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28 de marzo de 2013 | #1261

Francia: La escalada antiobrera de Peugeot, Renault y la burocracia

Estamos ante una nueva vuelta de tuerca de la crisis industrial que sacude a Francia. Hace varios meses que Peugeot había anunciado el cierre de su planta de Aulnay, en las cercanías de París. La empresa confirmó que seguirá con sus planes, haciendo caso omiso a medidas cautelares dispuestas por la Justicia. Pero lo novedoso es que los sindicatos acaban de firmar un acuerdo aceptando el cierre.

Se trata de un final anunciado: las centrales obreras vienen de pactar una reforma laboral de alcance nacional con el gobierno y las cámaras empresariales, que implica rebajas salariales y un sensible avance en materia de flexibilización laboral. Lo ocurrido con Peugeot desmiente que la reforma laboral, como pretendió exhibirlo la burocracia, serviría para salvaguardar los puestos de trabajo.Los 3.500 puestos de Peugeot son la punta del iceberg, pues la medida impactaría indirectamente a 11.000 trabajadores. Pero, además, este desenlace ha envalentonado a la patronal de Renault, que tiene al Estado entre sus principales accionistas, y que ha puesto un precio muy alto para no seguir los pasos de Peugeot. Exige congelar salarios, libertad para desplazar los trabajadores de una planta a otra y prolongar la jornada de trabajo. Nada de esto, sin embargo, excluye la posibilidad de despidos. En los planes de la automotriz está prevista la pérdida de 7.500 puestos de trabajo.

La CGT no firmó el acuerdo de Peugeot, pero eso no la hace menos responsable. Pese a tratarse de un conflicto estratégico para el conjunto del movimiento obrero, no hizo valer su capacidad de movilización para enfrentar este ataque. Dejó desangrar la resistencia de los trabajadores de la planta, que la ocuparon durante varias semanas. La CGT viene actuando como furgón de cola del Frente de Izquierda (socialistas disidentes encabezados por Melechon y el PC) que impulsan un proyecto parlamentario de prohibición de despidos que los sindicalistas utilizan como pretexto para dejar de lado cualquier iniciativa de lucha.

Simultáneamente, crecen la bronca contra la burocracia, la inquietud y la deliberación de los trabajadores. También aparecen, aunque aisladas todavía, las iniciativas de lucha. Así ocurrió con la ocupación de Peugeot, encabezada por el activismo más combativo de la fábrica. La temperatura sube en el movimiento obrero y es el caldo de cultivo que prepara el terreno para una nueva etapa.

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