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19 de mayo de 2016 | #1411

Grecia: nuevo paro contra el gobierno de Syriza

El carácter aislado de los paros y la ausencia de una dirección revolucionaria le permiten a Tsipras un margen de maniobra para imponer el ajuste. La izquierda revolucionaria tiene por delante el desafío de contribuir a darle a estas múltiples manifestaciones de resistencia que vienen protagonizando los trabajadores, una expresión política que apunte a transformar a la clase en alternativa de poder

Los trabajadores griegos desarrollaron la cuarta huelga general contra el gobierno de Syriza ante la aprobación, por parte del Parlamento, de una reforma fiscal y jubilatoria exigida por la Unión Europea y el FMI. Esta reforma establece un recorte de las jubilaciones (para algunos de los que se retiran a partir de 2018, sería de entre el 15 y 35%) y forma parte de una paquete de medidas que incluye también un nuevo aumento del IVA, un aumento de impuestos sobre las pequeñas empresas y “un aumento considerable del impuesto sobre la renta. El mínimo no imponible bajará de 9.545 a 8.636 euros” (Ambito.com, 9/5). Sólo la coalición en el poder (Syriza y la extrema derecha de Griegos Independientes) votó la reforma: todo el arco opositor, incluyendo los ajustadores del pasado (como Nueva Democracia), le dejó hacer el trabajo sucio y prefirió no incinerarse con ella.

Con esta reforma, el gobierno de Tsipras busca destrabar la primera parte de los fondos del memorándum suscripto en 2015 y hacer buena letra ante los ministros de finanzas del Eurogrupo, que se reunían para evaluar la marcha del plan de ajuste.

Aunque en líneas generales coinciden en la necesidad de profundos recortes contra las masas y el remate de activos estatales, hay diferencias entre el FMI y la UE sobre el rescate a Grecia. El Fondo “ve irrealizables las metas que quiere Europa: superávit primario del 3,5% del PIB en Grecia en 2018 y pago íntegro del pasivo” (El País, 6/5). Apuesta a algún tipo de reestructuración, que los europeos resisten porque deberían cargar con el peso de su refinanciación. Una variante que se discute es que la reestructuración no consista necesariamente en una quita. “Sería suficiente con una reestructuración de plazos y periodos de gracia de la deuda”, según la jefa del FMI, Christine Lagarde.

Experiencia

Aunque varios medios señalan que las manifestaciones frente al Parlamento fueron inferiores a las que se desarrollaron durante el paro de febrero y algunos gremios (como los controladores aéreros) no participaron esta vez del paro, la huelga de 48 horas convocada por los sindicatos públicos (Adedy) y privados (GSEE) paralizó por completo el transporte público y los hospitales, y fue muy fuerte entre los marineros (se paralizó el servicio de transporte a las islas), periodistas, y en el correo. También se movilizaron los agricultores. “Basta de masacrar la seguridad social”, “detengan la monstruosa reforma” y “no a la disolución del sistema de pensiones”, fueron algunas de las consignas (Página 12, 9/5).

El gobierno griego volvió a reprimir a los manifestantes en las inmediaciones del Parlamento.

El carácter aislado de los paros y la ausencia de una dirección revolucionaria le permiten a Tsipras un margen de maniobra para imponer el ajuste. La izquierda revolucionaria tiene por delante el desafío de contribuir a darle a estas múltiples manifestaciones de resistencia que vienen protagonizando los trabajadores, una expresión política que apunte a transformar a la clase en alternativa de poder.

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