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7 de marzo de 2013 | #1258

Cisjordania: Rebelión popular contra la tortura sionista

Un nuevo levantamiento popular sacudió Cisjordania luego de conocerse la muerte del palestino Arafat Jaradat en una cárcel israelí. Jaradat, un trabajador de 30 años y estudiante de la universidad Al Quds, murió en la prisión de Megiddo, en Galilea, en circunstancias dudosas.

Pese a que las autoridades sionistas pretendieron disfrazar la muerte como un mero ataque cardiovascular y las lesiones a los "intentos de reanimación", las primeras pericias indican que la víctima falleció luego de ser sometida a "torturas extremas". Jaradat había sido detenido cinco días antes para ser interrogado por el Shin Bet, el servicio de inteligencia nacional de Israel, en relación con una serie de ataques con piedras a colonos israelíes en noviembre pasado.

Al poco de conocerse la noticia, cientos de palestinos se movilizaron en las calles de Cisjordania enfrentándose al ejército israelí. Paralelamente, los palestinos que se encuentran presos lanzaron una huelga de hambre de un día en señal de protesta. El caso de Jaradat se convirtió en testigo de las condiciones infrahumanas de detención y vejámenes que sufren los detenidos por parte de las fuerzas de seguridad sionistas.

Son cerca de 4.800 los palestinos presos en cárceles israelíes, por cargos que van desde el lanzamiento de piedras hasta la ejecución de ataques militares. Muchos de ellos no tienen imputación ni juicio, no conocen el motivo de su arresto ni las pruebas en su contra. Las movilizaciones que reclaman por su libertad vienen creciendo en los últimos meses, tanto dentro como fuera de los penales.

Frente a las últimas manifestaciones, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha reconocido su incapacidad de "poner orden" en la zona, al reclamarle al presidente palestino, Mahmoud Abbas, que sea el responsable de "mantener la calma y el orden en el territorio".

Lo cierto es que la situación se está agudizando: crecen las colonias israelíes en suelo palestino (se calculan cerca de 200 asentamientos, con un total de medio millón de personas) y aumentan las restricciones a los movimientos de palestinos, ya que el ejército sionista controla las grandes rutas de la región. Una demostración de que la Autoridad Palestina no ejerce ningún tipo de soberanía y, sobre todo, un caldo de cultivo para que las manifestaciones se generalicen.

Frente a este escenario, ya son varios los que señalan que se están reuniendo las condiciones para el advenimiento de una "tercera intifada", en referencia a las masivas movilizaciones que enfrentaron a la ocupación israelí en los años 1987-1993 y 2000-2005.

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