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7 de octubre de 2016

Un Nobel para vestir Santos

El otorgamiento del Premio Nobel al presidente colombiano Juan Manuel Santos ha sido caracterizado como un nuevo respaldo de la ‘comunidad internacional’ al proceso de paz, que sufrió un severo traspié con la derrota de los acuerdos en el plebiscito del domingo pasado.

La entrega del Nobel a Santos, que podría haber sido la frutilla del postre de los acuerdos, cumple ahora las veces de un balón de oxígeno para ayudar a reencauzar el proceso.

El hecho de que las Farc no hayan sido incorporadas en el premio apunta a reforzar las presiones para que realice mayores concesiones en el proceso de paz. Para el uribismo, constituye un mensaje en el sentido de favorecer un entendimiento.

Pero la entrega del Nobel a Santos no sólo resulta irónica porque la ‘paz’ aún está en veremos sino también por las credenciales del ganador.

Como ministro de Defensa de Alvaro Uribe, el flamante Nobel de la Paz es uno de los máximos responsables en la masacre de las fuerzas guerrilleras y de los campesinos colombianos. Durante las negociaciones de paz, inclusive, las fuerzas armadas siguieron masacrando a la población siendo él comandante en jefe.

No debería sorprender: en el listado de ganadores del premio figuran también el recientemente fallecido Simon Peres (con un largo derrotero de usurpaciones y crímenes contra el pueblo palestino) y Obama (responsable de las masacres en Afganistán y de la persistencia de la prisión de Guantánamo).

Barajar y dar de nuevo

La entrega del Nobel a Santos ha sido saludada de costa a costa, incluyendo a las propias Farc y Alvaro Uribe, principal propulsor del ‘No’ en el plebiscito y partidario de una renegociación de los acuerdos de paz que incluya menos prerrogativas para la guerrilla en materia de participación política, amnistías, subsidios, etc.

Uribe pretende asegurar, asimismo, la más completa impunidad para las fuerzas militares y paramilitares.

Santos y Uribe ya han protagonizado una primera reunión después del plebiscito, aunque sin mayores resultados. Las Farc, que en su X Conferencia anunciaron su integración indeclinable al régimen político, serán severamente presionadas para realizar aún mayores concesiones que las que ya han hecho durante las negociaciones.

El vasto frente que alienta el fin del conflicto en Colombia, y que va de Obama al castrismo, procura generar bajo las divisas de la ‘paz’ y la ‘democracia’ un mínimo común denominador político entre ‘nacionalistas’ y ‘derechistas’ del subcontinente. Adicionalmente, abre la perspectiva de negocios en el campo, razón por la que el FMI y el BID alientan también el proceso.

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