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31 de octubre de 2016

España: La investidura de Rajoy y un régimen que estira su agonía

Por Lucas Poy

El sábado 29 de octubre Mariano Rajoy fue reelegido por el congreso de los diputados como presidente del gobierno español por un nuevo período. La investidura fue finalmente posible, después de varios intentos fallidos, gracias a la decisión del comité federal del PSOE de pasar del voto en contra a la abstención en la segunda ronda de votaciones, permitiendo así que Rajoy fuera elegido al contar con más votos positivos que negativos en el recinto. Rajoy contó con 170 votos a favor, provenientes del Partido Popular, Ciudadanos y Coalición Canaria; hubo 111 votos en contra y 68 abstenciones.

La investidura de Rajoy fue, en primer lugar, el resultado de la presión inocultable de la monarquía y la burguesía del estado español, expresada en la campaña furiosa del Grupo Prisa en favor de la abstención del PSOE, pero también de la burguesía europea y el imperialismo. Todos reclamaron la conformación de una coalición de hecho entre el PP, Ciudadanos y el PSOE para evitar unas terceras elecciones, permitir una investidura de Rajoy y asegurar la “gobernabilidad” de España, es decir un gobierno capaz de llevar adelante el ajuste en un horizonte dominado por la crisis del Brexit, el referéndum italiano de diciembre (donde el primer ministro Matteo Renzi pone a consideración una reforma constitucional) y las próximas elecciones en Alemania y Francia. La editorial de El País celebró la investidura diciendo que era “el único procedimiento posible” para evitar “el grotesco recurso a unas terceras elecciones”. El Wall Street Journal recordó que Rajoy “enfrenta desafíos económicos y fiscales que él y sus colegas diputados no habían podido atender debido al bloqueo político” (29-10). El IBEX 35, el principal índice bursátil de Madrid, superó la semana pasada los 9.200 puntos, una cifra que no alcanzaba desde abril.

Los límites de esta victoria son, sin embargo, brutales. En lo inmediato, Rajoy tiene que encarar un recorte de más de 5.500 millones de euros que exige Bruselas y la necesidad de aprobar los presupuestos generales del estado sin contar con mayoría propia. El mismo Wall Street Journal no ocultó su escepticismo acerca de la posibilidad de que Rajoy sea capaz de reducir sustancialmente el déficit presupuestario, que el año pasado superó los límites impuestos de la UE: según el diario yanqui, “hay un problema presupuestario y no hay un gobierno con el poder suficiente para implementar las medidas que hacen falta”. Según el diario financiero Cinco Días, España “tiene pendientes muchas reformas estructurales, como la fiscal o la de las pensiones, y adoptarlas cuanto antes es importante para generar competitividad y productividad”.

Es por eso que continúa la línea de presión sobre el PSOE para que se comporte como un “partido de estado” y garantice la aprobación de las medidas de ajuste. Rajoy se apresuró a reclamar a los socialistas que el apoyo “no quede en una simple sesión de investidura” y reclamó colaboración para poder tomar las medidas de gobierno. Como siempre,  El País marcó la cancha y advirtió que ahora está planteada “la tarea de recuperar la normalidad institucional” y “cerrar la herida abierta en el seno del PSOE, que ha sabido dar un ejemplo de sentido de Estado”. Cinco Días lo puso más directo: “está por ver en los próximos dos o tres meses si la oposición socialista será constructiva y permitirá llevar a cabo las grandes reformas que necesita España, o si las trabas a un gobierno del PP en minoría desembocarán en otras elecciones en 2017”.

No será sencillo, en primer lugar porque la crisis ha destrozado al PSOE. Quince diputados socialistas rechazaron las instrucciones del comité federal y votaron en contra en la segunda votación, entre ellos la totalidad del bloque del Partit dels Socialistes de Catalunya, desafiando la autoridad de la presidencia del bloque y poniendo en riesgo su expulsión. Unas horas antes de la votación, Pedro Sánchez renunció a su banca de diputado, anunciando que quiere “reconstruir al PSOE para la izquierda” y que se lanza a recorrer el país para sumar apoyos. Está planteada en forma inmediata la demolición del partido que más gobernó a España desde la muerte de Franco y el pilar fundamental del régimen “de la Moncloa”.

España ingresa en esta nueva etapa en un clima de creciente movilización popular. El mismo sábado decenas de miles de manifestantes se concentraron en las afueras del congreso para repudiar la investidura de Rajoy. La manifestación “Rodea el congreso” fue convocada por la Coordinadora 15S (en referencia a la movilización del 15 de septiembre de 2002) bajo el lema “Ante el golpe de la mafia, democracia”. La convocatoria caracteriza que la investidura de Rajoy es la consumación de un “golpe del régimen” orquestado por la monarquía, el PSOE y el PP como consecuencia de movimientos de la “oligarquía” ante el temor a un gobierno alternativo. También plantea que “de esto solo nos saca una república”. Las divisiones de Podemos volvieron a quedar de manifiesto: Pablo Iglesias apoyó la convocatoria, mientras que su segundo, Iñigo Errejón, dijo que “no correspondía a los partidos convocar a movilizaciones callejeras”. Según los organizadores, a la manifestación de Madrid asistieron más de cien mil personas; se realizaron, también, concentraciones en decenas de ciudades de todo el estado.

La burocracia sindical, afín al PSOE y a Izquierda Unida, sigue siendo la pieza fundamental de contención de las masas para hacer pasar el ajuste. Rajoy dijo que llamará a un “diálogo” a la patronal y los sindicatos, y el secretario general de la UGT acaba de declarar que “dará tiempo” a Rajoy “para ver qué tipo de políticas desarrolla en el nuevo gobierno” (Europa Press, 27/10). Carlos Bravo, de Comisiones Obreras, se sumó al mismo cuento y dijo que con este gobierno “van a tener la misma capacidad de diálogo y acuerdo que con todos los anteriores” (La Vanguardia, 26/10).

La quiebra del régimen español es una pieza de la crisis política europea, en el marco de una profundización de la crisis capitalista. Tal como reconoce el propio Cinco Días, “el IBEX depende principalmente de lo que hagan los bancos, que a su vez dependen de lo que ocurra con Deutsche Bank, de la Fed y del BCE, de los resultados o lo que pase con el referéndum italiano”. También de la respuesta de los trabajadores y los pueblos de todo el estado español, y de la experiencia política que deberán transitar las nuevas generaciones que rompen con el régimen y buscan una alternativa revolucionaria.

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