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19 de mayo de 2016 | #1411

Brasil: la primera crisis de los golpistas

Por un congreso de trabajadores
La burguesía ha mandatado a Michel Temer, a avanzar en el trabajo sucio de un ajuste a fondo.
 
El presidente interino había prometido un paquete de medidas que significaba un ataque muy severo a los jubilados y asalariados, a lo que se agregaría un recorte importante de los planes sociales.
 
Pero Temer debe llevar adelante esta empresa en medio de un tembladeral. Por sobre todas las cosas carga con la hipoteca de encabezar un gobierno sospechado por los mismos cargos de corrupción que se le imputan a Rousseff. Pero, a diferencia de ésta, ni siquiera puede invocar que su gobierno proviene del mandato popular. El 60 por ciento de los senadores encargados de decidir la suerte de la presidenta suspendida están procesados por la Justicia. El desplazamiento de Eduardo Cunha, titular de la Cámara de Diputados, fue impulsado por el propio Temer, que intenta despegarse de sus aliados más impresentables y quiere levantar una imagen seriamente cuestionada por la abrumadora mayoría de la población.
 
Si bien Temer dijo que no temía ser “impopular” y tomar las medidas que hicieran falta, evitó en el arranque “los temas económicos más espinosos, como la reforma de las jubilaciones o la alteración del sistema de indexación de los salarios” (La Nación, 17/5). Tampoco hubo una referencia clara a los planes sociales. La vaguedad de los anuncios acerca del ajuste se reflejó en la reacción de los “mercados”. La caída de la bolsa con que se recibió la primera jornada de gobierno de Temer es una señal de desaprobación de la clase capitalista. Los círculos empresarios le acaban de bajar el pulgar a la tentativa del nuevo ministro de Hacienda de imponer un nuevo impuesto. Se trata de la Contribución Provisoria al Movimiento Financiero (CPMF), “públicamente detestado por el empresariado brasileño, especialmente el del poderoso Estado de San Pablo” (Clarín, 17/5).
 
Este anuncio provocó, de entrada, la primera crisis de gabinete. El flamante secretario general de la Presidencia, Geddel Vieira Lima, mano derecha del titular del Ejecutivo, rechazó la estrategia. La burguesía ha salido desde el vamos a marcarle la cancha al nuevo mandatario, exigiendo que todo el peso de la crisis sea descargado sobre los trabajadores. Un arranque demasiado “tímido” como el que se produjo en este debut podría provocar tempranamente un desencanto en la clase capitalista y la pérdida de apoyo de grupos empresarios clave que fogonearon su asunción.
 
Temer esta jaqueado en todos los frentes. Los primeros pasos por poner en marcha la reforma laboral despertaron la condena generalizada de todos los sectores del movimiento obrero, incluida la central Fuerza Sindical, su principal aliada en este campo. Los anuncios de Temer, aunque no satisficieron las expectativas de la burguesía, fueron suficientes para desatar cacerolazos y manifestaciones de descontento en las principales ciudades del país.
 
Una experiencia agotada
 
Existen condiciones para librar una batalla contra el ajuste y derrotar al nuevo gobierno. Pero esa tarea excede la capacidad y las posibilidades del PT.
 
A la par del distanciamiento de la clase capitalista que le soltó la mano, el PT viene sufriendo un deterioro acelerado de su propia base de apoyo popular. Las concentraciones convocadas por el PT fueron retrocediendo en cantidad de concurrentes. La jornada de movilizaciones y paros que convocó la CUT, coincidentes con la sesión del Senado que debía decidir la suerte de Rousseff, pasó sin pena ni gloria. La medida de fuerza fue acatada a cuentagotas en la clase obrera fabril y entre los trabajadores. La presencia en las calles se limitó a cortes sostenidos por apenas unos centenares de militantes. La central obrera ni siquiera tomó la iniciativa de convocar a movilizaciones generales en las principales ciudades.
 
Este triste desenlace no proviene de la fortaleza del golpismo sino de las limitaciones insalvables del PT. Rousseff, Lula y sus seguidores no tienen para ofrecer un programa alternativo al que plantea la derecha. Hasta último momento, se empeñaron en protagonizar el giro neoliberal y el ajuste que ahora tardíamente denuncian que pretenden llevar adelante sus contendientes. En estas condiciones, la suerte de la presidenta desplazada ya estaba echada. Eso explica que ella se abrazara desesperadamente a un recurso palaciego que se reveló inservible. Confió en que el máximo tribunal del país
(STF) oficiara de árbitro, cuando el Poder Judicial se ha constituido en uno de los vehículos de la conspiración golpista.
 
Perspectivas
 
El nuevo gobierno deberá demostrar si cuenta con la capacidad y los recursos económicos y políticos para pilotear la crisis. Ingresamos en una nueva transición política convulsiva. El desenlace actual no cierra la crisis, solo es un episodio de ella. El fracaso de Temer podría precipitar la convocatoria a elecciones adelantadas.
 
Temer debe mirarse en el espejo de Macri, y en el impasse que atraviesan los ajustadores argentinos. Dicho sea de paso, el silencio completo de la Casa Rosada delata la complicidad del gobierno argentino con el golpe brasileño. Los cinco meses de macrismo demuestran que las transiciones de los llamados gobiernos “populistas” a la derecha financiera se caracterizan por una acentuación de las contradicciones económicas, una agudización de la lucha de clases y una tendencia a la crisis política. Es desde este estadio más elevado de la crisis de dominación como debe abordarse la nueva etapa.
 
Los trabajadores deben condenar resueltamente el golpe y oponerse al gobierno de Temer, pero desde una postura independiente, desembarazándose de cualquier atadura al PT. Los dirigentes del PT prometen una “resistencia” que no llevaron adelante cuando fueron gobierno. Se trata de una impostura: Rousseff no cayó resistiendo al capital sino pactando con él. La clase obrera debe emerger con factor independiente en la crisis. En estas circunstancias cobra mayor relevancia el llamado a convocar un congreso de delegados de base de las centrales obreras, organizaciones y tendencias del movimiento obrero para enfrentar al ajuste y discutir un salida obrera frente a la crisis nacional. Los sindicatos combativos -empezando por Conlutas- y la izquierda deben ponerse a la cabeza de esta iniciativa. 

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