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9 de abril de 2015 | #1358

EXCLUSIVO DE INTERNET

La clase obrera enfrenta el ajuste

Por G.M.

La nueva ola de luchas en Brasil tiene como protagonista a la docencia. A la victoriosa huelga de más de un mes de duración de los maestros de Paraná, que frenaron el paquete de ajuste del gobernador Richa (PSDB), se añaden ahora las huelgas y protestas de la docencia de los estados de San Pablo y Rio Grande do Sul. En San Pablo, los docentes superaron el mes de huelga en reclamo de una recomposición salarial y otras medidas como agua en las escuelas y un límite de 25 alumnos por aula. El 27 de marzo, más de 60 mil profesores marcharon por las calles de la capital paulista. En Rio Grande do Sul, una asamblea de 2.700 profesores votó por importante margen la desafiliación del sindicato CPERS, de la central oficialista CUT, así como un llamado a un acto clasista e independiente para el próximo 1° de mayo. La docencia brasileña es víctima de jornadas extenuantes de trabajo y de una inestabilidad laboral que ha implicado miles de dimisiones de profesores contratados. Los recolectores de Rio de Janeiro, al cabo de siete días de paro, conquistaron una recomposición salarial de 8%, derrotando la intimidación del gobierno municipal y la apelación a rompehuelgas. Los trabajadores del correo desarrollaron una huelga de 48 horas contra la privatización, a pesar de la intimidación de la Justicia y de la complicidad de la burocracia. El movimiento obrero es un escollo al ajuste de Rousseff y la oposición patronal, como lo demostró la temprana resistencia contra los despidos en Volkswagen, la General Motors de São José dos Campos, y el Polo Naval de Rio Grande do Sul, así como contra los sueldos atrasados en el complejo petroquímico de Río. Ahora, se está gestando una lucha de alcance nacional contra los intentos de la Cámara de Diputados de avanzar en una reglamentación de la tercerización laboral, que la potencia al eliminar la responsabilidad solidaria de la empresa madre.

Lula

Lula intenta recuperar su capacidad de contención de las masas en momentos en que la imagen de Rousseff ha caído al 12%. En el congreso de junio, el PT discutiría una reformulación organizativa que procuraría imitar el modelo del Frente Amplio uruguayo. En una demagógica autocrítica, el ex presidente sostuvo que el PT ha sido rehén del "presidencialismo de coalición" y que debe "volver a las calles". Hasta insinuó críticas a Rousseff, al decir que con el nuevo mandato se ha producido una "inflexión conservadora (...) contradictoria con el programa electo" (O Estado de São Paulo, 1°/4). Lo cierto es que Lula es partidario de mayores concesiones al PMDB para recuperar el apoyo de la base aliada, y que ha dado su respaldo declarado al ajuste. El gobierno ha perdido el control del Congreso: desde que Eduardo Cunha (PMDB) asumió la jefatura de la Cámara de Diputados, la base de diputados que votan con el gobierno cae de 346 diputados formales (sobre 513) a un promedio de 246 (Folha, 29/3), figurando entre los principales desertores legisladores del PMDB. Pero Rousseff también recibe objeciones de su núcleo más próximo, puesto que sectores del PT y del PCdoB resisten algunos de los recortes planteados.

Ajuste

El repudio popular al plan de ajuste explica las dificultades que éste tiene para abrirse paso. Buena parte del paquete del ministro de Economía neoliberal Joaquim Levy se encuentra trabado en el Congreso, que no quiere incinerarse con él y procura suavizarlo. O, al menos, encontrar una buena recompensa a cambio. En el campo de negociaciones figuran la renegociación de las deudas estaduales y municipales. En este cuadro de crisis se inscriben los roces de Levy con Rousseff. En la medida en que el ajuste se traba, recrudece el impacto del Petrolão: aunque Lula y Dilma fueron excluidos de la investigación, el tesorero del PT ha sido imputado.

En lo que sí ha avanzado el gobierno brasileño es en el recorte de subsidios y el tarifazo a los servicios, así como en una fuerte devaluación del real (que ya alcanza el 30% anual), con la que espera recuperar la economía sobre la base de las exportaciones. Estos dos mazazos contra el pueblo no aseguran que la economía salga de la recesión.

Abril será un nuevo mes de marchas y contramarchas convocadas por el gobierno y la derecha, lo que tiende a crear una falsa polarización entre dos bloques que respaldan y negocian el ajuste. Mientras agita el fantasma de un golpe, Rousseff avanza en una reaproximación con Estados Unidos. La clase obrera necesita un planteo propio, conformando un polo clasista y luchando por la huelga general para vencer el ajuste.

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