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1 de octubre de 2015 | #1383

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Cataluña, un balance después de las elecciones

Las dos formaciones políticas que defienden abiertamente la secesión de Cataluña, Junts pel Sí y la CUP, conquistaron una mayoría absoluta de escaños en el Parlamento autonómico, cosechando 72 lugares de un total de 135. 
Pero, de todos modos, ambas fuerzas no superan la barrera del 50% de los sufragios -suman poco más del 47%-, una cuestión relevante si tenemos en cuenta que las elecciones se habían convertido, en los hechos, en una suerte de plebiscito. La discrepancia se explica por las particularidades del régimen electoral vigente, que establece pisos y le otorga una mayor representación a las jurisdicciones con menor densidad poblacional .

Bancarrota económica

El resurgir del independentismo es una expresión del agotamiento de la "España de las autonomías", montado bajo el amparo de la monarquía.

Las tendencias centrífugas van de la mano del derrumbe capitalista. El gobierno catalán pretende dirigir hacia Madrid el hondo y creciente malestar popular contra los recortes y los ajustes. El nacionalismo de derecha busca abroquelar políticamente a los trabajadores de Cataluña junto a su burguesía, argumentando que la crisis se debe a un régimen fiscal que "desangra al país" y obliga a la Generalitat a remitir a Madrid mucho más dinero del que recibe a cambio. Las tentativas por llegar a un arreglo financiero entre ambas partes desembocaron en fracaso tras fracaso. Rajoy no parece dispuesto ni en condiciones de otorgar a los catalanes la recaudación de sus propios impuestos -como hace el país vasco y reclama el gobierno catalán.

El movimiento independentista expresa la ilusión de la pequeña burguesía de poder esquivar la austeridad de Rajoy, mediante una autonomía fiscal que cierre el grifo de sus aportes a otras comunidades de España.

La gran burguesía catalana, sin embargo, es contraria a la independencia. Esto explica la enorme campaña que se desarrolló, procurando amedrentar al pueblo sobre las consecuencias de la independencia. Esta campaña fue sostenida por un abanico de fuerzas que va desde la burguesía española, incluida la catalana, y que se extiende a la Unión Europea y a la propia Casa Blanca.

El movimiento independentista

Tomada en su conjunto, la suma de escaños de los partidarios del secesionismo supone, no obstante, un retroceso respecto de lo que esas formaciones obtuvieron en 2012, cuando lograron 74 escaños.

El retroceso, sin embargo, se concentra en la actual coalición gobernante, liderada por el actual jefe de gobierno, Artur Mas Se constata, en cambio, un ascenso de la CUP, el ala izquierda del movimiento independentista.

La CUP denuncia al actual gobierno de Cataluña por su política de ajuste y por su ataque a las condiciones de vida de la población, y por sus tendencias al compromisos con el estado español y los dictados de la troika. El proyecto independentista de Artur Mas consiste en sustituir la dependencia del odiado centralismo español por la dependencia de Berlín y Bruselas, en el marco de la Unión Europea .Una Cataluña independiente, en estos términos, sería un protectorado y un colonia financiera de Alemania y, como tal, estaría condenada a llevar adelante una rigurosa política de ajuste. La agenda del oficialismo gobernante excluye echar atrás la reforma laboral o la de las pensiones.

La oposición

Como principal partido de la oposición en el Parlamento autonómico catalán se sitúa la formación derechista Ciudadanos, con casi el 18 por ciento de los votos y 25 diputados, casi el triple de los que obtuvo en las elecciones de 2012. A continuación, se ubica el socialismo y recién después, y fuertemente relegado , aparece la colación encabezada por Podemos, con apenas el 9% de los votos y empardando con el desprestigiado partido de Rajoy.

La formación de Pablo Iglesias ha pagado muy caro su ambigüedad respecto al derecho a la autodeterminación y es, por lo tanto, una de las grandes derrotadas de las elecciones.

Salida

El resultado electoral abre un escenario convulsivo.El presidente de Cataluña, y la coalición que lo apoya, Juntos por el Sí, plantearon previamente a las elecciones, que si lograban mayoría absoluta de escaños, considerarían que el electorado los habilitaría a poner en marcha el proceso independentista.

Entre tanto, la escalada de la monarquía española no se detiene. El parlamento español se apresta a votar la ampliación las facultades del máximo tribunal de España para destituir autoridades regionales, una disposición que apunta al nuevo presidente catalán electo .El gobierno de Rajoy ya tiene en la gatera la intervención del estado catalán, si hiciera falta.

Estamos frente a una crisis política excepcional, que pone en jaque el conjunto del régimen político. Frente a los aprietes y amenazas del estado español, Artur Mas y su partido ya han capitulado en el pasado, y todo indica que lo harán nuevamente. Por lo pronto, el gobierno catalán no ha descartado un acuerdo con Madrid sobre la base de un estatuto de autonomía con mayores concesiones.

La CUP, con el 10 % de los votos, une el reclamo de la independencia a una agenda que plantea poner fin a la política de austeridad y el sometimiento a los dictados de la troika, derogar la reforma laboral, revertir los recortes salariales y sociales y privilegiar las necesidades populares mediante el no pago de la deuda. Sin embargo, y aunque veta a Artur Mas para la presidencia de la Generalitat de Cataluña, se declara dispuesta a votar a otro representante de la burguesía nacionalista. La izquierda independentista plantea la cuestión nacional sin romper con la burguesía de su propia nacionalidad.

Llamamos defender el derecho a la autodeterminación de Cataluña como un aspecto de una reorganización integral del país sobre nuevas bases sociales, mediante gobierno de trabajadores en Cataluña y en toda España y abrir paso y construir en libertad una Unión Republicana y Socialista de los Pueblos Ibéricos y los Estados Unidos Socialistas de Europa, incluida Rusia.

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