las masas en Rusia o en Cuba será posible con una tenaz lucha contra el régimen que, a nivel internacional, censura toda iniciativa creativa mediante la transformación del arte en mercancía: el capitalismo.

Cuando muchos creían que el rock & roll y su poder de convocatoria se limitaban a los megafestivales, estas cinco chicas de Rusia (sin camarines, productoras, managers ni esforzados saludos al público con camisetas de fútbol) han recogido la simpatía movilizadora de miles de jóvenes de todo el mundo en un solo grito de guerra: “Free Pussy Riot”.

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